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Un parque temático para el aprendizaje

Magisterio
12/10/2018 - 15:00
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Northern Beaches Christian School
Sídney es una ciudad espectacular. Nuestro lado del mundo es su otro lado. Pensar en quién se ha movido y hacia dónde depende siempre de la posición de la que se parta. Por eso, mirar un mapa de la Tierra en Sídney es descubrir una perspectiva completamente nueva.
La Northern Beaches Christian School no tiene la estructura que se espera de una escuela. No se trata de un gran edificio alto, donde en una planta tras otra las clases se suceden organizadas por cursos o por edad. Tampoco es un edificio alargado, donde las clases siguen el mismo orden pero en dirección horizontal. Esta escuela es un valle de enormes aulas. Quiero atravesar un gran salón con paredes de cristal. Un cartel que me recibe colgado en la puerta despierta mi curiosidad: The Zone.
Al cruzar el umbral, tengo que frotarme bien los ojos y comprobar que sigo despierto: el aula es enorme. Puedo estar ante unos cien niños de 11 y 12
años trabajando solos, por parejas o en grupos de tres. Los niños han conquistado el espacio buscando un lugar para aprender. El conjunto escenifica una amplia selección de posturas en un escaparate disparatado. Algunos trabajan en forma de croqueta, otros bien rectos, hay incluso quien se ha hecho un rebujo... Ocupan sillas, mesas, sillones, cojines, pufs, sofás o el propio suelo de moqueta. Todos están allí, de eso no cabe duda, se oye el sonido de su trabajo, de las conversaciones, de las mentes incubando y tecleando en el ordenador... Es el sonido de los cerebros en ebullición. Pero, desde luego, lo que no se escucha es el estruendo que se esperaría al tener cien niños juntos en un espacio así… ¡y mucho menos aprendiendo!
Atento a las palabras, me llama la atención el uso que los alumnos hacen de verbos como definir, analizar o evaluar. «Esta actividad consiste en describir las características de un animal de cada taxonomía», le dice una niña a otra, «no en definirlo», completa. «¡Ah, es verdad! ¡Pues mejor! Ya estaba cansada de tanta definición...», le responde. Los verbos crear, comparar, clasificar, seleccionar, desarrollar, explicar, ordenar... aparecen con frecuencia en las conversaciones y se reflejan en actividades de distinta naturaleza.
Por lo que intuyo, cada alumno está ocupado en una actividad diferente. Observo a los profesores y cómo se mueven entre los niños. Hablan con cada uno de ellos mientras atienden a las preguntas con las que otros se acercan. Veo que guían el trabajo de cada alumno dándole indicaciones acerca del tiempo, la calidad del producto final en cada actividad o los objetivos. De nuevo, verbos como definir, organizar, clasificar, ordenar o crear inundan las conversaciones. Sin embargo, su representación es muy variada. Hay quien escribe un texto, quien crea un organizador gráfico y quien escucha música en sus auriculares. De algún modo intuyo que las inteligencias múltiples también se han hecho un hueco en esta aula. Todo está conectado.
Aulas y escuelas personalizadas
Gracias a la experiencia de Sídney, o al modelo de inteligencias múltiples de Barcelona, hemos comprobado cómo es posible diseñar una programación
didáctica, variada en actividades, logrando que los propios alumnos sean quienes eligen y se mueven con autonomía guiados por el asesoramiento del profesor. El orden de la presentación de los contenidos en los documentos oficiales o en los índices de los materiales no puede ser el único criterio que guíe nuestra programación. Solo compartiendo la autonomía con los alumnos en el aula existe la posibilidad de rediseñar el contenido curricular, de acuerdo a patrones de graduación variados y lógicos para el grupo y la persona con la que trabajamos en cada momento. El profesor diseña experiencias donde expone los objetivos a alcanzar, las herramientas de evaluación y los productos para cada actividad, pero concede al alumno la autonomía de elegir su propio itinerario de aprendizaje compartiendo decisiones educativas del día a día en el aula.
Ocupan sillas, mesas, sillones, cojines, pufs, sofás o el propio suelo de moqueta. Todos están allí, de eso no cabe duda, se oye el sonido de su trabajo, de las conversaciones, de las mentes incubando y tecleando en el ordenador...
Un aula del siglo XXI es un aula emocionante. Un aula donde aprender, descubrir, organizar y transformar tanto el mundo que nos rodea como a nosotros mismos, es divertido, estimulante, esforzado, retador, apasionante y no confunde aprendizaje con repetición y olvido sino con comprensión, creación, creatividad y sentido. En esta aula, el profesor es un diseñador de experiencias de aprendizaje. Organiza el contenido de acuerdo al orden que logra una mayor implicación de los alumnos, negociando tiempos, modos y herramientas en un proceso puesto al servicio del desarrollo integral, del aprendizaje a lo largo de toda la vida y de la pasión por estar vivo y descubrirte a ti mismo y al mundo en la escuela.
Las escuelas giran en torno al aprendizaje. Un aprendizaje compartido entre iguales, tanto de alumnos como profesores. El destino común del aprendizaje configura una comunidad que trasciende las fronteras de la escuela. De este modo, la enseñanza consiste en el diseño de experiencias que
estimulen el potencial de aprendices y diseñadores, roles que se intercambian por un fin común. En las escuelas21 la enseñanza se empequeñece ante
el protagonismo del aprendizaje.
Estos cambios definen el modelo de educación personalizada de las escuelas que se caracteriza por:
  • Programar contemplando una variedad tanto de métodos y actividades, como en las formas de presentar la información y de evaluar la representación de la comprensión de los alumnos.
  • Integrar estrategias cognitivas definidas acerca de cómo aprender a aprender, animando a los alumnos a pensar sobre su propio pensamiento con objeto de crear una cultura más consciente y ejecutiva del aprendizaje.
  • Integrar estrategias cooperativas entre alumnos que mejoren su motivación y rendimiento y que como veremos más adelante, son claves para la sociedad del sigloXXI.
  • Integrar el conflicto en sus distintas formas de asombro, enigma, reto, pregunta, diálogo o desafío, todos ellas dinamizadoras en la construcción activa del conocimiento y potenciales motivadores.
  • Asegurar la autonomía del alumno en la toma de decisiones sobre su propio proceso, buscando cada vez, modos de lograr una mayor implicación autónoma en el descubrimiento y en la negociación de itinerarios de aprendizaje personal.
  • Diseñar experiencias de aprendizaje donde el contenido del currículo se orienta siguiendo patrones graduales y estructurados, pero que no obedezcan exclusivamente al orden lógico de los contenidos en los documentos oficiales o en los materiales de consulta, sino que atiendan a la integración que resulta del ejercicio de materializar cada uno de estos principios con acciones concretas en la práctica.
Título:Un parque temático para el aprendizaje. Tomado de: Viaje a la escuela del siglo XXI.  Así trabajan los colegios más innovadores del mundo. Alfredo Hernan Calvo. 2015 Madrid. España. pp 45-47.
 

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