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Reflexiones en torno a la responsabilidad de la formación afectiva en las instituciones escolares

Por Olga Cleosilda Chica Palma
Magisterio
04/10/2018 - 09:30
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Foto de Freepik
El presente artículo argumenta la necesidad de la formación afectiva de las nuevas generaciones aportando argumentos que demuestran la fragilidad afectiva de los niños y jóvenes de hoy. A su vez, como aporte a la discusión, plantea la propuesta de la formación de la meta-afectividad como una alternativa para responder a estas nuevas circunstancias y propone algunas alternativas didácticas para su implementación en el ámbito Institucional.
Palabras clave: Meta-afectividad, reflexión, formación, Institución Educativa. 
Punto de partida…
“…el ejercicio de la consciencia es la meta más elevada de la vida, porque solo volviéndose del todo consciente puede uno ser libre (Gardner, 2001, p. 322).
El amplio escenario de la educación actual plantea a los educadores grandes retos que los convocan a evaluar la significación de sus actos formativos. En este contexto, el ejercicio reflexivo sobre el proceso educativo debe constituirse en un ingrediente indispensable del quehacer docente y, como consecuencia de ello, la investigación debe abrirse camino para validar y resignificar las prácticas dentro de las aulas de clase y los demás espacios de aprendizaje.
Desde esta concepción la meta-afectividad se convierte en la habilidad de autoadministrar nuestra afectividad, es la clave del saber vivir bien, es tener la capacidad de vivir en un mundo reflexivo e intencional donde somos conscientes de nuestros sentimientos y afectos autoadministrándolos para generar un ambiente acorde con nuestras necesidades. 
En la segunda mitad del siglo XX se produjo un enorme desarrollo en las denominadas ciencias cognitivas y en las teorías del desarrollo humano, lo cual ha implicado la descentración de las teorías pedagógicas; pasando del eje gravitacional del maestro y en consecuencia de la enseñanza, al nuevo eje del estudiante y en consecuencia del aprendizaje. No obstante esta transformación paradigmática, dimensiones como la afectividad humana y su proceso formativo aun tiene grandes interrogantes en el ámbito de la pedagogía y la didáctica.
En este marco el presente artículo aporta reflexiones en torno a la importancia de la formación afectiva de las nuevas generaciones y plantea la necesidad de la formación de la capacidad de reflexión y autogestión de esta dimensión a través del desarrollo de la meta-afectividad. Para ello, y dada la emergencia del término, se plantea como punto de partida, desde las conclusiones del proyecto de investigación que respalda este artículo, que la meta-afectividad es una habilidad reflexiva de carácter intrapersonal determinada por la cultura, que permite al sujeto tener conciencia de su propia vida afectiva, dando la posibilidad de intervenir las consecuencias de esa vida afectiva en sí mismo y en quienes lo rodean. Desde esta concepción la meta-afectividad se convierte en la habilidad de autoadministrar nuestra afectividad, es la clave del saber vivir bien, es tener la capacidad de vivir en un mundo reflexivo e intencional donde somos conscientes de nuestros sentimientos y afectos autoadministrándolos para generar un ambiente acorde con nuestras necesidades. 
Hablar de meta-afectividad es hablar, también, de la capacidad de amar y de ser felices, de potenciar nuestra posibilidad de crecer con los otros, de ser solidarios, de construir un mundo mejor, hablar de la necesidad de la meta-afectividad es hablar de potenciar nuestra humanidad. Con frecuencia nos encontramos con algunas personas, supuestamente muy inteligentes, que son incapaces de ponerse en el lugar de los demás, que no reconocen los estados de ánimo propios ni ajenos y que no saben expresar lo que sienten. Son incapaces de asumir una vida laboral estable y aún más, son incapaces de tener una relación afectiva estable. Por esto y mucho más, en la presente reflexión se plantea la necesidad de tener en cuenta en las Instituciones Educativas la formación de la meta-afectividad, es imprescindible pasar de una preocupación excesiva por los contenidos a una educación más integral que incluya la formación afectiva como perspectiva para formar personas más reflexivas y autónomas. 
¿Por qué es necesaria la formación meta-afectiva de los estudiantes de hoy? 
Como se argumentó anteriormente, educar en el mundo de hoy a las generaciones jóvenes, es un reto para los docentes. Las aulas hacen gala de la heterogeneidad y la diversidad propia de las dinámicas sociales actuales interpelando las prácticas educativas de las instituciones. Para la reflexión que nos ocupa hoy se quiere argumentar que, quizá, la necesidad más importante que se debe atender es la innegable fragilidad emocional que caracteriza a la niñez y a la juventud; esta afirmación se hace a partir de los siguientes planteamientos:
La nueva estructura familiar requiere el apoyo de la Institución Educativa para terminar la formación afectiva de sus miembros. Es casi tan compleja como incontable la multiplicidad de formas que asume la estructura familiar pero, más allá de su estructura y multiplicidad, las relaciones que generan son aún más complejas. La familia como primer agente socializador ha cambiado su configuración primaria, las nuevas condiciones de género, económicas, sociales y globales, le han impreso una dinámica que afecta a los niños. La elevada tasa de separaciones y la dramática disminución en las tasas de natalidad han generado familias caracterizadas en un alto porcentaje por núcleos familiares pequeños, con altos índices de separación, dirigidos por una sola cabeza de familia, o con la ausencia de los padres a causa del fenómeno de la migración al extranjero o por la necesidad de ambos padres de laborar. Como consecuencia de ello se han formado niños sin los suficientes patrones de estabilidad afectiva que les impide asumir con suficiencia su posterior socialización escolar. 
Las nuevas generaciones cada vez son más frágiles afectivamente: Los trastornos afectivos han surgido en las últimas décadas como un problema de salud pública. Según el DSM-IV  los trastornos afectivos se han duplicado en las dos últimas décadas, teniendo una presencia de 52 clasificaciones nuevas en dicho manual; el trastorno bipolar, las neotímias, el déficit de atención, el autismo, el bloqueo afectivo, la apatía o indiferencia afectiva, la angustia patológica y la depresión son apenas algunas de las más recurrentes de los últimos tiempos. “Cada nueva generación, desde principios de siglo, ha corrido riesgo mayor que la generación de sus padres de sufrir una depresión más importante, no ya tristeza, sino un desinterés paralizante, desaliento y autocompasión, más una abrumadora desesperanza, en el curso de su vida” (Goleman, 2011, p. 89). La Organización Mundial de la Salud, en un reciente informe, dice que 340 millones de personas sufren depresión en todo el mundo; entre el 15% y el 20% de ellos anhela la muerte como el mayor de sus deseos y cada día 800 personas se suicidan en el mundo por culpa de este mal (boletín de prensa OMS 08/09/04). En agosto 3 de 2007 fue publicado un estudio, elaborado por la Liga Colombiana por la Vida y contra el Suicidio, en los colegios de la ciudad de Bogotá, en donde se ratifica el estudio de la OMS, concluyendo que “uno de cada dos estudiantes de bachillerato en Colombia tiene un plan preciso para quitarse la vida y uno de cada seis lo ha intentado sin éxito” (De Zubiría, 2010). Frente a esta fragilidad y predisposición es el momento para que la Institución educativa asuma la responsabilidad social que le compete y se haga cargo de la condición de humanidad de estos nuevos tiempos.
Hablar de meta-afectividad es hablar, también, de la capacidad de amar y de ser felices, de potenciar nuestra posibilidad de crecer con los otros, de ser solidarios, de construir un mundo mejor, hablar de la necesidad de la meta-afectividad es hablar de potenciar nuestra humanidad.
Los jóvenes y niños de hoy pertenecen a una generación signada por la violencia: La realidad en la que nos correspondió asumir nuestra labor educativa enfrenta a nuestros docentes a un espacio lleno de agresiones y prácticas lesivas que poco a poco han ido debilitando nuestro acervo cultural. Nuestros niños viven, cada día, en una realidad que supera sus capacidades comprensivas-afectivas. Los medios de comunicación, el cine, la televisión trasfieren a la cotidianidad una serie de patrones donde la individualidad y la exclusión son la constante. Uno de los centros especializados para el estudio de la violencia en Colombia es el Instituto de Investigación y Desarrollo en Prevención de Violencia y Promoción de la Convivencia Social –CISALVA– de la Universidad del Valle (Cali, Colombia). En una reciente investigación de este instituto, publicada en el portal de dicha universidad, se analiza cómo la violencia de tipo político generada por la guerrilla, paramilitares y ejército, a pesar de ser la más publicitada, la que más impacto económico genera y la causante de 1´500.000 desplazados en el país, solo suma entre el 20% y 30% del total de muertes violentas en nuestro país. Lo que hace crítico el fenómeno es otro tipo de violencias de orden social y económico como la intrafamiliar, sexual, pasional, maltrato infantil, maltrato a la mujer, lesiones personales, atracos, riñas callejeras, además de los accidentes de tránsito. ¿Está la Institución contrarrestando este patrón de conducta o, quizá, en algunos casos está ocultando la situación?
La influencia de los medios de comunicación y de los imaginarios que se están formando en la nueva sociedad a partir de ellos no puede ser desestimada por la escuela de hoy: Sí es cierto que las razones que impulsan a los niños a ver televisión, películas o utilizar juegos interactivos son pasar el tiempo, aprender, sentirse acompañados, escapar, sentirse estimulados y reflejarse, criterios fundamentales para un sano desarrollo afectivo y cognitivo; sin embargo, no por ello se puede desestimar la influencia negativa que, a su vez, estos están dejando en el inconsciente colectivo y cómo este poder ha sido manipulado por la publicidad y la sociedad de consumo en aras de intereses económicos y particulares que nada tienen que ver con el bienestar de la población infantil. Uno de los elementos más fuertes generados por la sociedad de consumo ha sido el concepto de belleza que se maneja en los jóvenes de hoy; concepto que somete a los jóvenes y niños a una sobrecarga afectiva desde edades muy tempranas. Se ha de tener en cuenta que los medios de comunicación, en la actualidad, juegan un papel importante en la socialización y estimulación de los niños y no por ello se puede negar la influencia negativa de estos en esos mismos procesos de desarrollo, ya que presentan conductas imitables, proporcionan imágenes para provocar determinadas acciones y son el medio por el que los niños se familiarizan con los valores de la sociedad de ocio y de consumo. 
Frente a esta realidad la pregunta por el compromiso formativo de la meta-afectividad de nuestros estudiantes es más que obvia y necesaria, pero desde los argumentos expresados no debe quedar la idea de que esta problemática es para los niños “fuera de lo normal”; el compromiso debe hacerse frente a toda una generación que, de manera general, es más vulnerable en lo afectivo, frente a una condición humana cambiante que requiere nuevos escenarios educativos, frente a una dinámica social que requiere de competencias afectivas más pertinentes a las nuevas realidades del mundo actual. Pero es necesario, también, clarificar que esta reflexión no pretende circunscribir la necesidad de la meta-afectividad solo al desequilibrio afectivo y emocional; por el contrario, la cotidianidad y el afecto también requieren meta-afectividad ya que el día a día es un constante devenir de relaciones e interacciones donde solo desde la capacidad de autorregular nuestros sentimientos y emociones con las personas que nos rodean, garantizamos un ambiente sano adecuado y feliz.
Desde las justificaciones expresadas anteriormente surgen entonces algunos planteamientos para la labor docente:
►  ¿El Colegio da respuesta a las necesidades de los estudiantes fortaleciendo la autocomprensión de estos procesos a fin de regularlos mejor?
►  ¿Cómo se puede contribuir a fortalecer la interioridad de estos niños a fin de compensar con mayor eficiencia sus deficiencias y dificultades?
►  ¿Nos preocupamos por solucionar los problemas académicos sin pensar en fortalecer lo afectivo de cada estudiante?
►  ¿Está el Colegio aportando a la solución de estos problemas o está propiciando, al igual que muchos Colegios, la exclusión y el ausentismo?
Como educadores, nuestra principal intencionalidad es formar seres autónomos y reflexivos. Tenemos, quizás, los ingredientes para fundamentar esa reflexión en lo cognitivo pero, ¿cómo fundamentar la reflexión meta-afectiva?
Implicaciones didácticas para la formación meta-afectiva en espacios educativos formales
Retomando el concepto que se plantea sobre la meta-afectividad –“meta-afectividad es una habilidad reflexiva de carácter intrapersonal determinada por la cultura, que permite al sujeto tener conciencia de su propia vida afectiva, dando la posibilidad de intervenir las consecuencias de esa vida afectiva en sí mismo y en quienes lo rodean”–, desde los planteamientos de este artículo se proponen las siguientes implicaciones didácticas para el desarrollo meta-afectivo de nuestros estudiantes:
1. En primera instancia, como “habilidad reflexiva”, es susceptible de ser perfectible y cualificable, por lo tanto, la Institución educativa en general y cada docente en particular debe tener una intencionalidad consciente permanente de aplicar y promover el proceso meta-afectivo sobre las situaciones cotidianas asegurando así la mirada reflexiva sobre todas las situaciones afectivas, esto garantizará el desarrollo del proceso meta-afectivo en la psiquis de los estudiantes potenciando, cada vez más, la habilidad de aplicar el proceso. Este principio implica una transversalidad de la intencionalidad formadora afectiva de los estudiantes; no es una cuestión solo de los docentes de ética, de educación religiosa o del director de grupo, es una tarea de todos y cada uno de los actores de la Institución educativa
2. Como habilidad reflexiva “intrapersonal” requiere el desarrollo de la posibilidad de la introspección, el autoconocimiento y la autogestión. En esta perspectiva el reto de la estructura escolar de hoy es regresar a la posibilidad del autoconocimiento, se requieren espacios constantes que posibiliten a nuestros estudiantes conocerse a sí mismos, buscando en su interior su identidad más allá de los estereotipos y presiones de la sociedad de consumo. En este sentido, todas las dinámicas y actividades de conocimiento en donde se incentiva que los niños y jóvenes expongan sus gustos, sus sueños, sus intereses, temores y expectativas son escenarios ricos para la consolidación de la autoestima y reforzamiento del autoconocimiento, por ende en sí mismo, a la meta-afectividad. La construcción de los proyectos de vida y el mapa de los sueños, lo concursos promoción de talentos, y muchas otras estrategias que permiten a los jóvenes y niños expresar su interioridad aportan a su desarrollo. Otra estrategia muy importante para desarrollar esta habilidad meta-afectiva como habilidad de introspección es la utilización del diario, práctica muy olvidada por las nuevas generaciones y herramienta muy potente para adentrarse en la propia interioridad. 
3.  En tercera instancia la meta-afectividad es una habilidad reflexiva de carácter intrapersonal “determinada por la cultura”. Esta característica la hace susceptible a los patrones recibidos del medio. En este nivel hemos ya analizado cómo las pautas de estructuración de la afectividad tienen elementos de fragilidad desde la propia familia y cómo los medios de comunicación y la sociedad de consumo otorgan valores y pautas muchas veces inadecuados. Por todo esto, la Institución educativa debe aportar nuevos referentes que el estudiante tenga la opción de seleccionar. Para generar espacios didácticos de desarrollo en este aspecto se propone la lectura de biografías de personajes, pero no solo de grandes personajes, famosos, sino también de aquellas personas que han surgido, que han hecho aportes en los diferentes campos o simplemente aquellas personas que día a día, desde sus trabajos, ayudan a otros y son felices más allá de los patrones de belleza, dinero y fama que venden los medios de comunicación. Esta experiencia, de manera reiterada, ofrece la posibilidad de conocer diferentes modos y formas de enfrentar la adversidad, modos y formas de ser felices, modos y formas de triunfar en la vida, modos y formas de ser alguien, aportando experiencias que se constituirán, de acuerdo con las necesidades de cada sujeto, en referente para su actuación afectiva. En este aspecto, nuevamente es rica la intervención de todos los docentes en las diferentes áreas del conocimiento ya que en cada campo del saber hay personajes, historias y anécdotas de personajes que han aportado y han contribuido al desarrollo de los campos del saber. Estas historias contribuyen al saber específico de cada asignatura y, a su vez, contribuyen a enriquecer los referentes afectivos para la toma de decisiones responsables.
4. La meta-afectividad permite al sujeto tener conciencia de su propia vida afectiva, dando la posibilidad de intervenir las consecuencias de esa vida afectiva en sí mismo y en quienes lo rodean. Este criterio es la finalidad última del proceso meta-afectivo: autorregular la afectividad y tener conciencia de ella para autoadministrar sus consecuencias. En este sentido, como habilidad, es necesario entrenarla y ejercitarla, para ello, otra estrategia didáctica que desarrolla esta dimensión de la meta-afectividad es el análisis de casos. A través de esta estrategia lo que se pretende es poner en discusión casos hipotéticos a los que se aplican diferentes soluciones y se valora el impacto de estas situaciones en todos los actores que intervienen. En esta estrategia es necesario que el docente tenga mucho cuidado en la selección o redacción del caso teniendo en cuenta qué tipo de situaciones afectivas a intervenir deben estar acordes con la edad y los intereses de los estudiantes, de tal manera que para ellos sea motivante y útil la utilización y aprendizaje del proceso. Como todo proceso de naturaleza humana la meta-afectividad tiene diferentes niveles de acceso y dificultad. En este orden de ideas la metodología de su enseñanza debe ir complejizándose con el tiempo a fin de contribuir, igualmente, al acceso de situaciones cada vez más complejas.
un estudiante “formado” competentemente solo en lo académico no es necesariamente el que triunfa en la vida laboral y familiar, aquellos no tan brillantes y no tan sabios pero con grandes dotes de liderazgo y relaciones interpersonales son aquellos que, por montones, buscan las empresas y cuentan con el futuro brillante de gozar de la confianza de los que los rodean.
Conclusiones
Hasta aquí hemos justificado por qué es importante la formación meta-afectiva y por qué la Institución Educativa debe comprometerse con su formación. Vigotsky (1974) afirma que:
“…un sistema educativo cuya finalidad corresponde a un crecimiento intelectual saludable debe conducir a un crecimiento afectivo y social igualmente sano”.
Y esto no implica negar la necesidad de la formación cognitiva argumentando la prioridad de lo afectivo sobre lo cognitivo sino, por el contrario, avanzar en iguales esfuerzos para contribuir a la formación de los niños y jóvenes en ambas dimensiones de su humanidad y en todas sus dimensiones.
Es momento de que la escuela asuma al papel formativo-afectivo que las nuevas condiciones de la sociedad le han otorgado:
“Al agonizar la fuente primaria, la antigua familia humana, el talento interpersonal de las recientes generaciones agoniza, para tristeza humana. Aunque sea por ello, debemos estudiar la afectividad, comprenderla, desarrollar didácticas afectivas para la desvalida generación de niños y niñas, semillas de futuro únicas con que cuenta la especie humana” (De Zubiría, 2006, p. 128).
Surge, entonces, la necesidad de una nueva concepción de formación y, junto a ella, la necesidad de una pedagogía afectiva que propicie un nuevo escenario de formación de las nuevas generaciones, un espacio donde lo fundamental sea lo humano, donde ser competente interpersonal y afectivamente sea una prioridad formativa de la escuela, donde se reconozca que una verdadera formación no puede estar ajena a lo afectivo ya que es necesario para todo el recorrido existencial, ni más ni menos, esto marca la diferencia entre ser feliz o infeliz.
Está más que evidenciado en lo cotidiano que un estudiante “formado” competentemente solo en lo académico no es necesariamente el que triunfa en la vida laboral y familiar, aquellos no tan brillantes y no tan sabios pero con grandes dotes de liderazgo y relaciones interpersonales son aquellos que, por montones, buscan las empresas y cuentan con el futuro brillante de gozar de la confianza de los que los rodean. Aquellos que cuentan con la estabilidad emocional que brinda una estructura afectiva de apoyo fuerte, familiar o de amigos, son aquellos que pueden desenvolverse brillantemente en sus trabajos y en sus vidas. Solo aquellos que son felices pueden dejar volar su creatividad y su ingenio porque ya tienen resueltas sus necesidades primarias, que casi nunca son, necesariamente, económicas o cognitivas. Al decir de David Howe (1995) las personas afectuosas
“… conocen la diferencia entre lo que es importante para ellos y lo que es importante para el otro. Y saben capear los cientos de contratiempos que surgen en la vida”.
No se trata de incurrir en nuevos dualismos y contraposiciones románticas, ahora a favor del sentimiento, sino de insistir en la importancia de la afectividad, en pie de igualdad con la cognición (Niño, 1996, p. 56). Se trata de encaminarnos hacia un concepto integral de formación y hacia una práctica pedagógica que, entendiendo la naturaleza propia del ser humano y de su proceso formativo, desarrolle nuevas propuestas pedagógicas desde y para la afectividad, desde y para la felicidad, desde y para la interioridad, para lo cual la meta-afectividad, como proceso, puede aportar una nueva posibilidad.
Bibliografía
De Zubiría, S. M. (2007). La afectividad Humana. Serie Psicología y pedagogía afectiva 2. Bogotá: Fundación Internacional de Pedagogía Conceptual Alberto Merani. 
De Zubiría, M. (2010). Universidad Católica de Oriente. Conferencia El suicidio… un interrogante sin resolver. Rionegro (Antioquia).
Gardner, H. (2001). Estructuras de la mente. La teoría de las inteligencias múltiples. Biblioteca de Psicología y psicoanálisis. Bogotá: Fondo de cultura Económica.
Goleman, D. (2011). La inteligencia emocional. México: Editorial Zeta.
Ledoux, J. (1996). El misterio del cerebro emocional. New York.
ORGANIZACION MUNDIAL DE LA SALUD, OMS. (2004). Centro de prensa. Organización Mundial de la Salud. (10 de Septiembre de 2004). Obtenido de http://www.who.int/mediacentre/news/releases/2004/pr61/es/index.html
Notas
 El presente escrito es el resultado de los avances en el proceso de investigación del proyecto “Organizaciones educativas formadoras de docentes como escenarios para la formación de competencias afectivas”, realizado en el marco del Programa de Doctorado en Ciencias de la Educación de la Universidad del Magdalena-RUDECOLOMBIA. 
2 El DSM-4 es la cuarta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, el DSM-IV, de la Asociación Americana de Psiquiatría. Su objetivo fundamental es recolectar datos de la información clínica hasta ahora vigente y los criterios diagnósticos de cada una.
Mg. Olga Cleosilda Chica Palma. olgacleo@gmail.comMagíster en Educación (Universidad de Caldas); Miembro de los grupos de investigación GRACE (Grupo de Análisis de la Cultura Escolar). Docente de planta de la Escuela Normal Superior San Pedro Alejandrino de Santa Marta y catedrática de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad del Magdalena.
 

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