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Yo valgo mucho y tú también

Por Ángela Patricia Basto
Magisterio
14/09/2017 - 15:00
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Foto de Manuel. Tomada de Flickr

Hay una actividad que maravilla y llena de gozo a los niños del grado de pre-jardín de un colegio en el municipio de Cajicá: ellos juegan con personajes que los hacen fuertes y les permiten afrontar miedos, que les abren un espacio para expresar sus sentimientos y les enseñan a ser mejores amigos. Estos personajes, con cuerpos de tela, grandes ojos y pelos desordenados, demuestran a los niños que el amor posibilita todo aprendizaje, les modelan, en un espacio amable, la forma como se deben enfrentar las diversas situaciones cotidianas y les demuestran que, ponerse en los zapatos del otro, promueve las buenas relaciones entre todos, la comprensión y el gozo de vivir la vida.

Palabras clave: Pedagogía del amor, títeres, valores, educación para la paz.

Introducción

Es importante tener la claridad de que más allá de un modismo, la formación integral es un tema de trascendencia en el proceso educativo. Cada niño es un ser único, en continua evolución, en crecimiento (desarrollo físico, emocional y socio-afectivo), propio, sin otro igual, que avanza a su ritmo, según las experiencias, vivencias y contextos personales.

El desarrollo se da integralmente, así en ciertas etapas de la vida, se vean favorecidos algunos procesos antes que otros; lenguaje, pensamiento, movimiento y emociones, van fortaleciéndose juntos, por lo tanto, resulta imposible pensar en potenciarlos por separado.

Siendo así, la educación debe ser entendida como “la relación humana dinámica, abierta, que cultiva la conciencia crítica de los muchos contextos en la vida de los educandos (moral, cultural, ecológico, económico, tecnológico, político etc.)” (Espino, R., 2011). Por tanto, aprender a valorar las fortalezas con las que llega cada uno de nuestros estudiantes, enriquece el aula, permitirles expresarse por medio de sus diferentes estilos y capacidades, en un medio lleno de experiencias de aprendizaje a partir de prácticas lúdicas, activas, significativas, les permitirá desenvolverse como seres integrales, capaces de dar a conocer sus necesidades y de formarse su propio punto de vista.

Para que este aprendizaje con visión holística se dé, es fundamental que nuestras aulas estén impregnadas de amor, ese amor que nos exige acoger a nuestros estudiantes como son y no bajo la perspectiva de nuestros ideales; verlos, realmente, como seres maravillosos, capaces de contagiarnos de su ternura, espontaneidad e incondicionalidad para amar.

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Los niños tienen la capacidad de aprender a vivir juntos, no excluyen, no hacen diferencias, para ellos todos somos iguales y es, desde esta fortaleza, donde debemos actuar. Es hora de dejar de ver solamente niños que aprenden lento, que se comportan mal, que confunden las letras y olvidan todo; dejemos de ver niños que dan problemas, nos ponen a hacer informes y tener largas charlas con sus padres; es hora de hacer visibles a los invisibles, de dar la mano y correr junto a los que siempre están corriendo para lograr los mínimos requeridos en cada contenido académico. Es hora de convertir nuestras aulas en verdaderos circuitos de aprendizaje en los que todos y no solo unos pocos puedan lograr sus metas; se necesita un verdadero revolcón en las aulas que nos permita ver capacidades y fortalezas donde antes solo veíamos dificultades.

Precisamente, en la búsqueda de ese espacio de aprendizaje para todos, no excluyente, fue como observamos la maravillosa interacción entre los niños y los títeres, no pudimos evitar emocionarnos, ni asombrarnos con las interacciones que se presentaban, con los diálogos informales, llenos de ellos mismos, de sus vivencias y sentimientos.

Experiencia

La experiencia que compartiremos a continuación se desarrolla con niños y niñas del grado pre-jardín con edades entre los 4 y 5 años. Es un proyecto lúdico-pedagógico denominado Yo valgo mucho y tú también. Mediante este proyecto se busca que, a partir del trabajo con títeres, los niños:

  • Logren expresar ideas y sentimientos sobre sus vivencias, alegrías, preocupaciones y miedos.
  • Identifiquen el valor de la amistad, se vean motivados a expresar y promover sentimientos positivos entre las personas de su entorno cercano.
  • Reconozcan que son capaces de realizar muchas actividades de autocuidado por sí mismos, sin ayuda de otros.
  • Experimenten sentimientos de confianza y seguridad al sentirse integrados y protegidos en su grupo.

Al encontrarse frente al títere, se ha logrado que los niños de pre-jardín, aumenten sus niveles de atención, mejoren el seguimiento de instrucciones, respeten el turno y la opinión del otro, expresen con tranquilidad sus emociones, ya que ellos, hablan, se ríen, se mueven y ponen a volar su imaginación y fantasía, a través de dichos personajes, siendo casi imposible que permanezcan inmóviles e inexpresivos frente a las historias que ellos les cuentan, historias que los transportan a mundos de sueños en donde todo es alegría y asombro.

Una de las metas primordiales de los niños en el prescolar, es participar y sentirse importantes y valorados por los demás, por tanto, se busca, por medio de los títeres, involucrarlos para que aumenten su sentido de participación, desarrollen habilidades y destrezas para la vida que les permita experimentar a través de su propia vivencia el interés social e ir fortaleciendo su desarrollo afectivo y emocional.

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En la primera etapa del proyecto, se busca que los títeres motiven a los niños para hacer amigos, en esos primeros encuentros se busca, a partir de las interacciones con los personajes, destacar aspectos importantes de la amistad como son: el afecto, el interés por las necesidades del otro, la disposición para ayudar, el respeto hacia las diferencia, es decir, vivenciar en el día a día la frase: Trato a los demás como quiero que me traten a mí, convirtiéndola en un lema con significado y trascendencia para ellos.

Los títeres van dando a los niños algunas ideas para crear un ambiente de amistad, donde las palabras mágicas, se vuelvan parte de la cotidianidad, en donde se aprende a llamar a los amigos por su nombre, no empleando apodos o palabras hirientes para los demás.

Posteriormente, los niños comienzan a crear historias colectivas, en las que se recrean situaciones cotidianas y así, con el ejemplo, demostrarles que cuando aprenden a controlar sus emociones, se relacionan mejor con sus amigos. Así mismo los títeres, a partir de sus historias, enseñan cómo debemos reaccionar para que nuestras acciones no afecten negativamente al otro. Cuando logramos que los niños se regulen, los hacemos más reflexivos y los títeres enseñan a los niños dicha auto-regulación, proceso que se desarrolla en tres pasos que se manejan con la historia: paso uno, los personajes invitan a los niños a respirar cuando sientan que la situación se sale de control y tener un minuto de silencio; dos, los niños expresan con palabras lo que piensan sobre lo que pasó, sobre su reacción, o emoción y, tres, llevan al grupo de niños a que cada uno piense cómo creen que puede solucionarse la situación y qué esperan que el otro haga. Estos pasos se van desarrollando con los títeres y los niños conjuntamente.

Finalmente, se busca comprometer a los niños a ser reconocidos y reconocer al otro dentro de unos límites que implican respeto para todos. En palabras de Jane Nelsen (2007) es aprender a escoger juntos las reglas que nos benefician mutuamente para la convivencia, pero también, es escoger juntos las soluciones más provechosas para todos los casos donde se presenten situaciones problema por resolver.

Gracias a los títeres vamos dando pautas de disciplina con amor, de firmeza con dignidad y de respeto en la convivencia, a partir de ejemplos cotidianos, que les permiten reflejar y contextualizar sus propias vivencias y adaptarse a las exigencias de su grupo.

¿Por qué los títeres para desarrollar una pedagogía del amor?

Con los títeres se busca una herramienta perdurable en la memoria de los niños, sirven como excusa para vivenciar una verdadera educación para la paz, en la que, partir de experiencias dinámicas, se propicien los valores que les permitan descubrir la armonía consigo mismo, los demás, su contexto cultural y ambiental, construyendo, desde su aula, verdaderas redes de tejido social.

Con los títeres se genera una dinámica de grupo, en la que los niños son gestores de su propio proyecto en valores; así, a partir del lenguaje del amor, cada uno logra trabajar sus emociones desde las experiencias cotidianas relacionadas con sus tristezas, alegrías, rabias, temores… para desarrollar la convivencia social y fomentar el valor de la solidaridad y sentido de pertenencia con su familia, el colegio y la comunidad.

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Con las historias, cuentos, fábulas y leyendas que los títeres narran, los niños conocen los conflictos de otros, que irán transfiriendo a sus propias experiencias, lo cual les permite gestionar positivamente los propios, y de la mano del docente se elaboran nuevas historias que incluyen sus problemáticas acompañadas de sus posibles soluciones, motivando no solo el placer de la lectura sino, a la vez, rescatando la cultura y armonía social.

Es importante mencionar que, adicional al trabajo con cuentos, dentro del aula existe un buzón de los conflictos, en el cual los niños, a través de dibujos manifiestan situaciones difíciles que han observado o que han generado malestar en el transcurso de la semana, con ayuda de la maestra se escribe la situación dibujada, y en el siguiente taller de animación a la lectura se trata de armar el nuevo libreto o historia a partir de esa situación, y esta se presentará la siguiente semana. Así mismo, se escogen los niños que la representarán y cada quien va organizando su títere y su papel en la obra.

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Los títeres permiten respetar la individualidad, hacen olvidar las comparaciones, evitan sentimientos de superioridad, ya que los protagonistas, aparentemente, no son los niños sino los muñecos e historias creados por todos, por tanto, vamos elevando la autoestima y confianza de los estudiantes, ya que toda la actividad gira alrededor de sus gustos, necesidades y propuestas.

Para hablar de pedagogía del amor en nuestra aula, debemos reconocer las habilidades y fortalezas de cada uno de los estudiantes, así como las debilidades y limitantes de los mismos, para potenciar habilidades y generar experiencias de éxito, tranquilidad, gozo, satisfacción y felicidad. Es necesario proporcionar dosis de estímulo, aliento y motivación para enfrentar aquellas situaciones que les generan miedos.

Una pedagogía del amor, nos pide saber escuchar, más que dar respuestas, saber valorar y rescatar la importancia y trascendencia que para ellos tiene cada situación vivida. Este espacio se va convirtiendo para ellos en su refugio personal, donde saben que encontrarán un ambiente cálido, de tranquilidad y confianza para expresar sin temor todos sus interrogantes. Es una invitación a meternos en sus emociones sin frenar sus experiencias.

Por otro lado, cuando se requiera dar respuestas a los niños, estas no deben ser rebuscadas, simplemente debemos ser sinceros, invitarlos a reflexionar sobre sus emociones, buscar la colaboración de todos para llegar a las posibles soluciones de los conflictos, educar y enseñar a pensar y a pensarse por medio del reconocerse, de la reflexión, del aceptar los errores y aprender de ellos para ser cada día mejores.

Al trabajar con la pedagogía del amor, estamos llamados a reconocer los intereses y necesidades de cada estudiante, atender sus problemáticas, tratar de entender qué piensan, qué les gusta, qué sienten, por qué se ponen tristes, entender qué hay debajo de cada una de sus inexpresiones, es, sencillamente, ir más allá de lo obvio.

Es innegable que somos responsables de los mensajes internos que llegan a nuestros niños, de ahí la importancia de dar espacio en la clase para el ocio y el tiempo libre, no hacer nada, espacio para sentarnos a pensar en sueños, gustos y disgustos, para aprender a controlar emociones y relacionarse mejor, de la mano de nuestro ejemplo de equilibrio emocional y manejo de las situaciones.

El amor debe darnos las herramientas que permitan llevar a los niños a reflexionar sobre lo que pasó en situaciones de tensión, a pensar cómo fueron las reacciones y emociones. Los docentes somos quienes guiamos el proceso, para ello, podemos valernos de preguntas sencillas, como por ejemplo: ¿Cómo crees que podemos solucionar…? ¿Qué crees que esperan que hagas…? Los niños deben llegar a alternativas de solución no impuestas sino cargadas de significado y sentido para ellos.

Los títeres, permiten valernos de la pedagogía del amor para dar solución a los pequeños conflictos que el día a día trae a los niños, arriesgarse a cambiar los paradigmas tradicionales educativos nos permite asumir un papel realmente activo en su formación, vale la pena comprometernos con ellos y por ellos, vale la pena verlos detrás del escenario demostrando cuan valientes pueden llegar a ser.

Conclusiones

Educar en el amor, es la base de todo proceso educativo, el amor nos permite abrir los espacios para el diálogo reflexivo, en un ambiente de respeto y armonía en el que se valora la diferencia, se hace verdadera convivencia democrática en contextos de respeto, solidaridad y honestidad.

Es indiscutible que para educar en el amor, se debe fortalecer la formación integral de los estudiantes, se hace necesario crear ambientes que den la oportunidad a todos para expresarse, sentir, razonar, equivocarse, construir y reconstruir; donde cuerpo, espíritu, sentidos, inteligencia, corazón, carácter, se forman como uno solo.

Estamos ante la necesidad de “promover un nuevo tipo de educación, la cual deberá dar la pauta para favorecer el desarrollo integral y global del educando, dejar a un lado las actitudes autoritarias y violentas de parte de los actores educativos… (Espino, R., 2011) dando la oportunidad a los estudiantes de ser protagonistas de su propio proceso de aprendizaje.

Cuando vemos a los estudiantes desde una perspectiva integral, dejamos de lado las comparaciones, evitamos las competencias que generan malestar y decepción entre ellos, se potencian habilidades.

Enseñar desde una visión holística, implica tener en cuenta que:

  • Los estudiantes tienen diversos niveles de desarrollo los cuales deben ser entendidos en cada una de sus dimensiones por parte de los docentes para adaptar los planes de estudio a las necesidades propias de cada nivel o grado académico.
  • El sistema educativo debe ser un complemento de experiencias cognitivas, creativas, corporales y comunicativas, que vayan más allá del proceso memorístico.
  • Con el ejemplo, el respeto, la responsabilidad y la honestidad como pilares del sistema de valores, debe fomentarse una cultura con criterio moral y ético que dé a los estudiantes las herramientas básicas que les hagan capaces de discernir entre lo que es pertinente para su bienestar y lo que no lo es.

Para finalizar, queremos invitar a padres, maestros y terapeutas a utilizar los títeres como herramienta en la construcción de espacios de reflexión y respeto por la diferencia e individualidad, ya que estos universos fantásticos, permiten la construcción de un mundo mejor, posible en nuestra cotidianidad, sencillamente porque cuando educamos en el amor, nuestra esencia y condición humana se hacen presentes.

Bibliografía

EDUCAPAZ. (s.f.). “Por una cultura de paz para los niños de América Latina”. Fundación Comparte España. Documento recuperado de internet www.comparte.org/docs/educapaz.doc

Espino, R. (2011). Educación holística. Revista Iberoamericana de Educación. Recuperado el 12 de octubre de 2011.

Martínez, M. (2009). Dimensiones básicas de un desarrollo humano integral. Revista de la universidad Bolivariana. v. 8 No. 23. Caracas.

Nelsen, J. (2007). Disciplina con Amor. Bogotá: Editorial Planeta.

La autora

Nací en Cúcuta, crecí en un ambiente con olor a guayaba, con muchos primos en el solar de la abuela, soñé ser bailarina, hoy soy Educadora Especial, he enseñado toda mi vida, amo mi profesión, por ello, cuando a diario entro a mi salón de clase me siento afortunada y bendecida. E – mail: anpabas@hotmail.com

Tomado de Revista Internacional Magisterio No. 59

Foto de Manuel. Tomada de Flickr