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Tres retos de la educación colombiana para 2025

Magisterio
02/05/2017 - 11:15
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Foto de Alberto Hugo Rojas. Tomada de Flickr

1. Ambientar la educación en la cultura política y económica colombiana

En esta cultura aún no se ha ambientado la educación como la inversión pública más rentable, sino que sigue entendiéndose como un rubro engorroso del gasto público que debe recortarse al primer guiño del Fondo Monetario Internacional o del Banco Mundial. La inversión masiva en la educación sigue estando ausente de los programas de los candidatos presidenciales y en los documentos de Planeación Nacional. Los Conpes de educación son apenas esquemáticos, y el documento Visión Colombia 2019 es decepcionante en materia de educación, pues no se compromete ni siquiera a “más de lo mismo”. Margarita Peña Borrero ha hecho una propuesta valiosa para completar el documento Visión Colombia 2019, pero si los políticos y los economistas, el Ejecutivo y el Legislativo y, en particular, Planeación Nacional y el Ministerio de Hacienda siguen considerando la educación como gasto y no como inversión, no se logrará gran cosa ni con locomotoras ni con barcos; ni siquiera se podrá construir el metro. A lo más podremos seguir financiando estudios preliminares.

 

2. Articular la cobertura con la calidad

La mal llamada Revolución Educativa del pasado gobierno no tuvo nada de revolución y mucho de deseducativa. Era un plan de cobertura “sin inversión adicional”, como lo dijo expresamente el entonces candidato y ahora senador. No tiene mucho sentido reclamar que sí cumplió con la meta de abrir un millón y medio de cupos nuevos en la educación básica y media en los cuatro años del primer gobierno del presidente Uribe, si la Contraloría nos dice que la deserción en ese mismo período se sitúa hacia los 760.000 alumnos anuales2, o sea en unos tres millones en los mismos cuatro años. Así, ¿para qué cupos nuevos? No puede decirse simplemente que esa deserción se debe únicamente a problemas económicos de las familias. En las encuestas de la década del 90, cuando la crisis era mayor que ahora, cerca del 30% de las deserciones se debían a percepción de inutilidad y aburrimiento con los estudios. No sirve gran cosa un cupo nuevo en primaria si quien llegue a ocupar ese cupo no encuentra suficiente calidad en la educación secundaria y media para que él mismo no vaya a querer salirse pocos años después por la insatisfacción que siente. Sin mucha calidad adicional no es pues posible ni siquiera lograr las metas de cobertura y, por ello, aunque se llegara a la cobertura total en primaria, las cifras de cobertura en secundaria y media se han estancado o han retrocedido.

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3. Pasar de la enseñanza y la evaluación por objetivos específicos y por indicadores de logro a la enseñanza y a la evaluación por competencias

La apuesta por la calidad se ha centrado en la publicación de estándares básicos de competencias y en la aplicación de pruebas masivas que intentan medir competencias. El Ministerio de Educación pretende que el llamado “círculo de calidad” se cierre en estos tres frentes: estándares, pruebas, y planes de mejoramiento. Pero para mí eso es apenas un triángulo. En un documento que escribí como introducción a los estándares de matemáticas y lenguaje, expliqué los seis factores mínimos que permiten garantizar que los estándares y las pruebas actúen positivamente en la calidad de la educación en cada aula y cada colegio y, en particular, en la transformación de la enseñanza y la evaluación hacia las competencias: los estándares, las pruebas, la formación continuada de los docentes, la dotación escolar, y los planes de mejoramiento, pero con planes de apoyo a dicho mejoramiento. Si sólo se actúa sobre tres de los seis lados de este hexágono, el efecto es mínimo. En particular, y adelantándome al reto siguiente, sin planes de apoyo a los planes de mejoramiento de los colegios, sin dotación adicional y sin formación continuada de los docentes, no van a funcionar los planes de apoyo, los desempeños en las pruebas seguirán siendo muy bajos, y no se transformará la enseñanza y la evaluación por objetivos y logros hacia la enseñanza y la evaluación por competencias, peor aún, si –como está sucediendo– las pruebas no se van transformando de acuerdo con los 26 estándares básicos de competencias; poco logra el Ministerio al publicar los estándares si el Icfes no cambia las pruebas, y si no se reajustan periódicamente los estándares de competencias y, a su vez, de nuevo las pruebas.

 

Título tomado del libro: La calidad de la Educación bajo la lupa. Autor: Julián de Zubiría (Comp.). pp. 25-27

 

Foto de Alberto Hugo Rojas. Tomada de Flickr