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¿Qué es el desempeño escolar?

Por Francisco Cajiao
Magisterio
23/05/2018 - 10:30
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Foto de Pixabay

La evaluación que de sus estudiantes hacen los colegios incorpora muchos aspectos de carácter formal e informal que de una u otra manera apuntan a hacer juicios de valor sobre el desempeño escolar. Este concepto, en el lenguaje cotidiano de las instituciones educativas, involucra tanto los resultados académicos como muchos comportamientos y actitudes de niños, niñas y jóvenes. No es extraño que un padre o madre de familia sea convocado al colegio para recibir noticias de su hijo y, entre esas noticias, puede enterarse de que “tiene una mala actitud” frente a una profesora, o que “se le ve triste”, o que es “insolente”, o que es “hiperactivo”, que “habla demasiado” o que “nunca participa”, que es “descuidado” con sus deberes o con el uso del uniforme... Estas observaciones suelen acompañar los resultados académicos en las entregas de informes que los maestros hacen al final de cada período y son muy significativos para las familias, en la medida en que los juicios emitidos les hablan de cosas muy fundamentales de sus hijos.

Desde luego, también están los reportes formales de rendimiento académico que pretenden ilustrar el avance en los aprendizajes exigidos por el plan de estudios del colegio. Los reportes académicos indican a los estudiantes y a las familias “cómo van”, si están aprendiendo o tienen dificultades en alguna “materia”, si hacen sus tareas, si participan en las actividades de clase… Todos estos reportes incorporan tanto elementos objetivos como apreciaciones subjetivas de los maestros. No es extraño que un estudiante sea considerado excelente por un maestro, mientras otro lo califica de una forma bastante negativa. Tampoco es raro que el rendimiento de un niño o niña esté estrechamente relacionado con el tipo de relación que haya desarrollado con su profesor, o de las relaciones que tenga con sus compañeros.

+Lea: Lo que se enseña es lo que se evalúa

De ahí que la evaluación del desempeño escolar suele ser un tema muy complejo, ya que, inevitablemente, los maestros y maestras califican el desarrollo de los estudiantes teniendo en cuenta muchos factores que se entrecruzan y que trascienden, con mucho, un ejercicio basado en normas técnicas y completamente confiables. Si se confronta el criterio de los educadores con respecto a las tareas escolares, por ejemplo, puede encontrarse que existe una amplia disparidad de criterios: para algunos son muy importantes, otros les dan poco valor; algunos consideran que deben ser muy creativas, mientras otros insisten en ejercicios repetitivos; hay quienes piensan que deben ser divertidas y quienes opinan que son para formar hábitos de disciplina. Y también está la experiencia de los estudiantes que se quejan porque son muy largas y nunca son revisadas con juicio, porque sienten que las calificaciones que reciben no corresponden al esfuerzo hecho, porque les parecen inútiles o mal planteadas.

El desempeño de un estudiante en el colegio depende, en gran medida, de lo que podría llamarse “una cultura institucional”, que establece reglas del juego para toda la comunidad educativa. Hay colegios basados en una disciplina muy estricta y fuertemente autoritaria, mientras otros se precian de estimular la creatividad y el liderazgo; hay aquellos que dan mucha importancia al rendimiento académico en las áreas convencionales que les garantizan altos puntajes en evaluaciones externas, mientras otros privilegian el desarrollo de talentos individuales así no sea en esas mismas disciplinas académicas. En el marco constitucional las familias tienen el derecho a elegir cuál es la educación que prefieren para sus hijos y, de acuerdo con esta elección, se evaluará el desempeño de los niños y jóvenes en la propuesta que sus padres han elegido para ellos. Por eso, el progreso escolar no puede ser evaluado exclusivamente en función de resultados académicos.

Es importante tener un horizonte amplio de la evaluación, de tal manera que todos los miembros de la comunidad educativa tengan la mayor claridad posible acerca de los aprendizajes básicos que se proponen para los estudiantes, así como de su comportamiento general que involucra aspectos emocionales, intelectuales y sociales. De igual manera es importante que las instituciones tengan la mayor claridad posible en la forma como harán la apreciación (evaluación) del conjunto de desempeños de los chicos. Es evidente que tanto los maestros como las familias tienen un papel definitivo en el apoyo que den a los estudiantes para conseguir los propósitos comunes establecidos en el PEI.

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+Lea: La mirada de la evaluación

En la evaluación del desempeño escolar es indispensable tener en cuenta las características de la población que asiste al colegio. No es lo mismo una institución en la cual hay niños y niñas provenientes de estratos altos, que cuentan con muchos recursos y estímulos en su hogar (libros, computadores, viajes, televisión pagada, etc.), que aquella en la cual los niños provienen de zonas muy pobres y carentes de facilidades para estar en contacto con los medios necesarios para estudiar. Hay colegios que tienen niños desplazados con grandes dificultades emocionales. Otros tienen en su población niños con discapacidades. Los colegios rurales tienen sus propias características, así como los que trabajan con niños trabajadores o con jóvenes que han vuelto al estudio después de haber abandonado por un tiempo el sistema escolar.

Título tomado del libro: Evaluar es valorar. Autor: Francisco Cajiao R. pp.79-81

Foto de Pixabay