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Rechazo e indiferencia entre estudiantes ¿Qué hacer?

Magisterio
24/04/2017 - 11:15
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Foto de Alex Griffloen. Tomada de Flickr

Un agradecimiento especial a la profesora Juanita Lleras Acosta por los valiosos aportes y la asesoría proporcionada durante el desarrollo del proyecto de investigación correspondiente a la Maestría en Pedagogía de la Universidad de la Sabana, que motivó la elaboración del presente artículo

Es muy probable que durante nuestra labor como docentes hayamos encontrado estudiantes que no gozan de gran aceptación o reconocimiento dentro del grupo, víctimas de actitudes y conductas de rechazo o indiferencia por parte de sus compañeros(as). En el presente artículo se proponen cuatro estrategias que contribuyen a disminuir estos comportamientos, a partir del fortalecimiento de tres competencias fundamentales: regulación emocional, empatía y comunicación asertiva; todo es resultado de un proceso de investigación desarrollado con los estudiantes del segundo ciclo del Centro Educativo Distrital Motorista de Bosa.

Introducción

Como docentes somos testigos de la situación de muchos estudiantes que no encajan con facilidad en los esquemas adoptados por sus compañeros para incluirlos dentro del grupo, y de lo abrumador y confuso que les resulta. Tal es el caso de los niños y niñas que continuamente son víctimas de rechazo o, en otra de sus formas, de invisibilización, aquellos que son difícilmente vistos positiva o negativamente y, por tanto, tampoco son tenidos en cuenta para ser partícipes activos en el desarrollo de diversas actividades al interior de la escuela. El problema es tan fuerte que, según Vásquez (2010), integrante del Grupo interuniversitario de investigación del rechazo entre iguales en contextos escolares (GREI), los alumnos rechazan entre un 10% y un 15% de sus compañeros de aula.

El trabajo en equipo, la ayuda mutua, la habilidad para ponerse en el lugar del otro y tratar de comprenderlo, la capacidad de tomar distancia de sí mismo en los conflictos, y la destreza para escuchar y dar a conocer las ideas y emociones propias de forma asertiva y empática, son requisitos, 

Respecto a la identificación de los estudiantes rechazados o ignorados existen numerosas investigaciones, entre otras las desarrolladas por Bacete (2008), Jaramillo (2006), Casares (1996) y Cava (2000), que brindan una caracterización específica de los principales factores asociados al problema. No obstante, como acuerdo implícito de dichas aproximaciones, se logra identificar un patrón general sobre las dificultades de estos estudiantes: la manifestación de conductas inadecuadas relacionadas con la regulación emocional, la empatía y la comunicación asertiva.

La regulación emocional se refiere al conjunto de habilidades que permiten a un sujeto experimentar intensos estados emocionales sin perder el control; es clave para lograr la aceptación en un grupo, si no se presenta es la puerta de entrada a respuestas hostiles y de aversión. La empatía favorece la comprensión y la sintonía con los demás, es la habilidad de ponerse mental y emocionalmente en el lugar del otro, y es imprescindible para generar conductas de ayuda y consideración y evitar juicios demasiado subjetivos, gracias a la toma de perspectiva y la ruptura de sesgos y estereotipos. La comunicación asertiva permite usar el lenguaje como herramienta efectiva para manifestar el interés, la comprensión y el apoyo a quienes nos rodean; los niños y niñas asertivos se caracterizan porque valoran las opiniones propias y ajenas, lo cual implica hacer respetar su opinión sin agredir la de los demás, y expresarse de forma clara y contundente.

Es fundamental el papel de estas tres competencias en la construcción de relaciones sociales basadas en la aceptación y el respeto; por ello se quiso realizar una propuesta que las integrara y fuera de fácil aplicación para maestros y maestras. No basta con trabajar solamente con las víctimas del problema del rechazo y la indiferencia entre estudiantes, en necesaria una intervención grupal, en la que todos y todas comprendan el grado de responsabilidad social que tienen para su solución.

¿Qué ocasiona el problema?

Gracias al estudio realizado sobre el perfil de los estudiantes identificados como rechazados e ignorados, y a su relación con el nivel y calidad en el desarrollo de las tres competencias propuestas, es posible realizar las siguientes afirmaciones acerca de los comportamientos y situaciones que generan las conductas de rechazo e indiferencia entre compañeros:

Con relación a la regulación emocional:

  • Mientras que los estudiantes rechazados presentan excesos conductuales2, los sujetos ignorados se caracterizan por un bajo nivel de interacción y participación que son muchas veces voluntarios, debido a que, aparentemente, encuentran en la soledad su zona de confort.
  • Algunos comportamientos inadecuados, por ejemplo la agresividad o la ansiedad, pueden haber sido aprendidos por imitación, pero también pueden ser corregidos por presión de grupo.

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En cuanto a la empatía se encontró que:

  • Los estudiantes rechazados, especialmente los agresivos, presentan dificultades para comprender el impacto de sus comportamientos en los demás; además, se sienten incomprendidos y/o juzgados, y emplean esta precepción como pretexto para justificar sus conductas agresivas u hostiles, viéndolas como mecanismo de defensa.
  • Los estudiantes rechazados o ignorados presentan dificultades en la identificación y comprensión de las razones por las cuales fracasan en sus intentos por integrarse el grupo.
  • Aún cuando, desde una perspectiva cognitiva, algunos estudiantes perciben la situación desfavorable por la que pasan otros, o el daño que ocasionan, no necesariamente manifiestan deseos por ayudar o eliminar conductas inapropiadas.
  • El sesgo de atribución hostil3 es un aspecto presente en los niños rechazados o ignorados, y en los que rechazan o ignoran.
  • La conducta de indiferencia se asocia con la falta de información o conocimiento respecto al compañero ignorado. Los principales factores de aceptación en un grupo son el carácter divertido de la personalidad y la habilidad para demostrar que se es buen amigo(a), es decir que demuestra cierto grado de preocupación por los demás, por ello es importante que el docente encuentre estrategias que brinden a todos los niños y niñas la oportunidad de darse a conocer y poner al servicio de los demás todas sus habilidades y destrezas.

En cuanto a la comunicación asertiva:

  • Los sujetos ignorados difícilmente toman la iniciativa para expresar sus ideas en contextos naturales del aula, presentan dificultad para iniciar y mantener una conversación, no establecen contacto visual durante los diálogos y no comunican sus ideas y sentimientos de forma clara ni contundente, carecen de estrategias adecuadas para manifestar su inconformidad o incomodidad ante el comportamiento indiferente de sus compañeros(as) y difícilmente defienden su punto de vista.
  • Los estudiantes rechazados presentan dificultad para expresar ideas y sentimientos sin agredir a sus compañeros.
  • Los sujetos que rechazan o ignoran a sus compañeros generalmente manejan un vocabulario hostil o agresivo hacia ellos.
  • La dificultad en la expresión adecuada de emociones se relaciona con la falta de vocabulario emocional y de conocimiento respecto de las diversas formas de expresión.

Otros hallazgos importantes permiten comprender que la intensidad y frecuencia con la que se manifiesta un comportamiento inadecuado, determina si un estudiante es rechazado o ignorado. A mayor frecuencia e intensidad de la conducta, mayor riesgo de rechazo; cuando ésta no es tan marcada, puede ser manejada por el grupo mediante políticas de evitación; el juego es un indicador empleado por los niños y niñas para comprender el grado de aceptación por parte del grupo. Tal como afirma Bacete (2008), algunos estudiantes rechazados pueden considerarse simultáneamente populares, debido a que poseen habilidades de liderazgo que generan el deseo de sus compañeros de ganar prestigio mediante su compañía y aprobación.

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¿Qué puede hacer el maestro?

Existen diferentes alternativas que pueden ser aplicadas para mitigar las conductas de rechazo e indiferencia entre compañeros y que pueden adoptarse como parte de nuestra metodología de trabajo. A continuación se presentan cuatro opciones prácticas que permiten modificar esta situación en el aula y promover el aprendizaje de nuevas habilidades desde cada una de las competencias propuestas.

Modificación conductual a partir de la economía de fichas

Esta estrategia busca afianzar el aprendizaje de nuevas habilidades emocionales, cognitivas y comunicativas, empleando como principal herramienta el refuerzo por medio la asignación de puntajes individuales. Para tal fin, se elabora una lista, por competencia, de comportamientos positivos y otra de comportamientos a mejorar, que son calificados a diario mediante la participación de todos los estudiantes. Aunque esta estrategia puede implementarse de forma tradicional, es posible emplear alternativas un poco más llamativas e interactivas, tal como la que ofrece la página www.classdojo, diseñada especialmente para aplicar la economía de fichas.

La estrategia no es sancionatoria ni busca resaltar las deficiencias de niños y niñas, sino sugerir y motivar cambios de comportamiento y formas de pensar. Es importante que los comportamientos esperados y fortalezas identificadas a nivel individual, sean dados a conocer previamente, no solo a los estudiantes sino a los padres, para que los esfuerzos conjuntos se orienten hacia su fortalecimiento.

Adopción de roles a partir de la mímica corporal, la lectura y la escritura

Imaginar u observar a otras personas en determinadas situaciones, leer o escribir historias, genera sentimientos de empatía en quien elabora la representación mental, facilitando la toma de perspectiva sin que se dé necesariamente una participación real de los hechos. Eisenberg (1992) llama a esta clase de adopción de roles “Modelo espectador”, y los define como la acción de proporcionar información, de segunda o tercera mano, sobre las víctimas para despertar afectos empáticos.

Por su parte, los movimientos imitativos promueven la aparición de los sentimientos empáticos. La estrategia busca aprovechar la resonancia empática que se da mediante la lectura, la escritura y la mímica corporal, para despertar en los estudiantes habilidades de toma de perspectiva y comprensión emocional, implementando dos actividades que se trabajan a la par: la creación de cuentos y una galería fotográfica. Los cuentos deben apuntar a describir situaciones que generen sentimientos de interés por otros y las fotografías son el soporte gráfico de los cuentos, cada historia va acompañada por una imagen (fotografía) en la que los estudiantes juegan el rol de modelos; así se promueve la empatía desde el ejercicio literario y desde la mímica corporal. Es importante acompañar la estrategia con ejercicios de sensibilización, que se pueden realizar a partir de la lectura de historias sencillas y aterrizadas en la realidad del grupo y su contexto.

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Trabajo entre pares y juego

Esta estrategia es una adaptación del programa Peer-paired de Bierman, Greenberg y CPPRG (en García Bacete, 2013); su implementación busca facilitar espacios de interacción entre un niño con problemas relacionales, en este caso rechazado o ignorado, y uno sin dificultades, preferiblemente con habilidades socio-emocionales sobresalientes. A diferencia de la propuesta de Bierman, aquí se incluye a un adulto que supervisa y orienta las actividades de los niños, y no solo comparte espacios de juego, sino también académicos. Gracias a la interacción y seguimiento permanente entre los estudiantes, es posible mantener un control prudente sobre el comportamiento de los niños y niñas con dificultades, y facilitar el aprendizaje de nuevas habilidades cognitivas, emocionales y comunicativas.

Experiencia directa

La estrategia promueve el desarrollo de habilidades empáticas y comunicativas, a partir del acercamiento de los estudiantes a la realidad de algunas personas que normalmente les pasan desapercibidas, como técnica para fortalecer la toma de perspectiva y la comprensión emocional desde la profundización en el conocimiento de los mismos y la ruptura de sesgos o imaginarios construidos con relación a sus vidas. Antes de dar inicio a la implementación de la estrategia, es necesario realizar una sensibilización frente al tema que permita a los estudiantes percatarse de las conductas de indiferencia que han adoptado en su comportamiento; esto puede realizarse a través de diferentes alternativas, como la lectura de libros, la presentación de documentales, de casos particulares que sirven como ejemplo, entre otros.

Como parte de la implementación, los estudiantes entrevistan a algunos personajes que hacen parte de su cotidianidad, pero que no conocen profundamente (por ejemplo, un reciclador, un vendedor ambulante, etc.). Otra actividad propuesta consiste en el intercambio de correspondencia con personas que puedan aportar al proceso; en este caso, por ejemplo, se estableció un diálogo con los presos de una cárcel del país para establecer un conversación que apuntara a despertar sentimientos de interés y empatía.

A manera de reflexión

La aplicación de las estrategias encaminadas a fortalecer las competencias de regulación emocional, empatía y comunicación asertiva, genera un impacto altamente positivo en la aceptación y el respeto por los demás, y promueve la integración y la ruptura de estereotipos que obstaculizan y entorpecen las relaciones sociales justas. El trabajo en equipo, la ayuda mutua, la habilidad para ponerse en el lugar del otro y tratar de comprenderlo, la capacidad de tomar distancia de sí mismo en los conflictos, y la destreza para escuchar y dar a conocer las ideas y emociones propias de forma asertiva y empática, son requisitos, no solo para disminuir los problemas de rechazo e indiferencia en el aula, sino fuera de la escuela.

Tal vez si empezamos a sembrar en nuestros niños y niñas el anhelo por desear y buscar el bienestar ajeno, aceptando con amor y compromiso que ello requiere de un esfuerzo adicional, tendremos en el futuro la oportunidad de vivir bajo principios reales de igualdad, respeto y tolerancia. Cualquier esfuerzo que se pueda realizar para mejorar la calidad de vida de un niño o niña, por más pequeño que parezca, puede darle valor a la humanidad entera.

Referencias

Bacete, F. J. G. (2008). Identificación de subtipos sociométricos en niños y niñas de 6 a 11 años. Revista Mexicana de Psicología, 25(2), pp. 209-222.

Casares, M. I. M. (1996). Programa de enseñanza de habilidades de interacción social (PEHIS) para niños y niñas en edad escolar. Cepe.

Cava, M. J., y Musitu, G. (2000). Perfil de los niños con problemas de integración social en el aula. Revista de Psicología Social, 15(3), pp. 319-333.

Cava, M. J., y Ochoa, G. M. (2001). Autoestima y percepción del clima escolar en niños con problemas de integración social en el aula. Revista de psicología general y aplicada: Revista de la Federación Española de Asociaciones de Psicología, 54(2), pp. 297-311.

Eisenberg, N., y Strayer, J. (1992). La empatía y su desarrollo. Bilbao: Desclée de Brouwer.

García Bacete, F. J., Rubio Barreda, A., Milián Rojas, I., & Marande Perrin, G. (2013). El aprendizaje de la amistad en la Educación Primaria. Un procedimiento intensivo para ayudar a los niños rechazados a hacer amigos.

Jaramillo, M., Díaz, O. K., Niño, A., Tavera, L. A., y Velandia, O. A. (2006). Factores individuales, familiares y escolares asociados a la aceptación y el rechazo social en grupos de niños escolarizados entre los 9 y 11 años de edad. Diversitas, 2(2), pp. 205-215.

La autora

Licenciada en Educación Especial de la Universidad Pedagógica Nacional (Bogotá, Colombia), Especialista en Desarrollo Infantil y procesos de aprendizaje de la Universidad del Rosario y actual postulante al título de Maestra en pedagogía de la Universidad de la Sabana. Correo electrónico: dafne.x@hotmail.com

Notas

2. Patrones de conducta activa y de disrupción explosiva que aparecen con mayor frecuencia, intensidad o duración que lo esperado (Casares, 1996, p. 35).

3. Interpretación de hostilidad de forma recurrente en las acciones de los demás sin argumentos objetivos.

Tomado de Revista Internacional Magisterio No. 79

Foto de Alex Griffloen. Tomada de Flickr

 

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