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¿Qué es la inteligencia lingüística?

Por Carlos Alberto Jiménez
Magisterio
02/08/2018 - 10:00
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Foto de Pixabay

Se encuentra determinada por la capacidad que tienen los sujetos del dominio sintáctico, semántico y morfológico del uso de la lengua, en especial en lo relacionado con las competencias que se debe tener sobre las discriminaciones fonéticas, el uso algorítmico del orden de la sintaxis, la adquisición y comprensión de significados para las palabras y la pragmática del uso del lenguaje, que se evidencia en su uso y en la utilización de las competencias argumentativas, interpretativas y propositivas que se debe de tener.

Para Vigotsky una palabra sin significado es una palabra hueca. Para este autor la palabra desempeña un papel central en el desarrollo de la conciencia como totalidad, en donde la palabra con significado es un microcosmos de la conciencia. De esta forma, “El pensamiento y el habla, han resultado ser la clave para la comprensión de la naturaleza de la conciencia humana” (Citado por Wertsch: 1998: pág. 203).

Desde el punto de vista Neuropedagógico, las teorías neuro-Darwinistas de Gerald Edelman, premio Nóbel de fisiología y medicina en 1972 nos ofrecen nuevas pistas para comprender la evolución del cerebro humano y su relación con los procesos del lenguaje, al plantearnos cómo el cerebro infantil no tiene que aprender cómo reconocer sonidos específicos o segmentos de líneas (procesos estos tan necesarios en la escritura). Tales redes neuronales básicas según este autor, ya son operativos cuando el niño nace. No le enseñamos a un niño a caminar o a hablar como tradicionalmente hemos creído; sino que solo le damos oportunidades para adaptaciones a un proceso ya operativo. Al respecto Gazaniga (1992) nos dice:

“Parece ser que todo lo que hacemos en nuestra vida es descubrir lo que ya está formado en nuestro cerebro”.

En este sentido los cerebros infantiles nacen con la capacidad de hablar cualquiera de los tres mil o más idiomas existentes.

Para Robert Sylwester (1994) “cuando los niños comienzan a interactuar con el lenguaje local, sus cerebros pueden ya reconocer los sonidos. Las grandes redes neuronales que procesan el idioma específico hablado, se forman de acuerdo con las varias combinaciones de sonidos que se dan con más frecuencia”.

Sobre lo anterior cabría preguntarles a aquellos padres o maestros que plantean que enseñaron a hablar una lengua, lo siguiente:

• ¿Cuándo y cómo enseñaron a sus hijos el acento nativo?

• ¿Cuándo y cómo enseñaron frases preposicionales?

• ¿Cuándo y cómo enseñaron frases del pasado de muchos verbos?

• ¿Por qué los niños tienen más problemas de lectura que las niñas?

Los niños dominan la mayoría de las reglas morfosintácticas o complejidades gramaticales de la composición del texto con prácticamente ninguna instrucción explícita de sus padres. Parece ser que tienen más influencia los amigos que los padres o los maestros en este proceso. Para Yudith Rich Harris, en su libro “El mito de la educación”, nos dice que:

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“El hecho es que los niños no pueden aprender a comportarse imitando a sus padres, porque la mayoría que les ven hacer-liarse, mandar a otras personas, conducir coches, encender cerillas, ir y venir a su gusto, y montones de cosas más que parecen bastante divertidas para aquellos a quienes no les está permitido hacerlas les están prohibidas a los niños. Desde el punto de vista de los niños, la socialización en sus primeros años consiste principalmente en aprender que no se deben comportar como lo hacen sus padres” ( 1999: pág. 33).

Por otra parte, también se puede colocar como ejemplo, la facilidad con que los hijos de los inmigrantes aprenden un idioma y una cultura; a partir de sus amigos y no de los padres, ya que estos tienen una gran dificultad para adquirir estas habilidades. Es necesario aclarar al respecto que lo expuesto anteriormente, de ninguna forma invalida la necesidad de la interacción verbal, y de los procesos de socialización primaria que deben existir entre padres e hijos para el desarrollo humano. Así el aprendizaje debe entenderse en forma diferente, es decir, se vuelve un delicado pero poderoso diálogo entre la genética y el medio ambiente para adquirir conocimientos.

En síntesis la inteligencia lingüística, permite desarrollar las cinco habilidades comunicativas hablar, escribir, escuchar, leer y reflexionar sobre el acto comunicativo en forma creativa, diferenciando y conociendo los diferentes códigos de nuestras culturas para estructurar en forma lingüística un determinado mensaje. Para Gardner el “área de Broca" es la responsable de la producción de oraciones gramaticales, según él, “el don del lenguaje es universal, y su desarrollo en los niños es sorprendentemente similar en todas las culturas. Incluso en el caso de personas sordas a los que no se ha enseñado explícitamente un lenguaje por signos, a menudo los niños “inventan” su propio lenguaje manual y lo usan subrepticiamente. Vemos así que una inteligencia puede operar independientemente de una cierta modalidad de estímulo o de un determinado canal de salida


Título tomado del libro: Neuropedagogía, lúdica y competencias. Autor: Carlos Alberto Jiménez. pp. 104-106

Foto de Pixabay