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¿Y del embarazo adolescente quién habla?

Por Paola Andrea Roa
Magisterio
07/03/2018 - 12:15
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Foto de 4045. Tomada de Freepik

El fenómeno del embarazo adolescente en la escuela puede ubicarse en el contexto de la educación sexual. ¿Por qué? Aunque la respuesta parezca obvia, para encontrar las razones que ubican al embarazo en este contexto, es pertinente reflexionar sobre la normalidad de tal relación, la cual puede estar enmarcada desde tres ámbitos: el pri­mero, relacionado con el hecho reproductivo que vincula la sexualidad y el embarazo; el segundo, en todas las connotaciones que trae el proceso antes, durante y después del embarazo a nivel personal en la mujer, y el tercero, en las representaciones de embarazo que construyen las adolescentes y en las que están presentes en los medios. En todos estos ámbitos están inmersos varios aspectos que constituyen la concepción hegemónica de sexualidad (relaciones de pareja, afecto, emocionalidad, entre otras).

Las diferentes definiciones de sexualidad, de educación sexual y de embarazo adoles­cente en el contexto escolar dan cabida a varias interpretaciones, trascendiendo en la mayoría de los casos el plano reproductivo. Sin embargo, las actitudes de maestros y en sí los mecanismos de la escuela, responden a esta pregunta al establecer el em­barazo adolescente como una problemática personal, social y educativa que si bien va más allá de lo reproductivo, paradójicamente, se trata en la cotidianidad escolar dentro y fuera del aula, desde lo biológico y lo moral, refiriéndonos específicamente a los medios normativos y los instrumentos didácticos –cuando existen–.

+Lea: Deserción escolar y embarazo adolescente

En este sentido, es importante pensar en los maestros, en cómo comprenden y asumen el fenómeno del embarazo adolescente y la educación sexual. La pregunta inicial para dar lugar a esta disertación se relaciona con el ser y el quehacer del maestro: ¿quién es un maestro?, ¿qué características tiene?, ¿qué hace? Y las respuestas nos remontan a la construcción que se ha dado en el trasegar por la educación y la reflexión de sí mismos en el hacer investigativo.

En consecuencia, se ha asumido al maestro como sujeto capaz de mirarse a sí mismo, de construir otras miradas, otros sentidos, de reproducir su discurso en su práctica, de problematizar su ser y su hacer, haciendo de la investigación parte de su cotidianidad, que está en la posibilidad de reconocer la existencia de otros y de forma relevante que intencionadamente posibilita que esos otros se miren a sí mismos, más allá de las categorías convencionales, a lo que le subyace una postura ética y política.

Tales afirmaciones le brindan la posibilidad al maestro de posicionarse más allá de la transmisión y la repetición de conocimientos; se ubica como sujeto capaz de hacer y construir, de ser más que un simple reproductor de los elementos que el poder pone en juego, y de hacerse dueño de dicho poder. Pero, ¿poder para qué?, y alguien diría: “poder para poder”, y aquí el poder se entiende desde lo político, desde las posibili­dades que el maestro tiene de reproducir cultura, y donde el maestro, a partir de su ser ético, construye convicciones una vez reflexiona sobre sí mismo, rompe, deshace, reconstruye sentidos y se constituye como sujeto que se mira y es consciente de lo que sucede cada vez que cierra la puerta y pronuncia una palabra, de lo que genera en esos otros, en lo que puede potenciar o coartar, mantener o transformar. Así, el maestro en su práctica puede ceder dicho poder, posibilitando que esos otros intencionadamente se piensen, se miren y se constituyan, mas no sean solo reproductores de lo impuesto.

+Lea: El amor está prohibido en los colegios

En el discurso todo esto es posible, porque como colectivos nos pensamos en términos del deber ser, pero esto cobra sentido cuando se manifiesta en la práctica, cuando el sujeto maestro asume la convicción de mirarse a sí mismo, de problematizar todo lo que le rodea, y genera otras explicaciones para su vida, le posibilita emerger como sujeto fuera de los colectivos instituidos en torno a su ser persona. Visualizarse de otras formas le permite reconocerse fuera de las recetas y los sobre saberes culturales, y reconocer a esos otros.

Sin embargo, la posibilidad de mirarse, de emerger de lo instituido, puede ser remota y azarosa, y muchos de los que se dicen ser maestros en otras denominaciones docentes y profesores, no lo hacen, lo cual no es un problema para ellos y tampoco para la ins­titución y la política del sistema, al contrario se convierte en sus agentes. Por tanto, nuestros profesores al cerrar la puerta repiten lo que la cultura y el poder les imponen acerca de asuntos tan relevantes como el conocimiento, las relaciones de género, la educación sexual, la afectividad, los roles y, en general, el ser en el mundo de la vida.

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Pero esta repetición es coherente con la formación de licenciados que se lleva a cabo en las universidades, que indistintamente como la sociedad los quiera denominar (profesor, docente) cumplen el mismo papel y es reproducir cultura, ya que en muchos currículos se sobrevalora el conocimiento científico y se subordina la pedagogía como saber. Así, los encuentros programados no facilitan el reconocimiento del sujeto y el diálogo con el saber, se limitan a la repetición, y no posibilitan la problematización del conocimiento y la mirada del sujeto desde este. De tal forma, el docente en el aula se convierte en un expositor que fácilmente puede ser remplazado por un software, pero que cuando despliega su poder otorgado en la calificación, la vigilancia y su imagen de ejemplo, reproduce las formas de hacer convencionales.

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La integración curricular de la ciudadanía sexual y el enfoque diferencial. Entrevista a Luis Miguel Bermudez. Ganador del premio al Gran Maestro otorgado por la Fundación Compartir en su edición 2017.

No obstante, a estos profesores se les otorga la responsabilidad de educar, y por esto hemos reflexionado alrededor del ser y el quehacer de los mismos, de lo que también hemos sido y por esto nos asumimos como maestros, pues somos conscientes del po­der que tenemos, de las carencias que como sujetos poseemos y por esto asumimos otra forma de vernos, lo que se ha convertido en una forma de vida, más allá de la profesión, el trabajo y la cotidianidad, la permanente reflexión de los que somos, la búsqueda y constitución permanente del sujeto.

Por ello, estamos convencidos de que las instituciones universitarias deben propiciar espacios para la formación de maestros, no de profesores y docentes, porque reque­rimos rescatar a los sujetos, para construir otros sentidos sobre sí mismos. Pero esto lo hacen los sujetos, no el sistema, y por tanto, esta mirada a nosotros mismos (los docentes y el embarazo en la adolescencia) se constituye en la forma de movilizarnos de lo que pensamos debe ser, de problematizarnos y constituirnos como maestros.

Como se ha dicho, alrededor del embarazo en la adolescencia actualmente se han puesto a circular una serie de formas de verlo, interpretarlo y afrontarlo, en lo que se ven inmersos docentes, instituciones escolares, familia y, por supuesto, los propios adolescentes. De esta manera, el embarazo en ese momento de la vida es un problema porque se asume al adolescente como inexperto y carente de madurez fisiológica, emocional, educativa e, incluso, económica.

Título tomado del libro: Ser Madre, Joven y Mujer. Autores: Paola Andrea Roa García, Angélica del Pilar Osorio González, Olga Lucía Riveros Gaona, Sonia Vallejo Rodríguez, Sandra Milena Pérez Medina, Ivonne Rocío Romero Brito. pp. 106-108.

Foto de 4045. Tomada de Freepik