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Welcome: aulas de inmersión, una oportunidad para comunicarnos en inglés

Magisterio
22/05/2019 - 10:30
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Foto de Flickr
Hace unas semanas, al finalizar la clase del Proyecto Aulas de Inmersión, acompañé a los estudiantes como de costumbre hasta la puerta principal del colegio para que se fueran a su casa. Durante el trayecto comencé a hablar con Michael, uno de quienes llevan más años participando en el proyecto. Él, al igual que otros alumnos, ha sido constante; empezó a asistir cuando estaba en grado tercero en 2016. 
Este tiempo ha sido tan especial que ha pasado muy veloz; los estudiantes empezarán su bachillerato el próximo año. Es triste verlos partir, pero a la vez gratificante saber que llevarán consigo herramientas que les servirán para su vida. Hoy, después de tres años, en la clase estuvimos cantando “Rio” y “Power”. Hacia bastante que no lo hacíamos porque se había dañado el video beam. Afortunadamente ya se pudo usar de nuevo. Utilicé el tablero inteligente para que los estudiantes pudieran seguir la letra de “Rio”  y a continuación puse la segunda canción en modo de baile. Ellos, además de cantar, también bailaron tratando de imitar a los personajes que se veían en el tablero. Esta actividad nos trajo recuerdos tanto a quienes han estado varios años en el programa, como a mí.  
Al recordar los tiempos pasados, emergió en mí un sentimiento mezclado de nostalgia y alegría. Recordaba cuando nos sentábamos a planear con los profesores extranjeros y hacíamos la clase en parejas, es decir co-teaching. Al preguntar a Michael sobre lo que él pensaba acerca de lo que hicimos al finalizar la clase, me miró con sus ojos grandes, negros y vivaces y me dijo: “Fui tan feliz en grado tercero cuando hacíamos la clase con música, danza, juegos. Utilizábamos el tablero inteligente y nos acompañaban personas de otros países”. Yo le dije: “Sí, Michael, es bueno recordar y recrear esos espacios que nos traían tanta alegría”. A continuación le pregunté: “¿Dime, Michael, además de sentirte feliz, sientes que aprendiste algo?”. Me miró con expresión de satisfacción y orgullo y me dijo: “Teacher, cuando tengo clase con la profesora de la tarde siento que sé más que otros estudiantes, incluso sé más que la niña más juiciosa, quien me hace preguntas cuando estamos en la clase de inglés”. 
Usted se preguntará por qué dos profesores de inglés. Lo que sucede es que los niños que tienen clases en su horario habitual en la tarde, y que desean aprender más, asisten en la mañana a clases dos veces a la semana. En la tarde la clase la dicta la directora de grupo, que debe dar todas las áreas y que no es especializada en inglés, y algunos periodos asisten también practicantes de una universidad. Es de resaltar que los estudiantes vienen al aula porque quieren aprender más. Ellos sacrifican su tiempo, que podrían utilizar para dormir hasta más tarde, para jugar, leer, etc., y deciden venir al aula de inmersión.  
Lo hice porque a pesar de tener un pregrado en Idiomas sentía que me faltaban herramientas para lograr que los estudiantes se enamoraran de esa lengua. Notaba que si seguía con las prácticas de siempre los resultados serían los de siempre, y quería más, no me conformaba con que unos pocos aprendieran, quería lograr que la mayoría lo hiciera.
En general quienes vienen son chicos especiales, muy interesados en aprender y que han incorporado el espacio de aprendizaje del inglés en sus agendas, aunque refieren que lo que menos les gusta del programa es tener que madrugar. Para los padres tampoco ha sido fácil, muchos se van a sus trabajos y deben buscar a alguien que traiga a los niños al colegio. No obstante, hacen su mejor esfuerzo y envían a sus hijos. A los más pequeños los llevan sus acudientes y los más grandes llegan solos. Ya los padres valoran este espacio y son testigos de los resultados de este proyecto. 
El compromiso de estas personas con la educación de sus hijos me recuerda a mi padre. Comencé la escuela a los siete años, tenía una gran motivación por aprender, siempre la he tenido, porque en mi infancia a mis tres hermanos y a mí nos decían que la mejor herencia que nos podían dejar era la educación. Todos estudiamos en el Liceo Santa Teresita, un colegio privado de gran prestigio en El Socorro, Santander. Mi padre trabajaba en el colegio aunque solo al final del año, pues era maestro de construcción y pagaba parte de nuestra educación pintando y arreglando cada año el edificio. A pesar de que él sólo había hecho tres años de primaria, me enseñó cosas básicas y yo empecé cursando primero de primaria, no hice preescolar. Mi padre nos animaba para que fuéramos muy buenos estudiantes, nos decía que si lográbamos ser becados, tendríamos un dinero extra para nuestras vacaciones. Mi hermana mayor y yo solíamos ganar las becas y teníamos como aliciente, además de aprender, el poder viajar y conocer nuestro país. Fue así como mis padres nos motivaron a todos a estudiar y logramos ser profesionales en diferentes áreas.  
Estudié Licenciatura en Idiomas en la Universidad Industrial de Santander, que es pública. Allí tuve mis primeras experiencias como profesora de inglés en el Instituto de Lenguas de la Universidad, las coordinadoras eran profesoras innovadoras que amaban su profesión. Siempre nos estaban capacitando más, había observaciones de clases y nos evaluaban para asegurarse de que los docentes en práctica tuviéramos muy buen nivel. Hoy en día reconozco que fuimos privilegiados al haber podido graduarnos y haber tenido previamente un año de experiencia.
Después de graduarme trabajé como profesora de inglés y de francés en bachillerato en un colegio privado. Estando allí empecé a estudiar en la Universidad Santo Tomás de Aquino la Especialización en Docencia Universitaria. Después decidí viajar a la capital del país y estudiar una maestría en Didáctica de la Enseñanza del Inglés. Lo hice porque a pesar de tener un pregrado en Idiomas sentía que me faltaban herramientas para lograr que los estudiantes se enamoraran de esa lengua. Notaba que si seguía con las prácticas de siempre los resultados serían los de siempre, y quería más, no me conformaba con que unos pocos aprendieran, quería lograr que la mayoría lo hiciera. Me daba cuenta de que mis conocimientos eran limitados y que los estudiantes de este siglo requieren profesores actualizados, capaces de usar las herramientas que son familiares para ellos y que les atraen, entonces fue cuando me decidí a estudiar la maestría.
Durante ese posgrado pude identificar que el maestro del sector público tiene menos posibilidades de contar con los recursos adecuados, como por ejemplo libros, aulas especializadas, laboratorios y material didáctico, entonces se necesita ser más recursivo, creativo y pensar en crear nuestros propios materiales o conseguirlos mediantes donaciones. A su vez, necesitamos crear ambientes diferentes a los tradicionales para que los estudiantes puedan tener en la clase más oportunidades de aprendizaje de la lengua extranjera, y de conocer países donde se hable inglés, pues generalmente no tienen la oportunidad de viajar.  
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Este texto fue construido en el “Taller de escritura Voces y Saberes: una oportunidad para comprender, fortalecer y hacer visibles experiencias innovadoras” llevado a cabo entre el 3 de julio y el 18 de octubre de 2018. El programa formativo fue seleccionado por la Secretaría de Educación de Bogotá para ser parte del banco de propuestas de formación permanente de docentes.
Si desea conocer más de la propuesta formativa escriba a: vocesysaberes@gmail.com
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