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¿A quién enseñamos? o la pregunta por el contexto

Por Julián De Zubiría Samper
Magisterio
23/05/2019 - 14:30
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Foto de Pixabay

No es lo mismo enseñar en un país occidental que en uno oriental. No es lo mismo enseñar en Chocó que en el Curitiba, Concepción, Ciudad de Panamá, Cañete o Cartagena. No es lo mismo enseñar en Cincinnati, en Calcuta, en Cienfuegos o en Cali. No es lo mismo enseñar en el año 2013 que en la Edad Media, la época de la Ilustración, la de la Guerra fría o la del ascenso del nazismo en Europa. Y no es lo mismo, porque –como decía Merani– somos seres cultural e históricamente determinados. Somos seres que vivimos en una época determinada y tenemos necesidades, intereses y problemas diferenciados, según la época, la cultura, la clase social y el contexto socioeconómico en el que nos desenvolvamos.

El currículo, como demostraron diversos teóricos marxistas, y en especial Mariátegui (1928, edición 2007), Apple (1980), Althusser (1970) y Zuleta (1990, 1997, 2005 y 2006), reproduce la sociedad, y al hacerlo, reproduce las desigualdades e inequidades sociales. Por ello, el currículo de clases diferentes es en la práctica diferente, porque sus propósitos, sus pretensiones, sus expectativas y sus fines también se diferencian.

Dado lo anterior, es comprensible, por ejemplo, que en occidente el individuo ocupe un papel tan predominante en el proceso educativo, y que en las tareas de los estudiantes, en sus lecciones, en sus exámenes, o en sus exposiciones, se exija siempre responsabilidad, trabajo y asignación individual, al tiempo que en el diseño curricular se fragmente el conocimiento y se consienta de manera especial la educación de la razón, en detrimento del tiempo y el énfasis que podría darse al cuerpo y al corazón de los muchachos.  Por el contrario, en oriente se fomenta el trabajo, la responsabilidad grupal y la sensibilidad por el otro; a tal punto, incluso, que terminan por ser mal vistas las preguntas en clase, la creatividad o los actos de intensificación yoica, tal como los denominan Ausubel y Sullivan (1983, tomo 2: 47 y 48). La educación oriental tiene un mayor énfasis en los aspectos prácticos y morales. De esta forma, el contexto cultural incide en la manera como caractericemos, como organicemos, como enfrentemos o como privilegiemos uno u otro aspecto.

En una sociedad en la que subsisten las tensiones raciales, religiosas, políticas, de clase, género o de región, es obligatorio que identifiquemos las características de la población por mediar y las de sus familias, así como también sus expectativas, sus necesidades, sus condiciones y sus características sociales y culturales.

Así mismo, una educación de élite puede enfatizar en el uso de tecnologías modernas de la comunicación, el bilingüismo, el individualismo, la escritura, las artes o la virtualidad, al tiempo que una educación más popular tiende a asumir procesos de formación orientados hacia el trabajo y los oficios, involucrando en mayor medida  contenidos técnicos, prácticos y tecnológicos. El currículo, como demostraron diversos teóricos marxistas, y en especial Mariátegui (1928, edición 2007), Apple (1980), Althusser (1970) y Zuleta (1990, 1997, 2005 y 2006), reproduce la sociedad, y al hacerlo, reproduce las desigualdades e inequidades sociales. Por ello, el currículo de clases diferentes es en la práctica diferente, porque sus propósitos, sus pretensiones, sus expectativas y sus fines también se diferencian. En América Latina, una educación similar en calidad para diversas clases, géneros, regiones y estratos sociales, todavía está muy lejos de ser alcanzada, en mayor medida si se tiene en cuenta que sólo el 4% de la educación latinoamericana podría considerarse como de alta calidad, y la mayoría está vinculada con los estratos altos de la población. Seguimos viviendo en un medio con niveles muy diferenciados de calidad educativa según el estrato, las regiones, la naturaleza de las instituciones, las jornadas o los géneros. No hay que olvidar que vivimos en el continente más desigual del planeta y en el cual tristemente Colombia ocupa el lugar del país menos equitativo.

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En una sociedad tan diversa cultural, geográfica y socialmente como la nuestra, es indispensable que caractericemos la población con la cual vamos a trabajar. En una sociedad en la que subsisten las tensiones raciales, religiosas, políticas, de clase, género o de región, es obligatorio que identifiquemos las características de la población por mediar y las de sus familias, así como también sus expectativas, sus necesidades, sus condiciones y sus características sociales y culturales. Sólo teniendo en cuenta lo anterior, es posible garantizar una educación pertinente y relevante para los niños y jóvenes que se involucren en el proceso, para sus familias y para la comunidad en la cual están inmersos. Los términos de pertinencia y relevancia individual, local y social se convierten en esenciales para todos aquellos involucrados en los cambios educativos durante las primeras décadas del siglo XXI.

Título tomado del libro: Cómo diseñar un currículo por competencias. Autor: Julián de Zubiría Samper. pp. 40-42

Foto de Pixabay