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Satyagraha. La Pedagogía del Loto

Por Sandra Patricia Ordóñez Castro
Magisterio
24/02/2017 - 10:15
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Foto tomada de Revista Magisterio No. 84

El Global Teacher Prize 2017, otorgado por el Global Education and Skills Forum de la Varkey Foundation, podría quedarse en Colombia, en manos de Alexander Rubio Álvarez, un profesor de Educación Física que ha logrado impactar de manera positiva a la comunidad de Ciudad Bolívar, localidad 19 de Bogotá, a través de una propuesta pedagógica innovadora que apuesta por el cuerpo como vehículo de confianza, respeto, alteridad y empatía. A partir de un particular enfoque del yoga y del trabajo somático ha logrado hacer la diferencia en una zona estigmatizada y aparentemente condenada a lo que él denomina el continuismo del paradigma y de la acción:

Ciudad Bolívar es una zona que reúne ciertas características que a veces nos destacan de manera negativa. Es una zona en la que hay violencia, microtráfico, pandillas, barras bravas, etc. En este espacio, los niños son vulnerados y viven en constante situación de riesgo, pero lo peor es que no tienen conciencia de que hay otras opciones, de que ellos pueden proyectarse en otra dirección.

El profesor Rubio ha sembrado un nuevo paradigma en ese territorio. Su propuesta ha logrado liberar sueños y cimentar realidades fuera de todo pronóstico. Enamorado de su trabajo, y decidido a inspirar a otros en esa misma vocación, ha sido seleccionado entre 20.000 docentes postulados de 179 países, como parte de los 50 candidatos al título de Mejor maestro del mundo.

 

“Yoga es la tendencia mental

que nos lleva a realizar nuestro más alto potencial”

Sri Krisnamacharya

 

¿Cómo se entiende el yoga desde su propuesta pedagógica?

Si lo tomamos desde la perspectiva oriental, el yoga es todo: para ellos, es el aire, es respirar… Pero en el contexto de nuestra propuesta, lo consideramos una técnica somática que une la acción del hacer (el cuerpo) con la acción del pensar, reflexionar y sentir. Lo que buscamos es potenciar una dinámica de vida diferente para los niños: si el medio plantea el continuismo en la carrera delictiva y la agresión, nosotros desde el territorio del cuerpo les proponemos otras alternativas.

 

¿Cómo se puede, desde el territorio del cuerpo, lograr tal incidencia?

Mi cuerpo es el que me permite vincularme con el otro. Si yo soy capaz de reconocerme y valorarme a mí mismo desde el cuerpo, puedo reconocer y valorar a mis compañeros y modificar mis pautas de comportamiento.

 

+Lea:

El yoga como reflexión pedagógica. Entrevista a Alexander Rubio Álvarez. Nominado al Global Teacher Prize 2017

La respiración como herramienta en el aula

 

¿El yoga potencia esa transformación?

El yoga integra las ásanas o posturas con la respiración, y una postura que implica un trabajo de equilibrio, fuerza y flexibilidad. Su práctica supone entonces una nueva forma de relacionarnos con el cuerpo. Pero si enfocamos ese trabajo hacia diferentes aspectos de la vida, se abre un amplio espectro de valoraciones. Cuando les hablo a los chicos del yoga, les hablo de que éste no es solo una posición del cuerpo, sino una posición ante la vida. Asumir una postura y ser capaces de respetarla y mantenerla, de eso se trata todo.

 

¿Cómo fue el proceso de implementación de la propuesta?

En 2006 hice un primer acercamiento con los grados once y nos fue muy bien.

Así que al año siguiente tomé un grupo focal de 40 estudiantes y les hice seguimiento durante tres años. Durante este tiempo trabajamos ásanas, respiración, una coreografía de Ashtanga (una variante de yoga dinámico también conocida como Power Yoga, que se caracteriza por el desarrollo vigoroso de vinyasas o series de ásanas en secuencia progresiva), una coreografía con el saludo al Sol (una de las secuencias de posturas del Hatha Yoga, que se puede hacer al principio de una sesión como calentamiento, o como una práctica de yoga en sí misma), y todos lo asumieron con entusiasmo. Pero además sucedió algo interesante: como les estaba haciendo un seguimiento particular, me di cuenta de que al poco tiempo de haber comenzado el trabajo hubo una mejora sensible en la convivencia y en el aspecto académico fue el mejor curso del colegio en esa temporada. En las pruebas del Icfes les fue muy bien (ese año el colegio subió a nivel Superior)… y, entre tanto, los papás, los profes, el colegio, todo estaba muy conectado… ¡Algo estaba pasando!

 

¿Cómo se gestan esas implicaciones?

Estimulando acciones positivas. Muchas veces la situación de contexto estimula “positivamente” una acción negativa. El que roba “es un duro” y se convierte en un personaje. Nosotros estimulamos acciones positivas simples, que actúan como semillas de conciencia. Es muy bonito, por ejemplo, ver a un grupo de 20 o 30… un grupo de 1.000 o de 2.000 niños con los ojos cerrados en un instante, permitiéndose desde la respiración sentirse y escuchar, que es algo en lo que hemos venido trabajando… Y ahí está la clave. Porque muchas veces no escuchamos sino que damos respuestas inmediatas que generan situaciones de violencia. Lo que hacemos es procurar que los niños se hagan conscientes de sí, de su entorno y de la otredad, a partir de la respiración: “¿Y si respiras antes de dar una respuesta?”. Y, de repente, con sólo concederse un momento de reflexión, ellos son capaces de poner todo en perspectiva y la respuesta cambia. Ahí estamos en una instancia distinta en la que es posible, con dar apenas un paso más, referirnos al otro desde la alteridad y la empatía.

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Eso explica los alcances del yoga en términos de la convivencia, pero ¿qué hay del rendimiento académico?

En cuanto ellos comienzan a hacerse conscientes de sí mismos y de que pueden tomar decisiones con respecto a qué hacer y cómo, vislumbran también que pueden proyectarse de manera diferente en el mundo, que pueden trabajar por sus propios sueños. Y eso los motiva a estudiar juiciosos, a esforzarse por conquistar metas que antes ni siquiera se habían planteado como posibilidad. He tenido casos de familias con tradición generacional en la carrera delictiva. Lo que a los niños les esperaba era más de lo mismo. Sin embargo, ahora les pregunto: “¿y tú qué quieres hacer?”. Y me responden: “Profe, yo voy a terminar el colegio y voy a hacer mi universidad”. “¿Y cómo lo vas a hacer?” “Pues hay que estudiar, porque hay que ganase una beca o algo, pero voy a hacerlo”. Lo tienen claro.

 

¿Qué sucedió entonces con esa especie de clic que hizo la propuesta en el colegio?

Empecé a hacer el trabajo extensivo a los otros cursos. Introduje la propuesta a los grados séptimo, octavo y noveno en mis clases, y fue entonces cuando mis compañeros de área dijeron: “Estás haciendo algo chévere, ¿por qué no nos enseñas?”. Y, claro, empezamos a hacer clases con dos o tres grupos a la vez: reuníamos 60, 90, 100 estudiantes…

 

¿Cómo logró que sus compañeros compartieran la misma línea pedagógica?

Lo primero fue enseñarles algo de Ashtanga, algo de Hatha (un tipo de yoga conocido por su práctica de ásanas o posturas corporales que aportan a los músculos firmeza y elasticidad), de respiración… pero hablábamos también de los conceptos epistemológicos que había detrás. Porque una cosa es ver que alguien cierre los ojos, pero cuando tú sabes que se está involucrando el esquema corporal, la inteligencia sinestésico-corporal y que la acción de cerrarlos es una acción de confianza, se involucran elementos axiológicos. Y cuando tú sabes que estás con otro y que hay una acción de convivencia, respeto, tolerancia y alteridad, hay toda una dinámica epistemológica detrás. ¡Y ese era el punto! Entonces yo les hablaba a mis compañeros de ciertos autores como Orlando Fals Borda, Enrique Dussel, Eduardo Galeano, pero les proponía la vivencia de esos postulados desde el cuerpo.

 

¿Qué otras fuentes alimentan esta perspectiva y cómo sería su síntesis conceptual?

El hecho de haber incorporado el yoga en mi vida desde 1990, y de haber bebido en diversas fuentes como las artes marciales, me ha marcado de una manera determinante y ha incidido en mi metodología. En cuanto a esa síntesis conceptual, me parece que el precepto del Dojo Kun: la búsqueda de la perfección del carácter, la fraternidad, la constancia y el esfuerzo, el respeto a los demás y frenar el comportamiento violento, podría resumirlo todo. Este precepto abarca principios fundamentales del yoga como Satya, la veracidad, o Ahimsa, la no violencia, que me gusta asociar a Satyagraha: ese “no a la violencia” que propuso Mahatma Gandhi, que implica ejercer rutinas de fuerza interior para generar cambios… A eso habría que sumarle también elementos de nuestra ancestralidad (nosotros hicimos un trabajo ritual con todo el colegio a partir de la numeración Muisca: ata, boza, mica, muihica, hysca… y su simbología en fusión con el yoga), porque en todas las culturas hay sistemas simbólicos que apuntan al ser (lo que para los orientales es el Chi, el Hara, y para nosotros es la energía primigenia) y a esa forma bonita de estar en el mundo y con los otros.

 

¿Esta síntesis conceptual puede concretarse en el movimiento?

Así es, a través de nociones como proxemia y kinesia. Por ejemplo, no es lo mismo hacer sonar un pito para que todos se callen, que convenir entre todos el silencio como respuesta a un gesto. Y no es lo mismo lograr una formación diciendo “¡10 adelante! ¡Cubran! ¡Cubran! ¡Cubran!”, que reuniéndolos a todos para decirles: “Chicos, van a pensar en que hay que cuidar a alguien al frente y hay que cuidar a alguien a cada lado, pero además cada uno sabe que atrás lo está cuidando alguien. Con ese concepto, cuídense todos”. Cuando pones en práctica esa segunda opción, el resultado parece magia, parece que saliera de la nada. Pero lo bonito, precisamente, es que sale, no de una orden, sino de un gesto de humanidad compartido, de un acuerdo de complicidad que genera afecto y no de un mandato que implica restricción y sumisión. Entonces nadie se explica cómo fue que de repente 2.000 niños se quedaron callados, cómo fue que de repente se dibujaron hileras y filas en el montón. Lo que pasa es que participaron de un acuerdo, lo que pasa es que se están cuidando entre ellos. ¡Así se concretan estas cosas a través del cuerpo! Y lo que sucede con una postura de yoga es aún más profundo.

 

Volvamos al proceso que se venía gestando en el colegio y que cada vez involucraba a más personas…

Sí. Desde una acción sencilla como era asumir una postura y mantenerla, logramos que el trabajo se fuera haciendo extensivo hasta que todo el colegio se involucró. El primer ejercicio colectivo grande que hicimos fue en 2012 y logramos un récord nacional con 1.200 niños desarrollando un trabajo de ásanas y percusión corporal. Al año siguiente, 2013, nos inscribimos en el Guinness World Record e hicimos un trabajo de ásanas sostenidas en el tiempo y un ejercicio de percusión corporal con 1.046 personas.

 

¿Cuánto tiempo duró el ejercicio de yoga?

Siete horas, que fueron el punto cumbre de años de trabajo. Fue un ejercicio de ásanas, cada una sostenida durante una hora. Elegimos posturas relativamente sencillas, pero sostener cualquier ásana durante una hora es un trabajo complejo: supone concentración, voluntad, compromiso, resistencia y fortaleza física y mental. Una persona que practica yoga regularmente logra sostener una postura durante una hora sólo al cabo de muchos años de trabajo, pero nuestros niños repitieron el logro siete veces consecutivas.

 

¡Un récord muy meritorio!

Sí. Aunque en este momento ya no lo ostentamos porque al año siguiente India se impuso con 3.500 participantes. Nos quedamos sólo con el de percusión corporal.

 

Pero el proceso no se detuvo allí…

No. En 2015 hicimos un trabajo con 15 colegios (2.200 estudiantes), y en 2016 batimos el récord de la clase de yoga más larga. El récord anterior era de 30 horas y nosotros hicimos 36.

 

¿Y por qué el interés por batir este tipo de registros?

Porque es un desafío grande por el cual trabajar y cuya conquista es un hito positivo en la vida de los niños: con los que se graduaron en 2016 hablábamos de lo que iban a recordar de su época de colegio, y ellos decían: “En séptimo hicimos un récord nacional, en noveno hicimos un récord Guinness, en décimo hicimos un ejercicio con quince colegios y en undécimo hicimos este ejercicio de las 36 horas“. Y había palabas bonitas como: “Si yo soy capaz de hacer esto, soy capaz de hacer cualquier cosa en la vida”.

 

¡Ahí está el sentido de todo! En generar esa autoestima capaz de darles un espaldarazo hacia el futuro…

Y así es. De ahí han salido licenciados en Educación Física, en Artística… El otro día encontré un mensaje en el Whatsapp que decía: “Profe, estoy en Nueva York, estudiando Ballet en la Joffrey School y quiero que sepa que yo estoy aquí porque usted me mostró que uno podía hacer lo que quisiera”. ¡Eso ha sido lindo!

 

Claro. Porque alguien podría cuestionar qué tan favorable es sembrar ese tipo de entusiasmo en un entorno en el que a lo mejor no van a tener la posibilidad de sacar adelante sus aspiraciones… ¡Pero ellos lo logran!

Así es. Yo estoy convencido que desde la educación transformamos vidas, porque la educación es el arma más importante para cambiar cualquier paradigma. El mensaje es: “Si quieres hacer esto, lo puedes hacer”. Yo les hablo muchísimo de que hay que proyectarse, focalizarse, creer en ellos mismos, y les hago ver que, si bien el contexto ejerce cierta influencia, no es totalmente determinante en la vida de los seres humanos. “Los límites están en la mente y en la manera en que te nutres”, les digo. Y cuando les hablo de nutrición, no les hablo de carbohidratos, lípidos y proteínas sino de lo que observan, lo que escuchan, lo que hablan y lo que leen. Por eso ellos tienen esa disposición.

 

Y todo empieza con una acción tan simple como cerrar los ojos, como quedarse en una posición por cierto tiempo. ¿Diría usted que su magia reside en saber plantearles a sus alumnos el desafío correcto en el momento justo?

Exactamente. Tengo una foto de un niño haciendo Padmasana con elevación (esto es sentarse con las piernas cruzadas en posición de loto y elevar todo el cuerpo sosteniendo el peso en las manos). Y él me dice: “¡Mire profe, ya puedo hacer esto y puedo durar un minuto!”. Y es dichoso. Los retos, pequeños o grandes, pero cargados de significado, nos cambian la vida cuando los conquistamos con esfuerzo y motivación.

 

¿Qué significa ahora para usted estar nominado entre los mejores 50 profesores de mundo?

Yo considero que esta nominación es un reconocimiento para la educación, y en especial para la educación pública de nuestro país: para cada uno de esos profes que están en el territorio nacional mostrándole otras opciones de vida a los niños que viven en medio del delito, porque su trabajo hace la diferencia. Por eso cuando alguien me pregunta que si quiero llevar a todo el país esta metodología que ha logrado tener impacto, yo les digo que la quiero socializar para mostrarla dentro del espectro de las alternativas, pero sin desvirtuar lo que hace cada docente, porque su trabajo es muy valioso.

 

¿Cuáles son sus proyecciones hacia el futuro?

Yo quiero seguir haciendo lo que me encanta, que es enseñar: amo mi colegio, amo la educación pública, amo el Rodrigo Lara Bonilla, y me encanta estar en los espacios de formación a formadores en las universidades. Me gustaría viajar por todo el territorio nacional para socializar la propuesta. Pero creo que cuando tenga la oportunidad de hablarle a los docentes, lo primero que les diré será: “Yo soy orgullosamente maestro”. Porque eso es lo más importante: a veces uno pregunta: “¿A qué te dedicas?”. Y te responden: “Profesor”, como con depresión, ¡No! para mí esto no fue lo que me tocó. Yo elegí ser maestro y sigo estudiando para ello y lo haré toda la vida porque lo amo. Entonces me gustaría poder sensibilizar a los profesores. Porque si el profe es feliz, su comunidad va a ser feliz. Pero si el profe no está bien, si no tiene el alma dispuesta, la comunidad tampoco. El maestro debe poder ser como el fuego que enciende la lumbre. Pero para eso hay que estar muy enamorado.

 

Namasté, profe.

Namasté (expresión de saludo originaria de India. Su uso es frecuente entre los practicantes de yoga. Acompañada del gesto (o mudra) de juntar las palmas de las manos y llevarlas al centro del pecho significa “La chispa divina que hay en mí reconoce la chispa divina que hay en ti).

 

Revista Internacional Magisterio No. 84. ¿Experiencias disruptivas?