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Reconocimiento de la persona con disminución cognitiva como sujeto político en el campo educativo: facilitadores o barreras desde la mirada familiar

Por Ángela Patricia Álvarez Lara
Magisterio
21/06/2018 - 11:00
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Foto de BipHoo Company. Tomada de Flickr

Objetivos

Identificar los facilitadores o barreras de la familia en el reconocimiento de la persona con disminución cognitiva como un sujeto político en el campo educativo.

Metodología 

La metodología se instala principalmente en las narrativas desde las experiencias vividas, es decir, los principales acontecimientos de mi vida distanciaron la mirada orgánica de mi profesión y situada desde el modelo biomédico reduccionista de la persona, para dar paso a la apuesta desde las ciencias sociales, destacar a la familia para comprender sus perspectivas de desarrollo, calidad y proyecto de vida con hijos con discapacidad cognitiva; sus discursos, creencias, posturas y argumentos, que en muchos casos, continúan situado desde el déficit. También, el análisis documental desde la construcción de la genealogía de la discapacidad junto con los referentes legislativos y el diálogo con autores para situar mi interés de indagación junto con referentes teóricos que se encuentran en sintonía para el tema de la discapacidad.

Resultados 

A pesar de las formas en que han sido tratados y asumidos en la historia, la persona con disminución sensorial, física, cognitiva o psicosocial continúa estando presente y demandando no solo asuntos que le competen exclusivamente a la persona orgánica, sino también a la sociedad que trata de minimizar. No obstante los discursos, las prácticas de segregación y de exclusión dentro de la inclusión, su invisibilidad, la indiferencia del otro, las barreras arquitectónicas, culturales, sociales y la carga semántica de las representaciones sociales, se destaca un sujeto capaz de asumir roles vitales como alguna vez lo hizo decidir sobre ciertos aspectos de su vida para ganar mayor autonomía e independencia;,viéndose limitado por el poco apoyo que tiene de los diversos actores involucrados, los cuales van desde la familia hasta los entes gubernamentales con las llamadas políticas de discapacidad y modelos de representación nacional e internacional.

 La sociedad sigue viviendo bajo un sinnúmero de imaginarios y aunque las leyes avanzan, la cultura sigue estando más fuerte, pasos atrás e inamovible. Así, la idea de lo demoníaco, la minusvalía, la lástima y el ocultamiento siguen presentes, limitando la búsqueda de oportunidades diferentes para este grupo poblacional y la mirada que alguna vez existió desde un sujeto partícipe de un grupo, el cual ofreció de sí su potencialidad en determinadas labores para la preservación de la vida de otros en un medio hostil.

Las familias suelen tener, aún en nuestros tiempos, desconocimiento frente al manejo y futuro de sus hijos o hijas con disminución cognitiva, oscilando preguntas entre la educación regular o especial. De esta manera, existen grandes problemáticas que aún no se resuelven y donde la autonomía del sujeto se traslada a otros, quienes desconocen aun más el alcance de una persona que, con aparentes carencias para aprender determinadas áreas del currículo, sorprende con la adquisición de conocimientos generados desde la experiencia, desde la relación con el otro y también, desde la propia búsqueda que hace de sí mismo. 

Las familias cuestionan por qué si ofrecen lo mejor a sus hijos, ellos no alcanzan a cumplir las expectativas. Tal vez porque la propia persona, desde esa autonomía perdida, desde la perspectiva política que parece estar ausente, sí toma decisiones sobre lo que le gusta, anhela, sueña y desde su microentorno logra decidir.

Por su parte, la ciencia avanza para dar respuestas sobre situaciones no resueltas desde hace varios años y con esto se crean aparentes soluciones que terminan por asignar nombres a lo anónimo. Es entonces cuando ya los niños reciben una etiqueta de hiperactivo, con déficit de atención y la medicación se convierte en un aliado para intentar hacer partícipe a la persona en una sociedad que pide normalidad; sin embargo, existen niños, niñas y jóvenes con capacidades diferentes, con diversidad funcional que pueden aportar a la creación de su proyecto de vida y su puesta en marcha, donde podrían llegar a asumir roles como el de trabajador, como el de ciudadano y, con este, sujeto de derechos y deberes.

Desde esta mirada de la ciencia también surgen diferentes modelos para intentar situar y comprender la discapacidad. De un modelo biomédico se pasó al modelo social y terminó en el modelo biopsicosocial; o sea, se pasó de la discapacidad como un problema individual de la persona con alguna condición física o mental que lo limita y que estaba dividido en sistemas, hacia un modelo que relacionaba la discapacidad con su entorno y la sociedad, para integrar los dos modelos anteriores en uno solo y donde no solo se toma en cuenta la condición médica y la condición del medio social, sino también el aspecto psicológico de las personas.

De esta manera, el surgimiento de la interdisciplinariedad como oportunidad de mejora en los procesos educativos incide tanto de manera positiva como negativa en la educación de este tipo de población. Desde lo positivo, parece optimizar procesos de apoyo para garantizar que la integración de personas con necesidades particulares garantice la formación educativa esperada para el tipo de sistema capitalista colombiano; empero, desde lo negativo, la mirada de la persona vuelve a ser particularizada por sistemas de acuerdo a lo trabajado desde cada profesión: el lenguaje, el comportamiento, el procesamiento cognitivo, entro otros; cayendo en el error de dar nuevamente fuerza al modelo biomédico que parecía estar desapareciendo pero que ahora cobra fuerza no solo desde la salud sino desde la educación.

Por lo anterior, no existe un único modelo que describe la concepción actual de la discapacidad. Desde una mirada social, la persona no asume por sí sola las consecuencias de un desempeño y tanto el contexto como la actividad influyen formando una triada que permite la conjugación de múltiples factores biopsicosociales que se deben tener en cuenta y que garantizan o no su adaptación; sin embargo, el tratamiento social brindado sigue conservando rasgos de un modelo bajo el enfoque de segregación e integración, es decir, un modelo médico rehabilitador o asistencial, siendo una de las primeras formas de atender socialmente a esta población y que aún persiste.

La realidad que enfrentan las personas con disminución cognitiva leve invita al reconocimiento de la existencia de su potencialidad desde la perspectiva política, más allá de las formas culturales y de lo que históricamente permanece arraigado, instaurado y adherido al lenguaje y pensamiento de las familias, los entes gubernamentales y la misma sociedad. Invita a la urgencia de una educación diferente, que construye nuevas formas de pensamiento para la condición humana, el desarrollo integral de la persona. Entender que en el diálogo de múltiples intereses se debe destacar a las personas con discapacidad y no dar por sentado que la lucha los incluye a ellos o que el alcance de objetivos les garantizará su inclusión y garantía de derechos y satisfacción de necesidades

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 Es interesante la propuesta de cambio del concepto base de Discapacidad a Capacidad propuesto por Martha Nussbaum (como se citó en Álvarez, 2013), pero no se puede caer en el error de hacer que este sea visto desde la diferencia y afirmar que todos tenemos diferentes funcionamientos y desarrollamos unas capacidades más que otras, dándole continuidad al enfoque diferenciador que se ofrece desde la etiqueta.

Impacto en la política púbica y pertinencia social

Desde la creación de un sinnúmero de políticas (Política pública de discapacidad, Ley 361 de discapacidad, Clasificación Internacional del Funcionamiento y la Discapacidad [CIF], entre otras) se ha intentado otorgar un lugar que se mantiene poco visible en una sociedad que aún censura a esta población y que desconoce la forma de interacción para la garantía de sus derechos. Al parecer, las políticas para la discapacidad van en una dirección distinta a las políticas educativas que cobijan al resto de la población y, aunque intentan dar una mirada integral de la persona, lo que se genera es una mirada segmentada de esta. 

A nivel nacional y desde un recuento cronológico, el Decreto 2358 de 1981 crea el sistema nacional de rehabilitación como punto de partida para que en el año 1985, mediante la Resolución 14861, se dicten las normas para la protección, seguridad, salud y bienestar de las personas en el ambiente y en especial de los minusválidos (Vicepresidencia de la República, s.f). Asimismo, en el Decreto ley 2737 de 1989 se adoptó el código del menor, considerando al menor con deficiencias. 

Lo anterior muestra el inicio de un recorrido de acciones por la discapacidad y, a su vez, una concepción segregadora, etiquetadora y puesta desde la carencia, haciendo mención de nombres como minusválidos o con deficiencia y despojándolo de una mirada general de sociedad con necesidades compartidas en salud, educación, trabajo. 

Aun con el pasar de los años y el surgimiento de nuevas disposiciones para la atención de población con discapacidad, no se generó una variación significativa en cuanto a concepción de la persona, incluyéndose el término con capacidades o talentos excepcionales solo hasta el Decreto 2336 de 1994, pero sin desprenderse a los nombres como minusválidos y discapacitados, acentuándose más por la necesidad de un proceso de rehabilitación.
No es hasta la Ley 361 de 1997 (ley de discapacidad) que se establecen los mecanismos de integración social de las personas con limitación, incluyendo sus derechos fundamentales y estableciendo obligaciones y responsabilidades del Estado para la realización personal y total de la integración social de esta población, avanzando hacia la integración que pronto comenzaría a redefinirse como inclusión.

Recientemente, la Ley 1346 del 31 de Julio de 2009, por medio de la cual se aprueba la Convención sobre los Derechos de las personas con Discapacidad, adoptada por la Asamblea General de la Naciones Unidas el 13 de diciembre de 2006 y la Ley 1618 del 27 de febrero de 2013, que establece las disposiciones para garantizar el pleno ejercicio de los derechos de las personas con discapacidad, muestra avances para este grupo poblacional. Aunque esta última retira los términos de minusvalía e incluye otros como el de con y/o en situación de discapacidad, inclusión, barreras actitudinales, participación plena, ajustes razonables, se podría pensar en un cambio radical de pensamiento en la sociedad colombiana; no obstante, se continúan generando enfoques diferenciales para la búsqueda de acciones ajustadas a las características particulares de las personas o grupos poblacionales.

A futuro, y siguiendo el objetivo de la Política Pública Nacional de Discapacidad e Inclusión Social (PPDIS), de asegurar el goce pleno de los derechos y el cumplimiento de los deberes de las personas con discapacidad, sus familias y cuidadores para el periodo 2013-2022 encierra una mirada no de persona sino de territorio y sus características físicas, económicas, culturales y políticas que le son propias y que configuran su particularidad. Por esta razón, las acciones de política pública deberán adaptarse a dichas particularidades, siempre teniendo presente que el vínculo nación–territorio es el que permite que toda la sociedad colombiana, desde su diversidad, transite por la misma vía para el logro de la inclusión plena de las personas con discapacidad.

La problemática descrita anteriormente conlleva a la necesidad de un cambio de mirada de la persona con disminución cognitiva, pudiendo situarla en un mundo de verdadera igualdad y no de inclusión, donde se reconozca a la persona conocedora tanto de sus derechos como de sus deberes, que reconoce al otro, construye la alteridad en doble vía, en otras palabras, que puede aportar a otros y recibir aportes para la construcción de su proyecto de vida.

Referencias sugeridas 
Álvarez, Y. (2013). Martha C. Nussbaum. Crear capacidades: propuesta para el desarrollo humano [reseña]. Barcelona, España: Universidad de la Salle. 
Montas, F. A. (s.f). Concepto sobre la Discapacidad, evolución y tratamiento. Las personas con discapacidad a través de la historia.
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura [UNESCO]. (2011). Políticas públicas para la infancia. Reflexiones sobre la injusta división de las infancias. Recuperado de http://www.unesco.org/new/fileadmin/MULTIMEDIA/FIELD/Santiago/pdf/politi... icas.pdf.

Tomado de.http://bienal-clacso-redinju-umz.cinde.org.co/IIBienal/memorias/Eje%205_.pdf
Título. Reconocimiento de la persona con disminución cognitiva como 1906 sujeto político en el campo educativo: facilitadores o barreras desde la mirada familiar.

Foto de BipHoo Company. Tomada de Flickr