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Una buena educación

Por Domingo Araya
Magisterio
15/12/2016 - 16:15
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Foto de Teens4unity. Tomada de flickr

Nos dice Montaigne: De buen grado vuelvo a esa idea de la inepcia de nuestra educación. Ha tenido como fin hacernos no buenos y sensatos, sino cultos: lo ha conseguido. No nos ha enseñado a perseguir y a abrazar la virtud y la prudencia, sino que nos ha grabado la derivación y la etimología. Sabemos declinar virtud aunque no sepamos amarla; si no sabemos lo que es la prudencia en la realidad y la experiencia, lo sabemos por definición y de memoria... Una buena educación cambia el juicio y las costumbres...

 

Casi nada de lo que estudiamos sirve para hacernos mejores y para tener una personalidad bien estructurada, equilibrada y sensata. Lo verdaderamente importante no se enseña en las escuelas ni tampoco en los hogares, por lo que tenemos que improvisar y equivocarnos permanentemente. Los errores producen sufrimientos sin fin y muchas veces nos llevan a la desesperación.

 

Un carácter bien educado es el del virtuoso y prudente, muy difícil de encontrar entre los seres humanos considerados normales. Muchas veces sabemos con el intelecto pero no con toda la personalidad, por lo que no procedemos en consecuencia. Nos cuesta mucho cambiar, permanecemos aferrados a costumbres y a esquemas fijos.

 

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+Lea: El arte de ser una buena persona

 

Para poder cambiar hace falta un arduo proceso educativo y la ayuda de un guía que esté educado, con capacidad para mover y ordenar nuestra energía psíquica. Lo difícil es encontrar a ese maestro, identificar nuestros fallos y estar dispuesto a cambiar.

 

No es la suerte la que nos lleva a ese cambio, sino el esfuerzo sincero y perseverante, una férrea disciplina que cree el hábito de la virtud. La acción virtuosa es la propia de un carácter noble, el cual, a su vez, se hace con esas acciones.

 

Cada uno es responsable de lo que es y de cómo actúa. Somos autodidactas, es decir, nuestros propios educadores. Nos podemos ayudar de las aportaciones que los grandes espíritus de la historia humana nos han ofrecido pero, en última instancia, todo depende de nosotros mismos.

 

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Las instituciones de enseñanza no educan de verdad y los educadores no están educados; esta es la tragedia de la humanidad. Por el momento, para no caer en la desesperación, conviene que seamos nuestros propios maestros y rompamos así el círculo vicioso de la ignorancia. Autodidactas, debemos procurar formar bien nuestro carácter y no acumular una vana erudición. Nada es tan importante como ser los autores de nuestra propia obra, nuestra existencia. Así, seremos los artistas creadores de nuestra personalidad y de todo lo que hagamos en el mundo.

 

Título tomado del libro: Filosofía para vivir mejor. Autor: Domingo Araya. pp:119-121

 

Foto de Teens4unity. Tomada de flickr