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Teodiano Freire Bastos. Discapacidad en la escuela y mediaciones tecnológicas

Magisterio
07/04/2020 - 14:15
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Foto de Adobe Stock

Teodiano Freire Bastos es especialista en Automatización/Robótica y doctor en Ciencias Físicas. Tiene una vasta experiencia en el desarrollo de robótica de rehabilitación, tecnologías de asistencia y procesamiento de señales biológicas, todo ello enfocado en que las personas discapacitadas puedan vivir de la forma más independiente y autodeterminada posible. Hoy comparte con Magisterio una descripción de los diversos recursos que ofrece la tecnología para la inclusión de esta población en los entornos educativos regulares y sus múltiples aplicaciones.

¿Qué motivos lo inspiraron para incursionar en el desarrollo de tecnologías de apoyo para personas con discapacidad?

Mi formación de doctorado ha sido en España en sensores y robótica, pero al regresar a Brasil pensé que podría utilizar el conocimiento adquirido para mejorar la vida de las personas con discapacidad. 

¿Cuáles han sido sus principales logros en este ámbito?

Principalmente desarrollar tecnologías que mejoren la autonomía y la calidad de vida de las personas con discapacidad, ya sea a través de prótesis para personas amputadas, sensores de ayuda a la movilidad para personas ciegas, sillas de ruedas robotizadas, interfaces de comunicación para personas con discapacidad severa o sistemas de interacción con el ambiente, también para esas personas. 

¿El uso de estas tecnologías puede constituir un factor de inclusión de las personas con discapacidad en entornos educativos regulares?

Por supuesto, ya que el apoyo de las tecnologías de asistencia permite a los estudiantes con discapacidad participar de las tareas propias de estos espacios que, de otra manera, estarían fuera de su alcance. Les permite, así mismo, entender y demostrar que ellos sí tienen capacidades, que sí pueden hacer las cosas si cuentan con el soporte adecuado.  

¿Qué mediaciones de aprendizaje se pueden implementar gracias al uso de la tecnología en el aula regular para incluir a personas con diferentes tipos de discapacidad?

Muchas. Pensemos, por ejemplo, en las ventajas que ofrece la robótica en este ámbito: el robot atrae la atención de todos los niños, con y sin discapacidad, y se puede programar para introducir en el aula tareas colaborativas entre ambos grupos de niños. Este desdibuja los límites y aporta confianza, lo que facilita la interacción. Ideas, temores y actitudes frente a la discapacidad (propia o del otro) pierden fuerza a través de ese ejercicio colaborativo que, mediado por el robot, es posible para todos.  

Los robots sociales pueden cumplir también el papel de intermediarios entre las personas con y sin discapacidad. Esto es particularmente útil para los niños con trastorno del espectro autista ya que, para ellos, es más fácil interactuar con máquinas que con humanos. Los robots pueden ser programados para realizar tareas que permitan la inclusión de estos niños en el plan pedagógico regular. Incluso, utilizamos robots móviles que, paulatinamente, ayudan a mejorar la sociabilidad de niños con autismo. El robot constituye un intermediario, sí, pero así mismo representa un primer paso para aumentar su disposición social: lo logra primero con la máquina (robot) y luego le resulta más fácil hacerla extensiva a los humanos. 

Las mediaciones posibles son muchas. La idea es que las personas con discapacidad, a través de la tecnología, puedan mejorar su comunicación con el mundo, sus posibilidades de aprendizaje, su capacidad cognitiva y que tengan mejor interacción social. Ahora también estamos utilizando robots para la interacción con niños con síndrome de Down. 

¿Qué características particulares tienen estos robots que ustedes desarrollan para el trabajo con niños con síndrome de Down? ¿Por qué su uso puede ser más efectivo que otras tentativas de interacción?

Al robot que tenemos en el laboratorio se le está incluyendo un sistema de proyección multimedia que permite proyectar en el suelo videos de “juegos serios” (serious games). La idea es atraer a los niños con síndrome de Down y lograr que participen en estos juegos de rehabilitación. Así se puede contribuir a mejorar la hipotonía muscular, típicamente presente en estos niños. Las cámaras de video incorporadas al robot pueden medir los parámetros que indican los ángulos de los segmentos del cuerpo del niño y así conocer el progreso de su rehabilitación. 
En general, los robots en el aula motivan a los niños, estimulan su atención, generan interés en el desarrollo de las actividades y eso constituye una enorme ventaja pedagógica.

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Hablemos ahora de las interfaces de comunicación e interacción, por ejemplo las BCI, y sus beneficios…
En nuestro laboratorio desarrollamos interfaces para comunicación y para accionamiento de sistemas de ayuda mediante alguna señal voluntaria, como parpadeos, movimiento del globo ocular, movimiento de cabeza, soplido/succión, e incluso, sí, a través de patrones cerebrales (interfaces cerebro-computador o BCI, en inglés). 

+Lea: Inclusión de estudiantes en el aula regular para estudiantes con “Altas Capacidades” y “Discapacidad”

¿Cómo funcionan exactamente las interfaces BCI y qué aplicaciones tienen?

Las interfaces cerebro-computador extraen, a través de electrodos posicionados en la corteza cerebral, patrones que se pueden decodificar y ser utilizados para controlar o bien dispositivos, o bien interfaces de comunicación (son útiles para las personas que no tienen la capacidad de emplear otros tipos de señales propias). También se las puede usar, por ejemplo, para conocer los patrones cerebrales asociados a las emociones (lo que es de mucho interés para personas con el trastorno del espectro autista o con fobias). Por otra parte, estas interfaces también pueden medir el grado de atención de los niños en el aula, lo que está directamente asociado al aprendizaje.

¿Las políticas de accesibilidad educativa de los discapacitados en Latinoamérica deberían incluir criterios tecnológicos de implementación?

Estoy seguro de que sí. La disponibilidad de soluciones tecnológicas para apoyar a las personas con alguna forma de discapacidad en su proceso educativo debería ser un objetivo prioritario de estas políticas. La tecnología permite aumentar su participación, su bienestar y el éxito en su propósito de integrarse a las dinámicas sociales. Así que sería de vital importancia que los decisores y las entidades relacionadas con la discapacidad fijaran objetivos y prioridades claros y dotaran a las instituciones educativas con apoyos tecnológicos y con capacitación para atender a esta población y garantizar su inclusión, así como la calidad y la pertinencia de su proceso educativo.

Desde su perspectiva, ¿qué cambios estructurales, tecnológicos y pedagógicos son necesarios en una institución educativa regular para incluir a los discapacitados?

Lo primero sería la accesibilidad completa a los espacios, seguida de la inclusión de las varias tecnologías de asistencia que permitan suplir las necesidades de las personas con discapacidad. Pero, además, hay un factor cultural, un imaginario que hay que desmotar con respecto a la discapacidad misma. Pienso que todos los niños (discapacitados y no discapacitados) deberían tener, desde muy temprano en su vida, la oportunidad de convivir ya que solo así les parecerá normal interactuar. Y la discapacidad tan solo será un aspecto diferencial entre muchos otros. Superado ese primer obstáculo de la inclusión social, las tecnologías y las disposiciones organizacionales deben estar presentes para mediar en la efectividad de esas interacciones.

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Este artículo pertenece a la Revista Internacional Magisterio 101 Discapacidad en la escuela: Mitos, realidades  y oportunidades 

Foto de Adobe Stock