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Violencia en contra de las mujeres y de género en las instituciones de educación superior del distrito federal y área metropolitana.

Por Alicia Estela Pereda Alonso
Magisterio
22/02/2018 - 10:15
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Foto de pressfoto. Tomada de Freepik

Postular la equidad de género en educación refiere a la igualdad de oportunidades de acceso y permanencia de las mujeres en los distintos niveles de enseñanza, a la ausencia de discriminación por sexo en la oferta de profesiones; a la presencia femenina en cargos jerárquicos y puestos de toma de decisiones, y a la representación equilibrada de varones y mujeres en las distintas posiciones y niveles del sistema educativo. Sin embargo, existe una dimensión de la equidad de género que no siempre resulta evidente ni suficientemente atendida, es la que se vincula con los procesos de socialización que definen modos diferentes de inserción social, económica, laboral y de construcción de ciudadanía para varones y mujeres.

 

La equidad de género como meta de la educación no sólo exige revisar los roles de los varones y las mujeres, y formular una crítica a la valoración social de los mismos; también requiere cuestionar los medios a través de los cuales se reproducen la desigualdad y la subordinación de las mujeres, pero también, de los varones que se distancian de los modelos de masculinidad dominantes; entre estos medios destacan las distintas “violencias” que se concretan en la cotidianidad de las escuelas.

 

Una de las dificultades para prevenir y atender la violencia de género es la escasa información y visibilidad del fenómeno; otra, la ausencia de formación de las y los profesiona-les de la educación para abordar esta problemática; además, la ausencia de respuestas institucionales adecuadas para brindar acompañamiento personalizado, tanto a las víctimas como a los agresores. Por último, tampoco existen mecanismos institucionales de contención para las y los docentes que se comprometen o se ven involucrados en esta problemática.

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A estas dificultades se suman los problemas teóricos para conceptualizar el fenómeno. Así, a partir de los años noventa del siglo XX, la expresión “violencia de género” ganó presencia en la academia, en los medios de comunicación y en el discurso político, y desplazó a nociones como “violencia sexual” y “violencia en contra de las mujeres”, acuñadas previamente. El concepto “violencia sexual” surgió en los años setenta en el mundo anglosajón, para estudiar las formas de reproducción de la subordinación femenina y, en la práctica política feminista, se centró en los actos contra la integridad sexual de las mujeres. La noción “violencia en contra de las mujeres” surgió a mediados de los años ochenta del siglo XX, entre las feministas de los países del Tercer Mundo, para evidenciar que los proyectos de desarrollo que apelaban al protagonismo de las mujeres podían acarrear, como consecuencia perversa, un incremento de la violencia en contra de ellas (Riquer Fernández y Castro, 2006).

 

A mediados de los noventa, surgió la expresión “violencia de género”, definida por la Asamblea General de las Naciones Unidas como: “Todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada”.

 

Esta revisión de conceptos muestra que el nexo entre “violencia” y “género” posee su epicentro en un sujeto: las mujeres. Sin embargo, la adopción de la perspectiva de género implica considerar el carácter relacional de esta categoría. Así, hablar de “violencia de género” implica centrar la mirada en una modalidad de ordenamiento de las relaciones sociales que ubica a los sujetos en posiciones jerárquicas desiguales con base en argumentos sexistas, es decir, aquellos que sostienen la supremacía de los varones que se aproximan a los modelo de masculinidad dominante en sus respectivos contextos de interacción, y en la legitimidad del uso de distintos medios, entre ellos la violencia, para sostener esa posición (Connell, 1997).

 

Para conocer el texto completo: http://www.comie.org.mx/congreso/memoriaelectronica/v11/docs/area_17/1222.pdf

 

Este artículo se publica gracias a la alianza de contenidos entre el Consejo Mexicano de Investigación Educativa y la Editorial Magisterio

 

 Foto de pressfoto.  Tomada de Freepik