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Que nuestros jóvenes no mueran de incertidumbre: la reforma a la Educación Media como estrategia central en el post conflicto

Por Martha Laverde Toscano
Magisterio
17/05/2019 - 12:00
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By Freepik

Europa vive una crisis de desempleo juvenil que afecta a 23.5% de los jóvenes. El análisis de las causas y alternativas a la crisis se hace en torno a la manera como el sistema educativo puede responder y debe ser reformado. En torno a esta crisis, se habla hoy en dicho continente de una generación perdida. Un joven que protesta en las calles de Italia luce una camiseta donde se lee no quiero morir de incertidumbre y en ese breve eslogan refleja el sentir de sus pares en todos los países europeos. ¿Qué plantea para Colombia esa encrucijada en la que se encuentran hoy los países que han “ganado terreno” con relación a la universalización de las coberturas educativas en la Básica y Media, y que presentan altos indicadores de cobertura en la educación superior?

Ahora que el país se acerca a los acuerdos de paz, se debe llevar la mirada hacia la sociedad del postconflicto. Dicha sociedad debe ser aquella donde los jóvenes no sientan que pueden morir de incertidumbre, porque no hay oportunidades ni de estudio, ni de trabajo. El impacto y las secuelas que dejan décadas de conflicto armado y una economía ilegal asociada a la producción y al tráfico de droga representan, desafortunadamente, una opción de vida para muchos jóvenes. Transformar esa situación es parte de la construcción de la paz que se necesita alcanzar más allá de los diálogos entre Gobierno y grupos armados. La firma de un acuerdo para cesar los combates es apenas un punto en el proceso de la verdadera construcción de la paz. La paz, justa y duradera, tiene que pasar por la generación de oportunidades reales de educación y empleo para los jóvenes. Por décadas, la preocupación en Colombia ha sido que la juventud muera en combate o sea víctima de la violencia en cualquiera de sus formas; el gran reto frente a sus jóvenes es que no crezcan con la frustración de “morir de incertidumbre”.

La Educación Media (EM) representa actualmente la más importante brecha de exclusión educativa en Colombia

Actualmente este nivel cumple una función de “puerta giratoria”: entras y sales sin un valor agregado concreto y sin oportunidades claras de empleo, ni estudio. Si se trata de generar oportunidades para que una sociedad más inclusiva sea la respuesta a las décadas de guerra, entonces no se puede dejar de atender la dramática realidad que muestran diferentes indicadores en este nivel.

El impacto y las secuelas que dejan décadas de conflicto armado y una economía ilegal asociada a la producción y al tráfico de droga representan, desafortunadamente, una opción de vida para muchos jóvenes.

En 2012, la población de adolescentes entre los 15 y 16 años ascendió a 1.768.265 personas. En ese mismo año, cerca de 433.314 adolescentes en estas edades, no asistieron a la Educación Media. La tasa de cobertura bruta de la EM (incluye ciclo de adultos) para ese año se situó en 75,5% y la tasa de cobertura neta en 44,8%. En estos dos indicadores, las diferencias entre la zona urbana y la zona rural, manifiestan una tremenda desigualdad en el país: mientras que la cobertura bruta en las zonas urbanas es superior a 80%, en las zonas rurales es apenas de 54,6%. La tasa de cobertura neta es inferior a 30% en las zonas rurales y en las zonas urbanas inferior a 53%. Mientras en el departamento de Amazonas la tasa de cobertura neta en EM es de 19%, en Antioquia es de 41% y en el Distrito Capital es de 53%. Cálculos no oficiales estiman que del total de la población ente 15 y 17 años con discapacidad, apenas asiste 12% a la EM.

+Lea: Calidad de educación para todos e inclusión educativa

Sumado a lo anterior, se encuentran elevadas tasas de fracaso, deserción y sobre-edad, tanto en acceso a la Media como la transición desde esta a oportunidades ulteriores de educación y empleo. El Ministerio de Educación Nacional (MEN) estima que del total de personas que se gradúan como bachilleres, solamente una tercera parte ingresa a la Educación Superior el año siguiente a su grado, las otras personas postergan su ingreso o continúan con otras trayectorias.

Este tramo del sistema educativo es más un cuello de botella que un distribuidor de oportunidades para los jóvenes. Así, Colombia se rezaga en relación con otros países importantes en la región –Brasil, México, Argentina– que en este momento están centrando sus esfuerzos en elevar fuertemente las tasas de graduación en Educación Media (hasta 70-80%). Este es el caso también de los principales países emergentes –China, India, Indonesia– y de todos los países europeos. El rezago constituye un factor de riesgo cada vez mayor para la competitividad futura de Colombia, además de ser inaceptable para un país que quiere la paz y que, además, sueña con ingresar a las grandes ligas de la economía mundial como la OECD. Si se trata de generar oportunidades para que una sociedad más inclusiva sea la respuesta a décadas de guerra, entonces no puede dejarse de atender la dramática realidad que muestran las cifras antes mencionadas.

Por otro lado, aunque hasta hace unos años era todavía posible encontrar una ocupación remunerada con el grado de bachiller, hoy día esta posibilidad es cada vez más remota y las ocupaciones posibles corresponden al sector informal de la economía. Esta realidad no diferencia entre los egresados de la llamada Educación Media Técnica y Educación Media Académica. Durante la segunda mitad del siglo pasado, la expansión de la EM estuvo fuertemente ligada a la intención de ofrecer educación para el trabajo. La manera como conceptualizó esa respuesta y la forma como se llevó a la práctica, implicó la formación en oficios específicos para que el egresado pudiera encontrar los empleos correspondientes a la titulación recibida. Sin embargo, ese enfoque ha sido revaluado en la economía del conocimiento. En la actualidad, más que formación en oficios específicos, los mercados laborales demandan habilidades socioemocionales y de competencias básicas que permitan participar en procesos colaborativos de generación de productos y servicios, y movilidad en contextos de alta incertidumbre. La nueva dinámica está cambiando drásticamente los requerimientos en los perfiles ocupacionales del pasado y, sin embargo, el sector educativo colombiano continúa respondiendo a un imaginario insostenible en torno a la efectividad de la Educación Media técnica tradicional para “conseguir empleo”.

El resultado de una EM cuya formulación legal dice que habilita para la educación superior o para el trabajo, en la práctica no está atendiendo a ninguna de esas dos expectativas: es la decepción generalizada entre los jóvenes, sus familias, los empleadores y la sociedad en general. La Encuesta Nacional de Deserción del año 2010 confirma que los adolescentes, tanto en el sector rural como en el sector urbano, abandonan la Educación Media porque no es una opción que sea atrayente.

Comparativamente hablando, la selección y la especialización de los estudiantes en la Secundaria y la Media se hacen a una edad demasiado temprana. Además, y en parte como resultado de ello, el acceso a la universidad también tiene lugar muy pronto –sobre los 17 años– lo que implica, por una parte, una desventaja de los colombianos respecto de sus pares en otros países y, por otra, un despilfarro de recursos dadas las altas tasas de abandono (cerca del 50%) en los primeros años de la Educación Superior. Lo anterior ha sido corroborado en estudios donde se presenta que una de las causas principales de la alta deserción en la Educación Superior es la decisión errada tomada por el joven en la selección de su carrera y, a cuyo fracaso, se suma la dificultad que el sistema tiene para poder brindar segundas oportunidades. El énfasis tempranero en competencias laborales especializadas (a veces incluso desde el 6º grado) tiene el costo de condenar a muchos jóvenes a déficits en competencias cognitivas y socioemocionales de amplio rango (las competencias básicas o “clave”). Tales déficits condicionan y limitan fuertemente su capacidad para mantenerse integrados, a mediano y largo plazo, en un mercado laboral globalizado que se caracteriza por una gran volatilidad. De igual manera, y quizá lo más importante, esto amplia aún más la brecha entre la educación y las oportunidades que reciben los estudiantes en la educación pública y privada.

Reforma educativa compleja

Para responder al doble reto de incrementar la cobertura en la Educación Media y de ofrecer una educación de alta calidad, es necesario asumir una reforma educativa compleja. La complejidad implica la revisión de aspectos de marco legal, currículo y marco financiero. El marco legal debe reformarse para que la EM pase a ser considerada como parte de la Educación Básica obligatoria. En la actualidad, se han dado pasos hacia la gratuidad de la EM, primero en algunos departamentos y distritos y luego a nivel nacional. Sin embargo, la gratuidad es solo una parte de las implicaciones de incorporar la EM en el campo de lo básico y lo obligatorio. Esta decisión también moverá planes y programas de inversión tanto a nivel central como de las entidades territoriales y demandará la organización de equipos técnicos que puedan liderarlos.

La nueva dinámica está cambiando drásticamente los requerimientos en los perfiles ocupacionales del pasado y, sin embargo, el sector educativo colombiano continúa respondiendo a un imaginario insostenible en torno a la efectividad de la Educación Media técnica tradicional para “conseguir empleo”.

Igualmente, será necesaria una revisión de tres aspectos interrelacionados del currículo en la EM: los contenidos, la enseñanza y la evaluación. Estos tres vértices, deben estar unidos y alineados con la formulación de un perfil para el joven colombiano al cual la EM aspira contribuir. Estudios solicitados por el MEN en el año 2011, dirigidos a indagar sobre la pertinencia y relevancia de los aspectos curriculares en este nivel de formación, encontraron que la educación que prevalece está bastante alejada de formas prácticas, participativas y diversificadas Por el contrario, se encontró que tanto la educación llamada académica, como la educación técnica, se caracterizan por métodos pasivos, planes de estudio fragmentados, poca orientación hacia la comprensión de problemáticas concretas del entorno local y por estar rígidamente orientadas hacia la preparación para el Examen Saber 11.

La EM descrita por dichos estudios, aparece inmersa en una paradoja: sus actores fundamentales, docentes y estudiantes, plantean su inutilidad e ineficacia y, sin embargo, parecen conducidos a repetir, día a día, los rituales escolares que le confieren a este nivel un sentido provisional: aprestamiento para el examen de Estado. Tan fuerte es la creencia de este fin práctico que, una vez conocidos sus resultados, aparece de frente un camino claro y angosto: si el resultado de la prueba es bueno, el estudiante asumirá el exigente proceso de presentarse a disputar un cupo en la educación superior; pero si el resultado es malo –y lo es para la gran mayoría de la población en grado 11º– el egresado ya conoce la ruta: buscar oficio en el moto taxismo, cadenas comerciales, almacenes de grandes superficies o venta de minutos de celular. Ante esta realidad contundente, es necesaria una reforma de fondo que confiera a la EM un sentido propio en el proceso de formación del joven.

El eje central de esta transformación debe ser una nueva perspectiva del perfil y de la formación docente. Los profesores en general, pero sobre todo en la Educación Media, ya no pueden continuar desempeñándose como individuos aislados en la soberanía de la clase que les corresponde enseñar. Se necesitan procesos de integración de los profesores en torno a temáticas que propongan al estudiante atractivas vetas de exploración de sus propios talentos y vocaciones. Se necesitan profesionales que puedan ofrecer un conocimiento sólido de su propia disciplina y, a la vez, una disposición a incorporar los intereses y necesidades propias de la adolescencia y de la juventud. En las habilidades de estos docentes puede estar la clave para reducir el abandono escolar temprano: introducir a sus estudiantes a experiencias educativas positivas y prácticas.

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Vale la pena detenerse un momento para significar el término educación práctica. La temprana “vocacionalización” del estudiante, es decir, la selección de una modalidad técnica en un colegio técnico durante los primeros grados de la secundaria, ha demostrado ser ineficaz para el propósito de mejorar la empleabilidad del egresado. Desmontar ese sistema es una cosa, y otra bien diferente, desconocer la importancia de promover experiencias educativas que convoquen a la aplicación práctica de los conocimientos teóricos. El aprendizaje práctico en el hacer no se identifica con la formación “técnica”, sino con un conjunto de dispositivos pedagógicos que permiten aplicar conocimientos teóricos a la solución de problemáticas reales. Este tipo de formación apunta a resolver la pertinencia de la EM, y conlleva la generación de atractivos para la permanencia escolar.

Una reforma en los contenidos y formas de enseñanza que, a su vez, jalone modificaciones en las maneras de evaluar los aprendizajes, exige procesos sostenidos de renovación en la gestión escolar. La sostenibilidad de esos procesos de cambio, dependerá de la capacidad de apoyo y seguimiento que puedan tener los municipios y los departamentos. Cuando se plantea que la reforma a la EM es ante todo una reforma compleja, también se hace referencia a que ella collevará a que los diferentes niveles territoriales fortalezcan sus capacidades de gestión para brindar una orientación y un apoyo efectivo a las instituciones escolares.

Asegurar la transición de los egresados de la Media hacia la educación terciaria, es el objetivo operativo más importante de todos. Esto tiene que ver, no solo con el logro de buenos resultados y la graduación en el grado 11º, sino con la capacidad de los estudiantes para competir en igualdad de condiciones por los cupos en la Educación Superior. Pero, más allá de este objetivo, se trata reducir la mortalidad de estudiantes en los primeros semestres de la educación superior y asegurar que la trayectoria que se ha logrado traspasar desde el grado 11º pueda seguirse con fluidez y acierto. En Colombia se ha analizado el tema del sistema nacional de cualificaciones y dentro de esta discusión se ha inscrito el diálogo sobre la manera de implementar una o varias modalidades donde se puedan acreditar conocimientos, competencias y habilidades a la manera de créditos que se mueven con el estudiante a lo largo de diversas trayectorias formativas y profesionales. El quiebre en la trayectoria educativa de las personas es un tema que ocupa actualmente a los países europeos, a las Américas e inclusive a los gobiernos del Pacífico como Nueva Zelanda y Australia. En todos los casos se continúa experimentando con opciones de cualificación, créditos y rutas o trayectorias que faciliten la movilidad y fluidez del estudiante. En el marco de una reforma a la Educación Media, este es un tema bisagra entre quienes piensan y deciden sobre Educación Media y quienes hacen lo propio para la educación superior.

El eje central de esta transformación debe ser una nueva perspectiva del perfil y de la formación docente. Los profesores en general, pero sobre todo en la Educación Media, ya no pueden continuar desempeñándose como individuos aislados en la soberanía de la clase que les corresponde enseñar. Se necesitan procesos de integración de los profesores en torno a temáticas que propongan al estudiante atractivas vetas de exploración de sus propios talentos y vocaciones. 

A manera de conclusiones

Reconociendo cómo el MEN viene en una profunda reflexión sobre la EM en el país con miras a una propuesta para su modernización y transformación, que sea una clara política de estado, ponemos a consideración algunos aspectos que hemos considerado claves en los diálogos de estos últimos años.

  • Un Estado moderno se distingue por tener como primera prioridad multiplicar las oportunidades de educación, participación ciudadana, emprendimiento y empleo a disposición de sus ciudadanos. Este es el momento político en Colombia para reformar la Educación Media, que es ahora más un obstáculo a esa prioridad que un instrumento para conseguirla.
  • La modernización de la Media pasa, necesariamente, por un cambio de estructura que acerque el sistema educativo colombiano a los modelos vigentes en la región y en los países de la OECD. La selección y especialización de los estudiantes de secundaria y media deberá retrasarse paulatinamente, al tiempo que, con una duración mayor del ciclo educativo –más cerca de los estándares internacionales (12 años)–, también se retrasaría la edad de acceso a los estudios superiores. Si bien existirían varias alternativas para introducir ese año adicional, la reforma de la estructura de la Media implicaría, a corto o mediano plazo, la extensión del período de educación obligatoria en Colombia hasta al menos los 17-18 años.
  • Es urgente abordar y corregir los procesos de exclusión en el sistema educativo. La vía para ello está en las mejoras de la calidad, la relevancia, la convivencia en los centros educativos y la articulación con oportunidades posteriores de educación y empleo. Es necesario sustituir una lógica de selección temprana de los estudiantes por la lógica del aprendizaje y la inclusión de todos los alumnos. El énfasis en la calidad de los docentes y en las competencias cognitivas y sociales básicas son elementos fundamentales en ese sentido.
  • Las competencias políticas y administrativas de los Departamentos y los Municipios en relación con la Media tienen que establecerse y clarificarse. Es necesaria una planificación regional y zonal de la oferta de EM con el objetivo de racionalizar dicha oferta, evitar la profundización de las desigualdades y determinar claramente las responsabilidades de las distintas administraciones. Lo más urgente es, en primer lugar, lograr que la autonomía de las instituciones educativas sea viable y real, gracias a un mayor esfuerzo de acompañamiento y apoyo; y, en segundo lugar, mejorar los sistemas de información de la educación en las regiones (empezando por el seguimiento sistemático de los egresados de la Media).
  • La reforma de la Media requerirá medidas concretas en el ámbito de la Básica Secundaria, el SENA y la Educación Superior. Conseguir una Educación Media de calidad no solo es fundamental para la agenda de la competitividad sino también para la de la equidad y la cohesión social. Esto es crucial en Colombia, donde son precisamente los jóvenes de EM quienes han estado más en riesgo de reclutamiento de grupos al margen de la ley y/o exclusión social. Una EM inclusiva y de calidad podría suponer un factor clave en el incremento de las tasas de graduación en Primaria y Secundaria Básica y en la reducción de la repitencia y la sobre-edad en esos niveles del sistema. Al mismo tiempo, aumentaría tanto la calidad como la cantidad de los candidatos al acceso a la Educación Superior, promoviéndose así una mayor eficiencia en dicho nivel, además de mayor diversificación y pertinencia de la oferta.
  • La modernización de la educación debe tener como eje central a los docentes y en este ámbito el estado debe garantizar: 1) Una alta selectividad para reclutamiento de profesores; 2) Programas estructurados de desarrollo profesional y ambiente de trabajo adecuados; 3) Evaluación sistémica del desempeño; 4) Sistemas que compensen monetaria y no monetariamente buenos desempeños de los maestros; y, finalmente, lo más crucial, 5) La búsqueda de prestigio de la carrera docente, entendiendo que los maestros deben ser, por excelencia, los encargados de mantener los valores que dan identidad a una sociedad.

Notas

[1] El contenido y las afirmaciones de este artículo son responsabilidad única de su autora y no involucran al Banco Mundial, su Directorio o los países miembros que lo constituyen.

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2http://www.spiegel.de/international/europe/europe-failing-to-combat-youth-unemployment-a-900621.html

3 Ministerio de Educación Nacional. Faltan datos.

4Ministerio de Educación Nacional. Faltan datos.

5 Sarmiento Alfredo, Situación de la Educación en Colombia Preescolar, Básica, Media y Superior 2010. Publicación de Educación Compromiso de Todos.

6 Ministerio de Educación Nacional. Faltan datos.

7 Banco Interamericano de Desarrollo (2012). Desconectados: Habilidades, Educación y Empleo para Jóvenes en América Latina.

8 La ley 115 de 1994 o Ley General de Educación define la Educación Media.

9 Ministerio de Educación Nacional. Encuesta Nacional de deserción 2010.

10 Centre for Studies in Multiple Pathways Manukau Institute of Technology (2011). Transitions from Secondary School into Postsecondary Education and Training: A Literature Review.

11 Aunque controversial, en estudios de la OECD se ha encontrado que aquellos países que evalúan a los docentes con base en su desempeño, estos se encuentran globalmente satisfechos con los diferentes sistemas y consideran que contribuye positivamente a su trabajo. Curiosamente, , en países en los que no existe este tipo de evaluación, los docentes, mayoritariamente, la rechazan (OECD, 2013).

Martha Laverde Toscano. Gerente en Colombia por parte del Banco Mundial.Investigadora.. mlaverde@worldbank.org

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