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El poder transformador de los educadores

Por Teodoro Pérez Pérez
Magisterio
15/11/2019 - 11:30
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Desde sus inicios en el siglo XVIII, la escuela pública fue asumida como un mecanismo de reproducción social y cultural para asegurar la conservación del sistema social y para dotar de trabajadores más idóneos a los sectores productivos. Althusser (1970) planteó que la escuela es uno de los aparatos ideológicos del estado, cuya finalidad es la reproducción y conservación de la estructura social de clases. Esta función se asegura con el control del sistema educativo desde las instancias estatales, lo cual explica por qué desde algunas corrientes del pensamiento político, las reivindicaciones de cambio social pasen necesariamente por la conquista del poder político para desde allí generar las transformaciones estructurales que darán origen a la nueva sociedad. 

Olvida que, si bien como individuos los seres humanos somos producto del sistema social, a su vez el sistema social es producto nuestro según como se vaya constituyendo la cotidianidad en los diversos y múltiples espacios de interacción.   

Esta perspectiva centra la capacidad de cambio en las macros trasformaciones estructurales, y no hace ningún reconocimiento del poder de la acción individual y de los pequeños grupos para generar cambios sociales. Olvida que, si bien como individuos los seres humanos somos producto del sistema social, a su vez el sistema social es producto nuestro según como se vaya constituyendo la cotidianidad en los diversos y múltiples espacios de interacción.  

Como se dijo atrás, la educación por sí misma no puede cambiar a la sociedad, pero no hay cambios sociales efectivos si no se implica a la educación en ellos. Por ello, buena parte de lo que ocurra en el futuro del país depende de lo que hagamos o no los educadores. Esta afirmación no pretende, en absoluto, culpabilizar a los docentes sobre nada en particular, sino resaltar el enorme potencial que tiene la escuela y los educadores como agentes de  cambio. En este sentido el docente puede limitarse a ser un aplicador de políticas y prácticas diseñadas por otros para mantener el estado de cosas y hacer la educación funcional al mercado y al sector productivo, o hacerse cargo de su poder transformador y actuar en consecuencia para que los estudiantes aprehendan en el espacio escolar los valores, emocionalidad y formas de relación propios de la convivencia armónica.  

+Lea: Políticas de formación docente e investigación educativa

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Ejercitar su poder transformador requiere que el docente amplíe su capacidad de acción en los espacios escolares, de modo que complemente la labor de transmisión de conocimientos disciplinares –que es una tarea específica al campo de formación profesional como docente, ya sea en matemáticas, química, inglés, español, física, etc.– para asumir también una función formativa frente a los estudiantes en cuanto a su cosmovisión, a las formas de ver e interactuar en los entornos social y natural –que es una tarea transversal que compete a todos los educadores sin distingo del área disciplinar en la que se desempeñen.  

Título: El poder transformador de los educadores. Reflexiones y herramientas para cultivarlo. Autor: Teodoro Pérez Pérez. pp. 30-31 

Foto de Pixabay