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Premio Compartir: la importancia del reconocimiento

Magisterio
08/02/2018 - 15:45
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Foto de katemangostar. Tomada de Freepik

El agradecimiento es algo profundo: es darse cuenta, es ver y reconocer. Es hacer visible nuestra gratitud y así ampliar nuestra capacidad de construir bienestar.

 

La RAE define el verbo reconocer así: “Examinar algo o a alguien para conocer su identidad, naturaleza, circunstancias”, “Admitir o aceptar que alguien o algo tiene determinada cualidad o condición” o “Agradecer un beneficio o favor recibidos”.

 

Abraham Maslow, psicólogo estadounidense, creó la teoría de la autorrealización que plantea que esta es una necesidad humana del nivel más alto de la evolución de las personas, y para lograrla hay que satisfacer antes una serie de necesidades, entre las cuales está el reconocimiento.

 

En su teoría del desarrollo humano plantea que las necesidades de los seres humanos son lo que nos motiva a crecer o evolucionar. Propone, entonces, una jerarquización de las necesidades humanas, partiendo de las más básicas como las de respirar, alimentarnos y tener abrigo, llamadas fisiológicas; hasta las más sofisticadas como las de ser autónomo, libre, creativo, independiente, llamadas necesidades de autorrealización.

 

Esta jerarquización las organiza Maslow en una pirámide, en la cual las necesidades superiores se convierten en las motivadoras a medida que se van alcanzando las necesidades inferiores, así:

a) Necesidades fisiológicas: alimento, abrigo, respiración.
b) Necesidades de seguridad: física, emocional, financiera.
c) Necesidades sociales: afecto, pertenencia, aceptación.
d) Necesidades de estima: reconocimiento, confianza, respeto.
e) Necesidades de autorrealización: libertad, no prejuicios, independencia, autonomía, trascender siendo capaz de crear los resultados que se propone.

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Acá aparecen las necesidades de reconocimiento antecediendo las necesidades de autorrealización. En la teoría de Maslow, la autorrealización, es decir, aquel nivel más alto de evolución de las personas, pasa por ser capaz de reconocer antes nuestras capacidades, tener confianza en estas y de que sean reconocidas y respetadas por los demás.

 

Esta pirámide es utilizada en el mundo del desarrollo organizacional y gestión del talento humano. Una organización inteligente, capaz de ser sostenible, según Peter Senge, es aquella “donde la gente expande continuamente su aptitud para crear los resultados que desea, donde se cultivan nuevos y expansivos patrones de pensamiento, donde la aspiración colectiva queda en libertad, y donde la gente continuamente aprende a aprender en conjunto” (Senge, 1993, Pág. 11). Es decir que una organización es inteligente cuando las personas que la conforman pueden satisfacer sus necesidades de autorrealización, porque ya tienen satisfechas sus necesidades de reconocer y recibir el reconocimiento que merecen.

 

La sociedad no es otra cosa que una gran organización conformada por diversidad de familias y organizaciones públicas y privadas que producen y prestan bienes y servicios a estas, quienes, a su vez, trabajan en estas organizaciones.

 

Haciendo un parangón entre organizaciones y sociedad, podemos decir a la luz de esta teoría del desarrollo humano que solo una sociedad que reconoce las capacidades y aportes de sus miembros ofrece la oportunidad de autorrealizarse.

 

Y siguiendo con los parangones, el sistema educativo es la organización del país para garantizar el derecho a la educación que a su vez es, junto con la familia, el responsable de proporcionar aquellos elementos que necesitamos para crecer, conocernos, reconocernos y por tanto para hacer el camino a la autorrealización.

 

De ahí la importancia del reconocimiento que demos a nuestros maestros y rectores como sociedad. Reconocer su labor desde la que construyen ciudadanía es una obligación del sistema educativo y de la sociedad, en su conjunto, porque es parte del camino para tener una educación de calidad que, a su vez, se espera sea parte del camino para la autorrealización de todos. El reconocerlos, dar a conocer su trabajo para que reciban la valoración y respeto que merecen, por parte de sus pares y de toda la sociedad, es el camino para una sociedad viable y sostenible.

 

En este camino se destaca en nuestro país el Premio Compartir que celebra su vigésima versión en el 2018. Motivemos a nuestros maestros y rectores a compartir su experiencia, a hacerla visible, a decir a todos de las transformaciones de las que son capaces desde sus aulas, desde sus instituciones y haciendo realidad un futuro de autorrealización para todos.

 

El reconocimiento es algo profundo: es darse cuenta, es ver y agradecer; es hacer visible nuestro agradecimiento y así ampliar nuestra capacidad de construir bienestar.

 

Este artículo es publicado gracias a la alianza de contenidos entre la Fundación Compartir y la Editorial Magisterio

 

Mary Simpson. Directora de Desarrollo y Liderazgo Pedagógico. Fundación Compartir

Tomado de: Compartir Palabra Maestra

 

Foto de katemangostar. Tomada de Freepik