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Siete claves para entender la crisis de la escuela

Por Lydia Paredes Navarro , Por Miquel Castillo Carbonell , Por Mireia Bou Blanco
Magisterio
07/07/2017 - 09:15
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Foto de Arabela Carreras. Tomada de Flickr

En los últimos años la escuela ha sufrido, al igual que la sociedad, el efecto de las transformaciones derivadas de ámbitos tan diversos como la globalización, la multiculturalidad, las tecnologías de la información y la comunicación o el cambio del papel de las familias en la educación de sus hijos. Todo ello ha tenido consecuencias en su organización y en la manera de afrontar su trabajo.

 

+Lea: Los cuatro pilares de la educación para el siglo XXI

 

Una crisis resultado tanto de la interacción de diversas situaciones

(Gairín, 1996: 42-43) como de la indefinición de las políticas educativas; la democratización de la enseñanza y el aumento cuantitativo y cualitativo de la educación; la inadecuación de los medios para garantizar servicios de calidad, resultado de presupuestos insuficientes; la falta de formación del profesorado para adaptarse a esos cambios; o la rápida acumulación y desarrollo de los conocimientos científicos e innovaciones técnicas.

 

+Conozca el libro Familia, escuela y educación de la sexualidad

 

Cuando nos referimos al concepto «crisis de la escuela», no cuestionamos su sentido o su existencia, sino que lo interpretamos desde la perspectiva de la transformación del papel que le asigna la misma sociedad que la genera y mantiene. Algunos de estos cambios son:

 

• La escuela pasa de ser considerada la instructora social por excelencia a convertirse en un servicio público, y pierde la exclusividad de su papel socializador que se disputan otros agentes sociales. Las competencias educativas están cada vez más descentralizadas y desconcentradas (Vázquez, Serramona y Touriñán, 2010).

 

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• El profesorado asume nuevas responsabilidades y competencias que van más allá muchas veces de su formación y vocación, tremendamente especializadas y poco pedagógicas. Los estudios ponen de manifiesto que el profesorado, principalmente de secundaria, percibe que, si bien está bien preparado en los contenidos de la materia, en cambio no está preparado para atender la diversidad (Arteaga y García, 2008: 254).

 

• En un contexto social de búsqueda de la novedad, donde lo nuevo deja de serlo en cuanto llega, con una incesante búsqueda de satisfacción del deseo, del placer personal a la carta, la escuela se convierte en un molesto mecanismo anacrónico de estandarización y de disciplina. «Es ese abandono del saber lo que resulta significativo [...]. Por eso el colegio se parece más a un desierto que a un cuartel […] donde los jóvenes vegetan sin grandes motivaciones ni intereses. Hay que innovar a cualquier precio: siempre más liberalismo, participación, investigación pedagógica y ahí está el escándalo, puesto que cuanto más la escuela se dispone a escuchar a los alumnos, más estos deshabitan sin ruido ni jaleo ese lugar vacío» (Lipovetsky, 2005: 39).

 

+Lea: Siete saberes que la escuela debe estimular

 

• El ciudadano queda redefinido como un individuo que se realiza a sí mismo mediante actos de elección, que es libre y autónomo en la medida en que puede dar un sentido a su vida a través ellos (Apple, 2002). Así, los derechos de los clientes (customer rights) son prioritarios respecto al interés general. En consecuencia las familias empezaban a adoptar estrategias de consumidores de los servicios educativos (Bolívar, 2003: 4).

 

• Parte del profesorado no comparte un proyecto educativo asumido como propio y compartido, a pesar de haberse promulgado la autonomía pedagógica y organizativa de poder elaborar por parte de la comunidad educativa los documentos que doten de identidad al centro.

 

• La escuela ya no garantiza el ascenso automático en la escala social. Formación ya no es igual a trabajo bien remunerado o a mejor nivel de vida. A pesar de que las estadísticas siguen demostrando que a mayor nivel formativo mayor facilidad de conseguir trabajo, muchos alumnos muestran poco interés por sus estudios, y se excusan en esta falta de futuro.

 

• En algunos centros, el profesorado no se ve capaz, por sí solo, de dar respuesta a las problemáticas con las que se enfrenta, situación que le genera expectativas negativas y sensación de desánimo. Posiblemente las cosas no se hagan tan mal como suelen reflejar de tanto en tanto los medios de comunicación, pero sí que se instala una sensación negativa que no facilita la serenidad y la motivación necesarias para avanzar hacia el replanteamiento del modelo (Parcerisa, 2008: 20).

 

+Lea: Los nuevos desafíos para la familia y la educación

 

Referencias

(Gairín, 1996: 42-43)

(Vázquez, Serramona y Touriñán, 2010).

(Arteaga y García, 2008: 254).

(Lipovetsky, 2005: 39).

(Bolívar, 2003: 4).

(Parcerisa, 2008: 20).

 

Título tomado del libro: La escuela y su comunidad.  La contribución de la educación social. Autor: Miquel Castillo Carbonell; Lydia Paredes Navarro; Mireia Bou Blanco. pp: 51-54

 

Foto de Arabela Carreras. Tomada de Flickr