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Reflexiones sobre la finitud y la educación

Por Domingo Araya
Magisterio
15/12/2016 - 15:30
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Foto de Rodrigo Moraes. Tomada de Flickr

Spinoza nos dice en su Ética: Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es una meditación de la muerte, sino de la vida

 

Para este gran filósofo lo más importante es vivir con sabiduría, con alegría, sin tristeza, desarrollando al máximo la potencia de actuar y perfeccionando nuestro ser.

 

Libre es para este pensador el ser humano que se guía por la razón, que conoce adecuadamente las causas de las cosas y que comprende porqué suceden así.

 

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Este ser humano no se deja llevar por el miedo a la muerte, pues comprende que si hay vida tiene que haber muerte, son correlativos y, además, no cae en ninguna superstición sobre el más allá. Además, gracias a la muerte es que la vida cobra tan alto valor y son posibles el amor y la belleza.

 

Nos dice también que el hombre libre, sabio y alegre desea el bien directamente, y éste consiste en actuar, vivir o conservar su ser buscando la utilidad propia, es decir, lo contrario de la muerte.

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Quien se guía por la razón conoce sus pasiones y las domina, actúa sobre ellas y, en esa medida, deja de padecer y de ser marioneta de los impulsos. Como pensaban Sócrates y Cristo, es por ignorancia que se actúa mal.

 

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Para este pensador la virtud es el despliegue de la fuerza del ser humano, la que lo lleva a crecer, a ser más, a actuar más y mejor, a ser libre, a vencer el miedo, a superar la tristeza, a ser sabio y feliz.

 

El sabio procura el bien de los demás, es benevolente; posee fortaleza de ánimo para vencer los miedos y para evitar los peligros cuando es necesario, pues en algunos casos huir a tiempo puede revelar tanta firmeza como afrontarlos.

 

Los sabios son muy agradecidos y útiles a los demás, intentan prestar servicios y, en la medida de lo posible, evitan los beneficios de los ignorantes. Esto debido a que los ignorantes sirven a los demás para dominarlos, no para beneficiarlos.

 

El hombre libre, sabio y dichoso es firme y generoso, no odia a nadie, no envidia, no desprecia; por el contrario, ama y desea el bien para los demás. Sabe que el mal y el sufrimiento se derivan de la ignorancia, por lo que intenta conocer adecuadamente y estar alegre.

 

Por todo lo anterior, Spinoza piensa que nada es más útil a un ser humano, que otro ser humano que se rige por la razón, es decir, que conoce, es libre y virtuoso. Por el contrario, los que no son sabios, se dejan llevar por los afectos y están llenos de confusión, lo que los lleva a cometer toda suerte de errores.

 

La filosofía de este pensador, estricta y severa en su forma y en su fondo, es al mismo tiempo un canto a la vida. Este gran sabio debe ser nuestro educador en casi todo. Imaginémosle entre los canales de Ámsterdam o en su sobria vivienda mientras pule lentes, cerca de su capa agujereada por una cuchillada y que le servía como recuerdo de que pensar con libertad es siempre peligroso.

 

Este filósofo nos invita a la comprensión y al fomento de nuestro poder, lo que se traducirá en serenidad y alegría.

No sabemos todo lo que podemos y por eso nos entregamos a poderes externos.

 

Referencia:

Ética, Alianza Editorial. Madrid, 1987, p. 320

 

Tomado del libro: Filosofía para vivir mejor. Autor: Domingo Araya. pp: 131-133

 

Foto de Rodrigo Moraes. Tomada de Flickr