Moneda

Síganos

Tu carrito

Tienes (0) productos $0
ANUNCIO
web_banner_magisterio_1115x116_sexista.png

Un deseo común entre el artista educador y el curador educativo

Magisterio
07/05/2020 - 13:00
0
Foto de Adobe Stock

El rol del curador educativo es el de reinventar propuestas partiendo de las fronteras físicas, temporales e ideológicas que envuelven a la educación y al arte como dos grandes estructuras que dan encuentro a otros lugares, sistemas, problemas, modos y gestos; para crear plataformas tanto temporales como permanentes en las cuales se generen resultados, seguimientos, diálogos y nuevas estructuras, considerando la fortaleza del lado humano del uno, del otro y del nosotros. 

 “Hasta hoy, en el sistema de enseñanza pública brasileña, cuando se abren plazas para la disciplina de artes, no pueden ser ocupadas por un artista.” (p. 254). En Ecuador hay un fenómeno distinto pero que “desemboca en el mismo río”. 

Recomendamos el curso virtual:  Inteligencia Emocional para padres y educadores

El artista-educador debería ser aquella persona que en la escuela contribuya a vivificar las zonas de recreación y de tránsito, cruzar fronteras entre los departamentos administrativos y los académicos, los espacios funcionales, los muros, las aulas. 

Si bien es cierto que, desde hace un par de años se empezó a impartir artes como una asignatura más en las escuelas y lo que se hacía era reubicar a profesoras de manualidades, hoy por hoy, es estrictamente necesario que quien postule para un puesto de profesor de Cultura Estética, tenga formación en artes visuales y conocimientos aceptables sobre música, danza, teatro, cine, sonido, baile y otros. Sin embargo, los procesos de evaluación no son los mismos (no en cuanto a rangos, sino en cuanto a la importancia que se les da a los resultados). 

Con el nuevo sistema educativo, es casi imposible que un alumno pierda el año, y es más impensable aún, que puedan correr riesgos en una asignatura tan subjetiva como artes. Un artista-educador que pretenda adaptarse al sistema educativo, deberá utilizar las mismas fórmulas y cálculos que utiliza el profesor de matemáticas para darle un valor cuantitativo a los resultados obtenidos de cada estudiante, con la diferencia de que sus parámetros deben ser menos exigentes, casi imperceptibles. En otras palabras, es impensable que en la asignatura de artes un alumno obtenga un resultado de 5-6/10 sobre los aprendizajes requeridos. 

Por otro lado, si un artista-educador decide no sujetarse al sistema educativo, no evaluará los procesos ni los resultados en el aula, sino aspectos como la asistencia a clases, materiales completos, orden, etc. Aspectos que contemplan una mejor organización de las clases y que evalúan un valor (responsabilidad) en el alumno,  mas no se enfocan en el criterio que se está desarrollando en los niños y jóvenes en cuanto a sociedad, cultura y actividades artísticas. 

+Conozca los cursos virtuales y registre sus datos AQUÍ

Es interesante pensar en la figura del curador con formación de artista y el pensar en el artista con formación de educador. Si buscamos conexiones educativas y  humanas, me parece sensato que el curador parta de la idea de que él debe estar en constante proceso formador y auto educador, como lo mencionaba Hoff citando a Luis Camnitzer, es un intercambio de saberes, o de ignorancias, una búsqueda de colaboración. Es ahí donde el público va definiendo el quehacer del curador. 

ANUNCIO
banner_web_rim_digital.jpg

La fragmentación de la que se habla entre arte y educación, la vivimos en el espacio que hay entre aula y aula. Las conexiones y las redes que se deberían tejer en el museo, son las mismas  que se deben tejer en la escuela y en el colegio, y en consecuencia, también entre las diferentes instituciones. Tanto la escuela como el museo están insertados en la sociedad y yuxtapuestos con la familia, el barrio, la historia de los espacios y la actualidad. Un inconveniente también es que se pretende encajar de forma forzada al arte en un aula, hablando físicamente (y en todo sentido, en realidad)  de un “aula de artes”. El artista-educador debería ser aquella persona que en la escuela contribuya a vivificar las zonas de recreación y de tránsito, cruzar fronteras entre los departamentos administrativos y los académicos, los espacios funcionales, los muros, las aulas. 

Tanto el público como el curador y los colaboradores de la muestra son parte de una comunidad y lo que nos une es ese cable a tierra que nos involucra unos con otros y nos permite medir intuitivamente (y objetivamente también) necesidades de los espacios y de los que habitan o transitan en ellos. 

En el 2011, en mi país, fue cuando las escuelas empezaron a modificar su visión hacia el arte y sus lenguajes. Fue un año en el cual tuve la oportunidad de vivir de cerca un proyecto que tenía una visión distinta: la presencia del artista como generador de proyectos interdisciplinarios en la escuela. El involucramiento que se veía por parte de los alumnos y demás maestros era maravilloso, fluía de forma natural pero, lastimosamente, eran necesarios los valores cuantitativos y el cumplimiento de los deberes administrativos que implica un programa escolar, y esta propuesta no perduró. 

“A rigor, si el arte es esencialmente un proceso pedagógico, entonces toda curaduría es educativa. Infelizmente, en general, esto sólo funciona como hipótesis.” (p. 257)

Quizás los proyectos, las muestras, las bienales, puedan iniciar con esta idea de ser procesos pedagógicos. Pero en la práctica, si vas perdiendo el redil, si no vas y vuelves a lo primero, quizás te des cuenta de que fuiste demasiado flexible a la hora de encontrar nexos, buscaste “sinónimos” donde no había y lo que llegó ante el público fue un gran cúmulo de objetos, obras, papeles que no se “guardan la espalda” entre sí. Y cuando me refiero a volver a la idea primera, también contempló el hecho de que esta idea primera sea el “dejarse llevar”. Retomando el inconveniente de “forzar” los discursos y los planteamientos, uno de los mayores intereses cuando realizamos un proyecto museológico y/o educativo es el no repetir modelos pasados que han evidenciado el error; en nuestro afán intentamos forzar el proyecto hacia una disciplina o hacia la interdisciplinaridad que dominamos, lo cual puede ser honesto, pero no por ello una fortaleza a considerarse en los objetivos, optamos por el gusto y abarcamos más de lo que podemos apretar. A veces, resulta volver a la idea original, y siempre argumentar y verificar. 

Para mí, Constancia es la palabra. 

El anterior artículo es tomado de la web Nodo Cultural para visitar el contenido original haga click en el siguiente enlace: Un deseo común entre el artista-educador y el curador educativo 

Foto de Adobe Stock