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Ritos de paso. La acogida de los estudiantes del campo en las ciudades

Magisterio
28/02/2017 - 09:30
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Foto tomada de Revista Magisterio No. 84

¿Cómo llegó a interesarse en las escuelas rurales?

En 2007 comencé a trabajar con las escuelas rurales de Bahía (Brasil), en procura de entender qué es la ruralidad, quiénes son los sujetos rurales que habitan la escuela y cuáles son las prácticas pedagógicas que se ponen en marcha. Es una temática importante para América Latina, por lo menos para Brasil, puesto que 60% de las escuelas brasileñas son rurales y buena parte de ellas son multigrado, es decir que atienden en un solo salón a estudiantes de diferentes grados de escolarización con un solo docente. Y no es fácil entender cómo mejorar la formación de estos profesores, porque en lo rural hay muchas invisibilidades, muchas realidades que generalmente permanecen ocultas y también porque estos profesores se desdoblan en su trabajo debido a que deben garantizar el aprendizaje significativo de los estudiantes al tiempo que desempeñan tareas de administración, limpieza, alimentación escolar y construcción de comunidad, etc. En la actualidad, estamos trabajando sobre los ritos de paso que marcan el tránsito de los estudiantes que terminan la primaria en su lugar de origen y deben desplazarse a entornos urbanos para continuar sus estudios.

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Ruralidad, equidad y diversidad: desafíos para la educación. Encuentros de diálogo local-internacional

Educación sin paredes. ¿A qué se refiere cuando habla acerca de ritos de paso?

De acuerdo con Van Gennep, un antropólogo que estudió el tema en sociedades tradicionales, el rito es un proceso que media la relación entre el caos y el orden, marca una transición social. Esta transición es un rito de formación con marcas evidentes de paso, en sociedades tradicionales: unas marcas corporales, una perforación, un tatuaje. En las sociedades marcadas por el desarrollo económico, por una mayor complejidad social y por una mayor obediencia al proyecto de la modernidad, las marcas son menos físicas: un diploma, un anillo, una ceremonia.

Estamos hablando de ritos como el bautizo, el matrimonio o la graduación…

Correcto. Esos ritos de paso iniciáticos imponen también un lenguaje, o sea, el sujeto informa por medio del signo su incorporación a aquella identidad y la separación de la identidad pasada. La escuela reproduce una serie de ritos: de llegada, de orden, de actividad, de paso y de identidad. Las instituciones educativas son vectores de consolidación de las marcas identitarias de una sociedad, y los ritos de paso son una medida cautelar en la cual el sujeto se agrega a un nuevo horizonte, tienen un papel fundamental en la difusión e institución de los ritos como marca formativa.

¿De manera que las instituciones educativas están definiendo la manera como los estudiantes del campo se convierten en personas de ciudad?

En el área educativa en el campo brasileño siempre prevaleció el abandono, lo que ha obligado, desde hace mucho tiempo, a que los estudiantes de territorios rurales migren a la ciudad en búsqueda de matrículas que les garanticen el ingreso inicial en la escuela o la continuidad de sus estudios. Y allí viven un rito de paso caracterizado por un triple desplazamiento: cambio de ambiente geográfico (salen de las áreas rurales para la ciudad); cambio de nivel de enseñanza (de los años iniciales a los años finales de educación fundamental) y cambio en la forma de organización de la escolaridad (enseñanza multigrado en la escuela rural a la enseñanza por grados en la escuela de la ciudad). En esta transición, los estudiantes viven procesos de segregación, matoneo y discriminación. Tampoco se adoptan métodos de aprendizaje adecuados. La escuela urbana no está preparada para recibir a estos chicos.

¿Por qué, a pesar de ser tan frecuentes, estas dificultades generalmente no son tenidas en cuenta?

Esto tiene que ver con la idea de una escuela única, de una escuela igual para todos, que es una idea de la modernidad. Pero, de hecho, las personas no se piensan igual, se construyen a partir de sus diferencias. Si pensamos por ejemplo en las escuelas urbanas que están en el centro de las grandes ciudades y vamos después a las que están en la periferia, encontraremos muchas diferencias. No tienen los mismos maestros, ni tienen los mismos alumnos, pero usualmente se trabaja con la idea de un currículo único para todas las escuelas, en una lógica que podríamos denominar urbanocéntrica, es decir, en la transposición de un currículo urbano a la ruralidad sin considerar las singularidades de las personas y los contextos de estas escuelas.

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¿Cuáles son las alternativas?

Pusimos en marcha con los estudiantes que finalizan la primaria un proceso de acompañamiento que consistió en que escribieran cartas a los directivos y los profesores de las escuelas urbanas adonde irían a continuar con sus estudios. Ellos les entregaban estas cartas en una reunión y les contaban qué esperaban de la escuela, cuáles eran sus sentimientos, cómo esperaban ser tratados, cómo esperaban aprender, sobre la manera como viven en el campo, etc. Además, pusimos en marcha un programa de alumnos acompañantes. ¿Qué significa esto? Significa que les pedimos a los estudiantes que ya habían vivido este dislocamiento que apadrinaran a estudiantes que llegaban con el fin de facilitar este tránsito, para que no tuvieran que pasar por las mismas dificultades.

¿Qué lograron?

Pudimos ver en los profesores y los estudiantes un cambio en su manera de ver el proceso que sufren estos chicos que migran del campo a la ciudad. Hay una idea de lo rural como lo atrasado, lo anacrónico, lo que está en vías de extinción… Pero muchas de las grandes cuestiones que tenemos en la ciudad ya las tenemos en el campo. La energía eléctrica, los dispositivos tecnológicos, la televisión… De manera que lo que antes se consideraba netamente urbano ahora también existe en el campo. Y esto genera un impacto en los estudiantes que llegan a la ciudad porque no dicen que vienen del campo. Y también pasa lo contrario cuando regresan al campo, porque adquieren otras costumbres, otras ideas. Todo esto da lugar a una serie de conflictos, angustias y frustraciones.

Algo similar podría estar ocurriendo con otras poblaciones…

Indígenas, afrodescendientes, palenqueros, ribereños, selváticos, raizales y todas las poblaciones marginales. Yo pienso que las escuelas deberían estar centradas en un proyecto educativo fundamentado en la diferencia y en la diversidad, no en la idea de un principio de igualdad, de enseñar todo para todos, porque eso tiende a negar a las personas como son, lo cual es muy doloroso. Eso también nos lleva a pensar en un concepto muy importante en nuestros días, que es el de las ruralidades urbanas. En las ciudades, sobre todo en la periferia, hay lugares que funcionan mucho más como zonas rurales que como zonas urbanas. Y las escuelas de la periferia urbana pasan por procesos similares porque tienen un currículo, una manera de enseñar, de evaluar o de atender que se espera que sea el mismo que en todas las escuelas. Ese es un equívoco.

¿Cómo pensar la educación en el campo cuando no se sabe qué es lo que lo que los estudiantes van a hacer en el futuro, si van a vivir en el campo o van a tener que migrar a la ciudad?

La idea de fijar a la gente que vive en el campo en la zona rural tiene que ver con políticas públicas que garanticen la calidad de vida en el campo. Pienso que eso solo se puede resolver si se construyen los proyectos con las personas que van a ser sus beneficiarias. Y eso se sale de la idea de que un proyecto educativo sea pensado por un experto para un colectivo, es decir, que sea un académico, un político o un maestro quien defina el proyecto educativo. Generalmente no les preguntamos a los estudiantes qué quieren aprender. Nosotros les decimos lo que ellos quieren. Y esa lógica también está invertida. Las personas tienen autonomía para ir adonde quieran ir y a vivir donde quieran vivir. Deben tener la oportunidad de reflexionar sobre sus proyectos de vida, cuando viven en comunidad, de su proyecto colectivo. Ese es un principio de la libertad. Y la escuela, sea la que sea, debería garantizar esos principios: el de la diferencia, el de la libertad y el de la disminución de la desigualdad.

El autor

Investigador 1D CNPq. Profesor titular del Programa de Maestría en Educación y Contemporaneidad de la Universidad del Estado de Bahía (PPGEduC-Uneb). Coordinador de Grafho (Grupo de Pesquisa (Auto)biografia, Formação e História Oral). Entrevista realizada en Medellín con ocasión del Tercer Simposio Internacional de Narrativas en Educación de la Universidad de Antioquia.

Artículo de la Revista Internacional Magisterio No. 84