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¿Serán las matemáticas más importantes que la lengua?

Magisterio
30/10/2019 - 15:15
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By Freepik

¿Por qué será que los padres de hoy se empeñan en pensar que las matemáticas son más importantes que la literatura y las ciencias sociales? Es increíble: invitan a los papás a una conferencia en el colegio para hablar sobre cómo apoyar el estudio de matemáticas en casa, dar estrategias y proporcionar páginas web para ayudar a los niños, como tutores en casa. Llegan más de los que confirmaron y el auditorio queda a reventar. Cuando la misma invitación viene del área de lenguaje para proponer apoyos de lectura y recomendaciones de literatura para la familia, llegan “tres gatos”. ¿Por qué muchos padres priorizan las matemáticas sobre el resto de las exigencias académicas de sus hijos? 

No pretendo negar la importancia de los números y de las ecuaciones. Son necesarios e importantes. Sin embargo, la inteligencia y la capacidad de los niños no se pueden medir únicamente por sus logros en esta área. Aquel que sobresale en esa materia no es superior a los demás. En principio, no podemos olvidar que la educación busca seres integrales, que disfruten con un ejercicio de matemáticas, que comprendan un texto de ciencias o sociales y que se conmuevan con un poema pero, más que cualquier otra cosa, que sean personas rectas, felices y empáticas. No obstante, sí pretendo abogar por las áreas de lenguas. Los libros enseñan a los niños a ponerse en los zapatos del otro, a entender sus dificultades y tropiezos, a buscar la manera de comprender a la persona que está del otro lado y a salir de sí mismos, y por ende, a conocerse a sí mismos y a aceptar sus fortalezas y debilidades. Los libros están ahí para entregarle al lector las palabras necesarias para describir lo que es, lo que quiere ser, lo que no pudo lograr y lo que seguirá

En principio, no podemos olvidar que la educación busca seres integrales, que disfruten con un ejercicio de matemáticas, que comprendan un texto de ciencias o sociales y que se conmuevan con un poema pero, más que cualquier otra cosa, que sean personas rectas, felices y empáticas.

Por otra parte, para entender cualquier problema de matemáticas, y de la vida real, se necesita comprender lo que se lee. En el día a día, no nos hablan con fórmulas; al contrario, recibimos frases que debemos convertir en fórmulas tanto matemáticas, como lógicas. En un restaurante no pedimos una hamburguesa de 200 gramos más una lonja de queso, sino una hamburguesa con adición de queso y unas papas de tamaño mediano. En ese sitio, en ese restaurante, tenemos que saber leer la carta de precios y entender que la adición de queso implica un incremento del precio original del plato. Por más matemáticos que seamos, si no leemos y no entendemos la información que hay en el menú, no podremos responder de manera adecuada. 

El fracaso de muchos niños en edades escolares, en el área de matemáticas, tiene que ver con su incapacidad de analizar y comprender el texto o el enunciado del problema, o con la pereza de leerlo. Frente a cualquier texto debemos analizar las palabras, discernir cuáles son más importantes de acuerdo con el contexto, comprender su significado y… leer hasta el final de la frase. 

+Lea: ¿Qué es el contrato didáctico?

Por lo general, los padres en casa fomentan las matemáticas y las ciencias exactas: ayudan a los hijos a hacer las tareas y a desarrollar los proyectos. En ocasiones, hasta se toman el tiempo de revisar y corregir cada uno de los problemas. Pero esos mismos padres casi nunca leen los libros que sus hijos deben leer, rara vez les preguntan de qué tratan y aún menos averiguan su opinión. Para eso no hay tiempo. Con ese vacío, y sin darse cuenta, se transmite un mensaje acerca de las supuestas limitaciones de la literatura: no es tan importante leer el libro como completar los cincuenta ejercicios que mandó el profe de matemáticas. Estos hay que hacerlos; los resúmenes de los libros se consiguen en internet. 

¿Qué pueden hacer los maestros para revelar a los padres la importancia de la lectura? Para empezar, el propio maestro de matemáticas debe enviar el mensaje. El representante de esa área debe explicar a los padres que un chico puede tener una inteligencia lógico-matemática sobresaliente, pero que sus dificultades en lectura le impiden demostrar su capacidad. Ese docente debe invitar a los padres a trabajar en casa alrededor de la lectura, a leer mucho juntos para mejorar la comprensión. 

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Puede dar unos consejos sencillos a los padres de alumnos de primaria, como los siguientes: 

  • Pidan a sus hijos que les digan cuántas páginas tiene el libro, cuál corresponde a la mitad del libro y cuántas páginas leyeron si empezaron en la número tal y llegaron a la tal. 
  • Propongan a los chicos que señalen, por ejemplo y dependiendo del caso, cuál de todos los animales de la historia es el más alto o el más bajo, cuántos días tardaron en llegar, cuántos personajes masculinos o femeninos hay, pidan que cuenten las estrellas que hay en una página o que digan si en la receta que preparan juntos hay que poner más agua que azúcar o harina y cuántas cucharaditas caben en una cucharada de sal. 
  • Cuenten a los padres de los niños más jóvenes que hay libros que tienen una estructura de retahíla acumulativa, es decir, que a la trama cada vez se añaden más personajes o elementos y que, así, se puede sumar y enumerar. Por ejemplo, en Un día de lluvia, que escribe Valeri Gorbachev (Editorial Norma, colección Buenas Noches), o en La pequeña oruga glotona, de Eric Carle (Editorial Kókinos), aparecen consecutivamente una manzana, dos peras, tres ciruelas y otros. Por otro lado, existen libros, e incluso canciones, que tienen una retahíla diminutiva o una relacionada con el tiempo. Se puede restar y contar hacia atrás al cantar la canción de los elefantes que se balanceaban sobre una cuerda o reconocer las horas que marca un reloj con la canción de los esqueletos de Chumba La Cachumba. 
  • Inviten a los padres a leer en casa con sus hijos y luego a repetir juntos la secuencia de animales o de personajes que aparecieron, o a enumerar los eventos que sucedieron del 1 al 10, por ejemplo. Pueden incluso mostrar a los padres cómo hacer una línea de tiempo y ubicar los acontecimientos de un cuento infantil. 
  • Digan que es posible encontrar aspectos de geometría en los libros. Pueden sugerir la lectura de libros como Por cuatro esquinitas de nada, de Jérôme Ruillier (Editorial Juventud), que habla sobre círculos y cuadrados; La línea, de Claudia Rueda (Editorial Océano), permite ver cómo todo parte de la geometría y de una línea; o el libro del mismo título, pero escrito por Beatriz Doumerc y Ayax Barnes (Ediciones Del Eclipse), en el que una simple línea implica todo un proceso de construcción y de comprensión. Muestren cómo, en un libro álbum de la autora checa, Květa Pacovská, se puede jugar a encontrar las figuras o señalen cómo el libro de Norton Juster, El punto y la recta (Fondo de Cultura Económica), puede ayudar a aclarar conceptos matemáticos tan abstractos como la elipsis, la curva, la parábola y otros más avanzados. 
  • Muestren que también hay libros que exigen operaciones matemáticas para resolver la trama. Los padres seguramente no los conocen y son ustedes, los profesores de matemáticas, quienes pueden sugerirlos y recomendarlos. Por ejemplo, para entender lo que sucede en el libro de Judith Viorst titulado Alexander, que era rico el domingo pasado (Editorial Scholastic) hay que ir restando valores monetarios. Existen libros con ilustraciones basadas en un tangram como Tangram Gato, de Martijn van der Linden y Maranke Rinck (Editorial Ekaré), que funcionan muy bien cuando, en paralelo, se van construyendo las figuras. Las operaciones matemáticas se necesitan para calcular hace cuánto tiempo se publicó un libro, cuál es la edad actual de un autor, cuántos años vivió un personaje, un artista o un ilustrador. 

+Conozca el libro Dificultades de aprendizaje. Matemáticas, Lenguaje, Ciencias Naturales y Ciencias sociales

Todas estas propuestas son válidas en casa, pero también lo son en el salón de clase de matemáticas. Así, invito a los profesores de esa área a aplicar cualquiera de ellas en el salón, a llevar los libros infantiles a la clase como un recurso más o como una excusa para resolver un problema o acertijo. Más allá de todo lo que hagamos los adultos, necesitamos ser modelos lectores para que los niños entiendan que la lectura es inherente a todo lo que hacemos, a la vida en sí. 

Este artículo pertenece la Revista Internacional Magisterio No. 99 Evaluación Formativa 

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