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Por una filosofía para vivir mejor

Por Domingo Araya
Magisterio
27/04/2017 - 15:15
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Foto de Pixabay

Vivir bien es, simplemente, vivir la vida como es, sin ilusiones; en amar en lugar de odiar, en comprender lo que somos.

Una filosofía que nos enseñe a vivir con alegría y con amor es la que tenemos que implementar en los planes de enseñanza.

Una filosofía que nos enseñe a vivir bien nos enseñará también a morir. Comprender y aceptar el lado oscuro de la vida, la muerte, el dolor, la enfermedad, la locura, el aburrimiento, el desamor, es indispensable para vivir bien. La virtud nos hace estar serenos y menospreciar la muerte. Es de sabios pensar en la muerte para que no nos coja desprevenidos. Nos aconseja Montaigne aguardarla con pie firme en todas partes, combatirla, quitarle la extrañeza, acostumbrarse a ella, pensar mucho en ella.

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“Deseo que la muerte me encuentre plantando mis coles”, es decir, trabajando pero sin temor, desprendido de todo".

Enseñar a morir es enseñar a vivir. Morir es algo natural dentro del orden del mundo que no podemos cambiar y que hay que aceptar. Esto nos hace gozar al máximo de la vida y de irnos contentos de ella.

La naturaleza es así: cada cosa tiene su origen en la corrupción y acabamiento de otra. Vida y muerte se co-implican.

Los bienes inmortales propios del sabio, según Epicuro, son la plenitud, la paz, el silencio, la eternidad, la soledad, el amor y la misericordia. Una filosofía que nos enseñe a vivir mejor nos acercará a ellos.

Epicuro distinguía la felicidad suprema o absoluta, propia de los dioses, de la humana “que se entiende según la adición y sustracción de placeres”. Esta es la felicidad relativa a la que podemos aspirar. La felicidad humana no está exenta de sufrimiento y consiste más bien en ese proceso de auto-realización, en esa búsqueda con altos y bajos.

Savater dice en El contenido de la felicidad, que la felicidad es ser libre y hacer lo que uno realmente quiere. La enseñanza de la filosofía de calidad tiene que indicarle a los educandos este camino de búsqueda como una invitación a la ética.

Dice Comte-Sponville en El mito de Ícaro:

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“La felicidad no es una cosa; es un pensamiento. No es un hecho; es una invención. No es un estado; es una acción. Digamos la palabra: la felicidad es creación. Vivir es un crear sin obra. La filosofía es la teoría de esta práctica”.

La filosofía es el arduo trabajo de pensar cómo podemos ser felices. No es algo masivo, de todo el mundo, sino de pocos, de los más esforzados. La mayoría desdeña la filosofía por inútil, pero su utilidad, ser felices, es lo más importante. Además, como dijo Spinoza en su Ética: “todo lo difícil es tan difícil como raro.”

Una enseñanza de calidad de la filosofía tiene que cambiar también en su forma. Podríamos aprender de las antiguas escuelas, la Academia, el Liceo, el Jardín, el Pórtico y, sobre todo, del ágora socrática, que la filosofía se enseña a través del diálogo libre y creativo entre amigos. Nada más lejos de este ideal que las escuelas masificadas y llenas de frustración donde actualmente se enseña a la juventud.

La mayéutica socrática sigue siendo hoy un método adecuado para la enseñanza de esta filosofía para vivir mejor. El amor al saber y la capacidad de asombro son el punto de partida de la búsqueda filosófica. El libre deseo de conocer para llevar una vida más humana, respondiendo a las preguntas ineludibles, ayudados por un guía que haya recorrido ya el camino, son ingredientes necesarios para esta enseñanza de calidad.

Conozca las publicaciones de Domingo Araya:

Didáctica de la filosofía

Didáctica de la historia de la filosofía

Filosofía para vivir mejor

Pensamiento politico. Aplicaciones Didácticas

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