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Consciencia y alimentación.

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Descripción

¿Qué es lo que me ha llevado a sacarme el máster como Health Coach siendo
traductora?
Muchas personas que conocen mi faceta de Health Coach se sorprenden cuando les
cuento que también soy traductora. Y me preguntan: “¿Y por qué te complicas
sacándote un máster en Health Coach teniendo un sueldo fijo de traductora?”
Porque me encanta crecer y aprender, para así poder ayudar mejor a las personas.
Antes que nada te diré por qué me saqué las oposiciones para entrar a trabajar como
traductora del estado.
Pero vayamos un poco más atrás todavía. Primero te contaré cuál ha sido mi trayecto
desde mi infancia.
Nací en Alemania y a los dos años a mi padre, que trabajaba en una empresa
multinacional, le ofrecieron trabajar en un proyecto en Perillo (Galicia). Es fue mi
primera mudanza a los dos añitos. Allí estuvimos mi padre, mi madre, mi hermano
mayor y yo hasta que yo tenía 5 años. Luego a mi padre le trasladaron a Madrid. Allí
pasé toda mi infancia en un piso situado en el Soto de La Moraleja. Por aquel entonces
la empresa en la que trabajaba mi padre, con sede principal en Alemania, nos pagaban
el alquiler del piso. Por lo que me crié en una urbanización con piscina y pista de tenis
y desde 1º de EGB hasta COU estuve en el Colegio Alemán de Madrid.
Por cierto, sólo como anécdota, el piso en el que vivíamos, se lo alquilábamos a los
Marichalar y tenían una perra de raza setter irlandés que se llamaba Nescafé. Cuando
tuvo varios cachorritos, nos regalaron uno a nosotros y lo llamamos Köby. Recuerdo a
la familia Marichalar con cariño.
¿Todo apunta a que tuve una infancia perfecta verdad? Si no fuera porque mis padres
se divorciaron cuando yo tenía unos 11 años y mi madre se fue a vivir a Alemania,
quedándome toda mi adolescencia viviendo con mi padre y mi hermano.
Todavía recuerdo cuando mi madre se fue de casa: Tengo la escena grabada en mi
mente como si yo me encontrara de espectadora encima de la escena. Veo a una niña
(yo) de pie delante de mi madre que está de cuclillas cogiéndome de las manos. Yo
estoy petrificada cuando mi madre me dice que se va a ir a vivir a Alemania.
Luego cambia la perspectiva y veo lo siguiente desde mis ojos de niña. Veo a mi padre
queriendo hablar con mi madre cuando ya está a punto de entrar en el ascensor. Mi
madre se va sin volver a mirarme, si no a mi padre diciéndole con llantos: “¡Me has
quitado a mis hijos!”…y se va.
Durante los siguientes 6 años ya sólo veía a mi madre en dos o tres ocasiones al año. Se
convirtió en una extraña para mí.

Al poco de irse a vivir mi madre, quizás unos meses más tarde, mi profesor de kárate
abusó de mí. Con mi mente de niña de unos 11maños, me quedé en estado de shock
porque la persona en la que confiaba, un hombre adulto que me estaba enseñando el
kárate aprovechó el hecho de que yo llegara antes de tiempo para “meterme mano” y
“morrearme”. Y desde mi punto de vista de una niña no me atreví a contárselo a mi
padre hasta aproximadamente medio año después.
¿Por qué no lo hice antes? Porque pensaba que mi “papá” se pondría tan furioso al
saber lo que le habían hecho a su niña, que seguro que querría pegarle. Y yo pensé que
el profesor de kárate seguro que era más fuerte que mi “papá” y le pegaría de vuelta.
Cuando por fin me atreví a decírselo a mi papi, estaba convencida de que me abrazaría
y me diría que todo estaría bien…pero no. No fue así. No me creyó.
Estaba de pie al lado de mi cama, junto a mi hermano y yo estaba tumbada en la cama.
Ambos me miraron incrédulos cuando se lo conté. Hasta tal punto que cuando al cabo
de unos días el profesor de kárate (también era el de mi hermano) hizo una fiesta de
despedida de final de temporada y me plantó un beso en toda la boca delante del resto
de niños, mi hermano empezó a reírse.
Y otros días más tarde, cuando el profesor de kárate nos invitó a una fiesta en su casa,
mi padre nos dijo a mi hermano y a mí que fuéramos.
Me negué.

Dicen que cuando pasas por situaciones traumáticas en tu vida, es como si se
desprendiera una parte de tu alma de ti y que para recuperarla tienes que hacer un gran
trabajo interno.
Pasé el resto de mi adolescencia entre dos hombres (mi padre y mi hermano), fumando
tabaco desde los 14 y bebiendo alcohol en exceso los fines de semana.
La relación con mi hermano siempre había sido muy tensa, por no decir abusiva por su
parte, siempre me había tenido celos. Toda mi vida había intentado caerle bien a él y a
mi padre y realmente a todo el mundo, para que alguien me diera cariño. No recuerdo
un abrazo por parte de nadie de mi familia.
El resultado fue que no aprendí a gestionar mis emociones, me refugiaba en la comida
y me convertí en una adolescente “gordita” a la que hacían bullying, hasta que en sexto
de EGB finalmente me cambiaron de clase. Nunca fui parte de un grupo, siempre tenía
una sola amiga que al final se apartaba de mí.
A los 17 años (mi hermano que durante los últimos años siempre había estado
abusando de mi confianza y hablando mal de mí cuando podía, ya hacía un año que
vivía en Alemania con mi madre) hice COU, viviendo los últimos 5 meses del curso en
casa de unos amigos de mis padres a 30 km de Madrid, porque a mi padre le había

salido una oferta de trabajo en México y me quedé sola en España sacándome el
bachillerato.
Luego me tocó ir a vivir con mi madre (que se había convertido en una extraña para
mí) y mi hermano en Alemania, donde me saqué una FP y una licenciatura en
traducción.
Durante mis estudios finalmente salió a la luz todo el dolor emocional que había estado
guardando durante tantos años en forma de un trastorno alimenticio. Pasaba de
anorexia a bulimia y de bulimia a anorexia. Mis padres no me tomaron en serio o no
sabían cómo ayudarme, hasta que yo misma decidí auto-ingresarme en un centro para
trastornos alimenticios. Se trataba de una clínica a la que asistí un verano durante 8
semanas entre semana y los fines de semana volvía a casa.
Recuerdo haberle dicho a los 20 años a mi padre que por qué no hizo nada en su día
cuando le dije que el profesor de kárate había abusado de mí y su respuesta fue la
siguiente:

“No me acuerdo.”

El resultado fue una sarta de reproches por parte de mi abuela paterna diciéndome que
cómo le podía hacer eso a mi padre, de acusarle de tal cosa.
Consecuencia: bulimia, anorexia y la imperiosa necesidad de caerle bien a todo el
mundo y que me quisieran, justificándome y dando explicaciones por todo.
Otra consecuencia eran relaciones desastrosas con los hombres digamos que hasta hace
poco a mis más de 40 años.
Gracias a la persona con la que estoy ahora he recuperado mi confianza en los
hombres. Me hace sentir querida y que me acepta tal y como soy. Es mi amigo,
confidente, amante, compañero y consejero. Finalmente he encontrado mi media
naranja. Gracias por estar a mi lado.
Se salva también un poco el padre de mi hijo, porque gracias a él tengo un hijo
maravilloso.
Le conocí en 2001, entretanto yo había acabado mis estudios, había vuelto a Madrid y
me había puesto a trabajar en la embajada alemana.
Fue durante un viaje con el equipo de triatlón (suerte que el deporte siempre me había
llamado la atención y eso hizo que me mantuviera “cuerda” durante todos estos años) a
Águilas (Murcia). Después de haber hecho un triatlón, distancia olímpica, que consistía
en 1500 metros nadando, 40 km en bici y 10 corriendo, por la noche había una cena
con entrega de premios. Y allí nos conocimos.

En menos de 3 meses había dejado mi trabajo en la embajada alemana de Madrid y me
fui a vivir a Blanes la Costa Brava con el que sería el padre de mi hijo. Allí comencé a
trabajar como traductora e intérprete de alemán, inglés, francés, castellano y catalán
para una empresa que tenía adjudicada las traducciones para los juzgados y la policía.
Después de 6 años decidí sacarme las oposiciones como traductora oficial del estado.
Sin haber hablado catalán en mi vida hasta los 26 años que llegué a Blanes, en 2007 me
había sacado el nivel C de catalán (el máximo nivel es el D), que me saqué en el año
2009, además del nivel jurídico.
Es decir que parte de las oposiciones las hice también en catalán. Me acuerdo que el
padre de mi hijo me decía: “Recuerda que vas ‘a probar’, yo las oposiciones de
bombero me las saqué a la segunda” y yo le decía: “No, voy a ‘aprobar’”.

Y aprobé.

Acabé graduándome como la número 16 de 1550, habiéndose presentado más de 7500
personas a la primera parte del examen. Lo podía haber hecho mejor y quedarme entre
las 10 primeras personas, sí. Pero no lo hice porque mi mejor amiga estuvo a punto de
morir mientras yo estaba estudiando y el padre de mi hijo y yo estuvimos a punto de
separarnos.
Nos acabamos separando en 2012, cuando nuestro hijo apenas tenía apenas 14 meses.
Mi comienzo como traductora oficial fue del todo entusiasta, ingenua y siendo
demasiado confiada. A lo largo de los años y de más desengaños aprendí a que es
mejor no contarle tu vida privada a nadie y menos a tus compañeros de trabajo.
Es más, viví en mi propia piel lo que es no tan solo la doble victimización, sino la triple
y cuádruple, cuando decidí denunciar por maltrato psicológico a una de las parejas con
las que estuve. Sentía miedo de este hombre. Jamás me habían puesto tan en duda y me
habían insultado. Era un continuo. Hasta que me atreví a denunciarlo.

Y fue lo peor que pude hacer.

Al igual que cuando tuve el valor de contarle a mi padre lo que me había hecho el
profesor de karate, en su momento estaba convencida de que me creería (de hecho
jamás me habría podido imaginar que no lo hiciera)…al igual que entonces, mis
superiores, compañeros, abogado defensor, jueces…no me creyeron. Fue un
aprendizaje muy duro para mí. Y la pareja que tuve después no hizo más que agravarlo
teniendo celos de ese hombre, por sus propias inseguridades y complejos de
inferioridad, a pesar de ser médico. ¿Quién lo iba a decir?
Realmente el título y la educación no tienen nada que ver con el carácter de una

persona.

He estado con un bombero, un cirujano, un empresario que facturaba 2 millones de
euros al año, un ginecólogo y jefe de obstetricia…y he llegado a la conclusión de que la
educación y formación no tiene nada que ver con el hecho de que un hombre respete a
una mujer.
Seguimos viviendo en una sociedad en la que a los hombres les dan miedo las mujeres
emprendedoras y seguras de sí mismas. Por lo que todas las relaciones acababan igual:
me acababa marchando porque a lo largo de mi vida he aprendido a quererme,
cuidarme y valorarme.

Si no te quieres tú, no lo hará nadie por ti.

Se acabó el dar explicaciones por todo y justificarse o pretender gustarle a todo el
mundo. Ya no dependo de los inputs de cariño que me vienen de fuera. Dependo del
amor que me doy a mí misma, cuidando los distintos niveles de mi ser: el físico,
intelectual, emocional, el de la lógica y de la consciencia.
A día de hoy, todo lo que me ocurre lo paso por el tamiz de la lógica y me pregunto:
“¿Qué debo aprender de esta situación? ¿Para qué me está pasando?”
Porque ahora sé que todo lo que me ha ocurrido en mi vida y me sigue ocurriendo es
para mi evolución y aprendizaje.
Yo escogí este camino cuando llegué a este plano.
Por cierto, a día de hoy me he reconciliado con mis padres.

Por lo tanto doy gracias por todo lo que me ocurre.

Hoy en día estoy rodeada de gente maravillosa, que me quiere, al igual que me quiero
yo a mí.
Doy conferencias, soy madre, escritora, coach, traductora en congresos sobre física
cuántica, metafísica y consciencia para más de mil personas…
¿Te parece mucho y te da estrés nada más leerlo?
A mí…me encanta.
Me siento plena y que todo mi potencial - después de tantos años de estar rodeada de
personas que no me querían dejar crecer y cortarme las alas - por fin se está

desplegando y creciendo de forma exponencial

Soy de la generación X. Los de la generación X somos los nacidos entre el año 1965 y
el 1979.

Somos de esas generaciones multitarea que sabemos hacer varias cosas a la vez y que
cuando no nos das alicientes podemos convertirnos en personas con falta de aliciente.
Las personas de mi generación y sobre todo las que vienen después necesitamos que
nos motiven, que crean en nosotros y en nuestras posibilidades.
Y los de mi generación y las de antes tenemos que adaptarnos a esas generaciones
venideras que ya nacen con la tecnología integrada en su ser. Tenemos que darles
alicientes y adaptarnos a sus posibilidades de multitarea, si no queremos que la
generación NI-NI aumente más todavía y se vaya generando una generación de jóvenes
multitalento depresivos y con problemas personales y en la sociedad.
Esta aportación sobre las generaciones está inspirada en una conferencia que traduje
para Milena, una persona muy evolucionada y con muchísima consciencia.

Soy multitarea, polifacética y políglota.

Y esto es solo el principio.
Y las personas que no me aportan nada, las aparto de mi vida o se van solas.
Estoy profundamente agradecida por haberme sacado el máster como Health Coach, y
así poder servir a personas que hayan pasado o estén pasando por situaciones de
ansiedad y trastornos alimenticios.
Además, hice un proyecto hace unos meses con el que doy herramientas para ayudar a
las personas que de alguna manera están fuera del sistema para volver a sentirse útiles y
facilitarles el camino de vuelta a la sociedad.
Este proyecto se lo he presentado a mi jefe, al jefe de una ONG, al ahora alcalde de la
ciudad en la que vivo, a un teniente coronel del ministerio de defensa…
Y he podido ver que la sociedad todavía no está preparada, me dicen que voy
“avanzada en el tiempo”. Y probablemente también lo esté con este libro que he
escrito en el que explico la importancia de la alimentación primaria para gozar de una
vida plena, equilibrada y un bienestar integral.
Estoy convencida de que algún día todas las semillas que estoy plantando de forma
consciente desde hace más de cinco años darán sus frutos más pronto de lo que me lo
imagino.
Este año he estado haciendo un programa de radio de tres meses con emisiones diarias
sobre consejos de salud y en actualmente estoy haciendo otro en varios idiomas sobre
temas de consciencia, salud y medioambiente.

Después de los dos últimos años de duro aprendizaje, pero también maravilloso
crecimiento personal, coraje, fortaleza, autoconfianza y amor propio, hoy puedo decir
que estoy muy orgullosa de ser traductora y también Health Coach.
Y ayudaré a quien me lo pida, siempre que esa persona esté preparada y tenga
voluntad para hacer cambios positivos y duraderos en su estilo de vida.
Otro punto importante para mi cada vez mayor confianza en mí misma, habiendo
recuperado esas partes de mi alma que en su día perdí, o dicho con otras palabras,
habiendo trascendido e integrado los aprendizajes que la vida me da, es el hecho de que
cada día medito leyendo un libro realmente maravilloso que abre capas de consciencia
a medida que lo lees. Te genera una sanación a nivel consciente, inconsciente,
subconsciente y supraconsciente que me da una maravillosa fortaleza para poder
integrar todos esos aprendizajes que me quedan por hacer.
Gracias de corazón por todo lo que me ha pasado y me sigue pasando, por todas las
oportunidades que se me presentan para finalmente lograr mi sueño.
Porque gracias a todas mis vivencias y mi experiencia puedo empatizar con todas las
personas que hayan pasado por lo mismo que yo o lo estén pasando ahora mismo.
¿Quién mejor para meterse en la piel del otro, sino una persona que haya pasado por lo
mismo y haya logrado salir de esa situación, trascenderla y crecer gracias a ella?
¿Por qué te cuento todo esto? Porque no importa de dónde vengas o lo que te haya
ocurrido en el pasado. Tu bienestar y tus posibilidades de crecimiento se encuentran
en el Aquí y el Ahora para ir hacia un futuro brillante en el que se cumplan tus

sueños.

GRACIAS A TODAS LAS PERSONAS QUE PERMANECÉIS A MI LADO Y

CREÉIS EN MI. GRACIAS CARIÑO

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Detalles del libro
ISBN:

978-84-120402-9-6

Número de edición:

Primera

Fecha de edición:

01/02/2020

Número de páginas:

174

Dimensiones:

150 mm x 210 mm x 150 mm